SIGUE LA CRUZADA ANTIEDUCATIVA

Te cierro la nocturna

A fin de año, el Gobierno porteño decidió generar otro conflicto innecesario en la comunidad educativa con el cierre intempestivo de 14 comerciales nocturnos. Un golpe a la clase baja en lo peor de la crisis.

Werner Pertot


La idea, parece ser, es no dejar nada por romper. Por lo menos, en materia educativa. Primero fue la pelea con los estudiantes por el proyecto de Secundarias del Futuro que incluía el trabajo gratis en quinto año, le siguió la batalla con los docentes por la paritaria (que nunca cerró) y también por los Institutos de Formación docente con la creación de la UNICABA. La cosa no terminó ahí, el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta decidió enfrentarse nuevamente a la comunidad educativa con el cierre de cursos en el Jardín del Ramos Mejía, una medida inentendible en un contexto en el que faltan escuelas -especialmente jardines- y miles de vacantes. Le siguió la pelea con toda la comunidad (docentes, estudiantes, autoridades) de los Institutos de Formación Técnica Superior. Por no mencionar el cierre de hospitales. Para coronar este año de medidas unilaterales, peleas con docentes, madres y padres, no podía faltar una decisión que impacta directamente sobre las clases bajas, ya golpeadas por el ajuste y la recesión: el cierre de cursos nocturnos que anunciaron el viernes pasado. Y que implica, con el paso del tiempo, la eliminación lisa y llana de 14 comerciales nocturnos. Esto puede llevar a que no empiece el ciclo lectivo 2019. Un éxito detrás de otro.

La decisión del cierre de cursos en 23 escuelas nocturnas comenzó como todos los otros conflictos: de forma intempestiva, sin consulta, unilateralmente y –hay que agregarle en este caso- cuando las clases ya prácticamente terminaron y los trabajadores de la educación querían descansar en las fiestas. Según contó en FM Futurock la rectora del comercial 12 de Lugano, Silvia Galati, a todas las autoridades de esas escuelas les llegó un correo electrónico el jueves pasado convocándolos urgente a una reunión el viernes (es decir, al día siguiente). Ya de por sí el cierre de una escuela es una medida destructiva. Resolverlo y comunicarlo de esta manera no hace más que multiplicar al cuadrado la violencia que se ejerce a toda la comunidad educativa. En efecto: en esa reunión les dijeron a las autoridades que iban a proceder a cerrar la inscripción para el año próximo de nuevas camadas en las nocturnas, de forma tal que una vez que se egresen las actuales alumnas y alumnos esos cursos cierren en forma definitiva. A los estudiantes actuales se los deja terminar, aunque con menos cursos. Un título devaluado.

Como argumento, sostuvieron que los programas son obsoletos (y Clarín se hizo eco de este argumento: informó que son de 1974), que muchas de las carreras que se cursan ya no se estudian más y que muchos cursos no tienen matrícula. Esto último, puntualizó la rectora del comercial 12, es falso: no hubo años en los que no tuvieran matrícula de estudiantes. Sobre el argumento de los programas desactualizados, Galati explicó que desde 2013 vienen reclamando y trabajando para que se los actualice. Y -si lo piensan- es muy de sentido común: si una escuela tiene planes de estudio desactualizados, lo que se busca es actualizarlos, no cerrarla. Es como arreglar un dolor de muelas de un escopetazo (bueno, mejor no le demos ideas a Patricia Bullrich). En 2015, recordó la rectora, habían logrado un compromiso para actualizar los planes. Ahora recurren al cierre.

No hay detrás de esto otra cosa que la lógica del ajuste. Al igual que en otros casos, la idea es recortar recursos como parte de la búsqueda generalizada de déficit cero, que también arrastra a la Ciudad. No es menor el dato de que decidan hacerlo sobre las nocturnas a las que, se sabe, recurren los sectores de clase baja, mayormente. Y se lo aplica en lo peor de la crisis económica. Nueva Ciudad registró algunas historias de estudiantes a los que se le hace imposible elegir otras opciones que no sean cursar de noche.

Desde el Ministerio de Educación, argumentan que tendrán a disposición otras opciones. Galati aclara –y es un punto importante- que eso puede ser posible para los mayores de 18. Pero los comerciales nocturnos también absorben estudiantes de 15 a 17 años. Esos adolescentes están quedando afuera. Desde el ministerio, también prometieron –como ocurre con los Institutos de Formación Docente- que este cierre de cursos no va a dejar a ningún docente sin trabajo.
Desde los gremios docentes no están muy convencidos: “Este avance brutal contra la escuela pública se suma a las políticas de reducción sistemática del presupuesto educativo y desescolarización que recorre desde los jardines maternales hasta los profesorados e institutos de educación técnica y superior. Miles de estudiantes serían marginados del derecho a la educación y cientos de docentes perderían su trabajo de no darse marcha atrás con esta resolución de ajuste educativo”, dijeron desde UTE-CTERA.

Los docentes y estudiantes, por supuesto, se movilizaron. La semana pasada hubo un paro docente –llamado también por ADEMyS, que ya está presentando un amparo por este tema- y puede que esta haya otro. Pero, además, el titular de UTE-CTERA, Eduardo López, advirtió que si esta medida no se revierte peligra el inicio de clases en 2019. La pelota, una vez más, está en la cancha de la ministra de Educación, Soledad Acuña, quien salió a decir que los que protestan eran docentes privilegiados que cobraban sin dar clase. No se pierdan, por favor, el contrapunto que tuvo la ministra con el periodista Nelson Castro. Aquí, cito solo un fragmento:

-¿Usted dio clases alguna vez en el aula?
-No, Nelson, no soy docente.
-Se nota. Solamente alguien que no es docente puede decir esto que dice usted.


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