OPINIÓN

A trabajar a la escuela

La polémica comenzó cuando se supo que parte de la reforma que propone el ministerio de Educación porteño incluye trabajar en empresas privadas en quinto año. Los documentos internos de la gestión PRO dicen que ocupará la mitad del último ciclo lectivo.

Werner Pertot

En la imagen de la portada del proyecto “Escuelas del Futuro” se ven niños y niñas jugando o aprendiendo con computadoras, pero también trabajando con unos pequeños engranajes de colores, que a veces terminan convertidos en robots. Así imaginan los macristas, según la ilustración oficial en la web del Ministerio de Educación nacional, que serán las escuelas del mañana. Hoy, mientras tanto, surge una nueva polémica en torno a la reforma educativa que plantea el programa porteño “Secundarias del futuro”. Ya hay colegios tomados y los gremios docentes salieron a cuestionar el proyecto de que en quinto año se destine la mitad del tiempo de cursada a que los adolescentes trabajen en una empresa privada.



El powerpoint que dio lugar a la polémica se dio a conocer esta semana (y en Nueva Ciudad lo publicamos para que lo puedan ver con sus propios ojos). Tiene una primera parte de diagnostico que incluye la idea de que se siguen dando “clase magistrales: docente imparte los conocimientos, sin consideración de la experiencia previa de los alumnos”, algo que los gremios docentes consideran lejano a la realidad actual de las aulas. También indican que si hay docentes que siguen usando metodologías viejas, el cambio no se va a producir en forma instantánea por poner eso en una resolución.

Otra de las propuestas es pasar de las calificaciones actuales a un sistema de créditos: por cuatrimestre, habrá que obtener 210 créditos, divididos en 60 para el área de ciencias sociales, 60 para ciencias exactas y otros 60 para el área de comunicación, además de 30 para asistencia, puntualidad y otras características evaluadas por el tutor. Curiosamente, el Ministerio de Educación nacional firmó un convenio por cinco millones de pesos con la Fundación Cimientos para que preste asistencia técnica y capacitación al Programa Nacional de Tutorías del secundario. En lugar de las universidades nacionales, los macristas prefiero esta ONG que es presidida por Miguel Blaquier (cuyo apellido seguramente te suene, avezada lectora o lector): fue abogado de la empresa Ledesma, la misma que fue acusada por su complicidad con las desapariciones en dictadura. La Fundación Cimientos tiene como socios a bancos (HSBC, Galicia, Supervielle), financieras (JP Morgan), compañías de seguros (Zurich) y empresas multinacionales como Exxon y Coca Cola. Según el licenciado en Ciencias de la Educación Gabriel Brener, la Fundación Cimientos también fue parte de los que armaron el proyecto de “Secundarias del Futuro”. Es decir que una ONG vinculada al sector financiero y comercial está metiendo los dedos en cómo se educarán nuestras hijas e hijos.

La novedad no debería sorprender. Hace más de un año, la ministra de Educación porteña, Soledad Acuña, me dijo en un reportaje: “A algunos sectores de la oposición les genera picazón que trabajemos con el sector privado. Hay una confusión ideológica de que trabajar con el sector privado es hacer negocios”. Clarito, ¿no?

Volvamos al Powerpoint. Otra característica negativa que señala el documento interno del Ministerio de Educación es que hoy los estudiantes reciben una “formación generalista, alejada de las necesidades del mercado laboral actual”. El powerpoint señala dos argumentos que suele repetir Acuña: el 50 por ciento de los trabajos actuales va a desaparecer y los niños de hoy trabajarán de cosas que no existen. Un 65 por ciento tendrá tipos de trabajos que aún no fueron creados. ¿Cuál es la fuente de esos porcentajes? “Snoop Consulting”, dice el powerpoint. Se trata de una empresa de asesoramiento tecnológico dirigida por Gustavo Guaragna, que en su tiempo libre, además, es prestidigitador (o mago, como le gusta llamarse).

En el documento, se plantea como objetivo crear un nuevo tipo de estudiante “emprendedor”. Para eso, la secundaria se dividirá en tres ciclos: uno básico de dos años, otro orientado de dos años y el quinto año será un “año integrador y formativo más allá de la escuela”. Aquí es donde surgió la polémica.

Porque para ese último año, el documento plantea lo siguiente:



Por si no se lee: “En el último año: el 50% del tiempo escolar destinado a la aplicación de los aprendizajes en empresas y organizaciones según talentos e intereses de cada alumno y 50% del tiempo escolar destinado al desarrollo de habilidades y proyectos relacionados al emprendedurismo”.

Si, leyeron bien: de todo el tiempo destinado a quinto año, la mitad lo pasarán dentro de una empresa privada. Y la otra mitad, destinados a aprender sobre “emprendedurismo”. Luego, en conversaciones con los gremios docentes, desde el ministerio de Educación salieron a matizar esta idea: dijeron que no será la mitad del tiempo, solo una parte. Pero el documento oficial no dice eso.  Tampoco aclara, por ejemplo, si ese trabajo lo harán gratis o cobrarán algún tipo de remuneración, como la vieja “asignación estímulo” de las pasantías de los años noventa, que eran poco más que trabajo en negro legalizado.

Esta reforma está pensada para aplicarse a 85 mil alumnos de las 143 escuelas secundarias (78 escuelas medias, 13 artísticas, 38 técnicas y 14 normales). Ya hay un cronograma de implementación de este plan: para el año próximo, se espera hacer la prueba piloto en 17 escuelas. Y se irán sumando otras 42 escuelas por año hasta 2021.

El gremio docente UTE-CTERA fue de los primeros en expresar su rechazo y consideró que se trata de “un retroceso para la educación pública ya que promueve las viejas políticas de flexibilización de los años ’90”.  “Esta reforma inconsulta y compulsiva pone en riesgo los puestos de trabajo de muchos docentes, y propone un perfil de egresados de la escuela secundaria funcional a las necesidades y requerimientos empresariales de mano de obra barata y sujetos acríticos. Además, elimina el 5to. Año de la escuela media y lo transforma en una suerte de pasantía en las empresas”, advirtieron. A las protestas de los gremios, se sumaron los estudiantes que ya tomaron la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano y el Liceo 9.

Les salió el cruce la ministra Acuña: “Estamos convencidos de que es necesario reformar la escuela secundaria porque no acompaña, como institución, los cambios que se están haciendo en esta era de lo analógico a lo digital. Las transformaciones de los propios chicos, que son cableados en el siglo XXI y necesitan herramientas para cumplir sus sueños”, dijo. El problema es si son sus sueños o los sueños de los empresarios de Coca Cola o el JP Morgan.  

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