OPINIÓN

¿Larreta se olvidó de las villas?

La falta de agua, el crecimiento de casos de dengue y de coronavirus son las noticias que culminaron con la muerte de una vecina de la Villa 31. Y el GCBA admitió que frenó el descacharreo para abocarse al covid.

Werner Pertot


La acumulación de hechos hace sistema. La cantidad de casos de coronavirus en las villas de la Ciudad empiezan a crecer exponencialmente, al tiempo que las vecinas y vecinos siguen reclamando medidas contra el dengue, una enfermedad que sigue afectando de manera silenciosa. Un informe del Gobierno porteño reconoce que detuvieron las medidas contra el dengue, al tiempo que se declara “incompetente” en una causa judicial para garantizar el agua en la Villa 31 y le tiró el problema a Aysa. La ausencia de acceso a agua potable que se vive desde hace más de una semana imposibilita el combate de ambas enfermedades. Sobre el final, nos enteramos de la muerte de una vecina de la 31. La pregunta es qué se está haciendo realmente más allá del discurso del gobierno de Horacio Rodríguez Larreta sobre la preocupación que le producen los casos en las villas.

Ya se habla de 182 casos en las villas, que podrían trepar en forma exponencial. Están en estudio otros 64. Además, se confirmó la muerte de una mujer de 84 años que vivía en la Villa 31 junto a su hija (que sería la primera contagiada) y otras once personas. Toribia Balbuena estuvo internada en el Hospital Fernández y murió a causa del virus. Su marido, de 85 años, también fue contagiado y sigue internado. La organización La Poderosa advirtió que, contrario al discurso que difundió el Ministerio de Salud porteño, las autoridades no tenían ni los datos elementales de la familia, que tuvieron que pedirles a los responsables de la organización. En un comunicado, sostuvieron que Balbuena “no se murió, ¡la mataron de abandono! La mataron de desidia, la mataron de indiferencia, la mataron de mezquindad”. Y advirtieron sobre la lentitud extrema para responder ante los nuevos casos en las villas. De hecho, antes de esa muerte, La Poderosa estuvo toda la semana informando y alertando sobre el crecimiento de casos. "No leyeron, no escucharon, no respondieron, no reaccionaron: hace apenas diez días, tenían apenas 300 camas para 25 mil personas mayores que habitan la Ciudad en condiciones habitacionales infrahumanas”, remarcaron.

La primera víctima del coronavirus residente en una villa murió el 11 de abril. Era de la villa 1-11-14, que –junto con la 31- viene concentrando buena parte de los casos de coronavirus, aunque –según admitió el ministro de Salud, Fernán Quiros- hay casos en todas las villas. "Todas las villas de la Ciudad tienen al menos un caso confirmado de coronavirus", dijo el funcionario, que aseguró que se están tomando todas las medidas posibles en un contexto de hacinamiento que no permite a las clases populares aislarse como la clase media. Su discurso contrasta con lo que denuncian La Poderosa y otras organizaciones con presencia territorial.

Y también se da de patadas con la denuncia que se escuchó toda la semana por la falta de agua en las distintas villas, pero especialmente en la 31. La situación terminó teniendo ribetes judiciales cuando intervino el juez Osvaldo Otheguy para pedir informes al respecto. En esa causa, el Gobierno porteño se declaró “incompetente” para poner en marcha un plan de contingencia que llevara agua a todos los vecinos. Dijo que podían ampliar cuatro horas la asistencia que ya brindan con 10 camiones cisterna. Y eso es todo.

De más está decir que sin agua son nulas las posibilidades de cumplir con las dos medidas básicas: higienizarse constantemente ante el coronavirus y no acumular agua y prevenir el dengue. Esta última enfermedad ya presenta cinco mil casos en el territorio porteño. Para complicar las cosas, el Gobierno porteño admitió ante un pedido de informes del Observatorio de Derechos Humanos porteño que frenó las tareas de descacharrización por la pandemia del coronavirus. Es decir: se frenaron las acciones para combatir el dengue y se usó como argumento que había que cumplir el aislamiento para combatir el coronavirus. Ante las preguntas de los medios, el responsable del Gobierno porteño en la Villa 31, Diego Fernández, solo se ocupó de culpar a AYSA, que conduce Malena Galmarini. En el medio de todo esto, la titular de de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, repartió por partes iguales: les exigió a ambos que se hagan cargo de la situación.  “Larreta dejá de mentir, no pongas más plata en los canales para que no digan la verdad y hacete cargo del abandono y las muertes que puedan ocurrir en la Villa 31. Porque si siguen así van a morir, como pasa siempre, los niños y ancianos, y estos crímenes no se tapan con plata”, le arrojó al jefe de Gobierno.

La mayoría de los reclamos que se vienen observando en las villas vienen de hace muchos años. La pandemia solo los vuelve a poner a la luz en un contexto más dramático. Hace poco más de una década me tocó escribir sobre otro fallo para que le dieran agua a la villa 31. Era del juez Andrés Gallardo. En ese caso, el Gobierno  porteño –con Mauricio Macri a la cabeza- también se negó a proveer agua. No había coronavirus, ni crisis. Igual, se negaron, como están haciendo ahora en otra causa judicial. Hay políticas que no cambian.

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