QUÉ DICEN LOS MÉDICOS

"No es lógico que se invierta en semejante monstruo y hoy tengamos salas y quirófanos cerrados"

Profesionales de los distintos hospitales involucrados en el Complejo Hospitalario Sur explicaron por qué se oponen a la unificación que propone Larreta. Riesgos de contagio para los pacientes, temor a la pérdida de fuentes laborales, la política del vaciamiento y el fantasma del negociado inmobiliario.



Las comunidades de cinco hospitales porteños están en estado de alerta desde que, el mes pasado, trascendió que avanza un proyecto del oficialismo para crear el Complejo Hospitalario Sur, que implica la concentración de los hospitales Udaondo, Ferrer, Marie Curie y el Instituto de Rehabilitación Psicofísica (IREP), en el predio del Muñiz. La preocupación compartida por médicos, pacientes y familiares, y trabajadores en general, dio lugar a la organización de abrazos simbólicos, reclamos formales y presentaciones en la Legislatura. ¿Por qué el proyecto que impulsa Horacio Rodríguez Larreta -y que en su momento había impulsado Mauricio Macri, sin éxito- genera tanta oposición?

Algunas preocupaciones son compartidas entre el personal de todos los hospitales. Por caso, la incertidumbre ante la posibilidad de que la concentración de hospitales implique la pérdida de puestos laborales, así como las dudas sobre los objetivos de fondo del proyecto, con el fantasma siempre presente del negociado inmobiliario con los predios que quedarán disponibles, algunos de los cuales fueron donados exclusivamente para fines sanitarios.

Pero, además, la comunidad de cada institución alertó sobre riesgos puntuales que implicaría el traslado y unificación de hospitales. “Nuestros pacientes están inmunodeprimidos. Están más propensos a contagiarse cualquier cosa. Si los van a juntar con pacientes infecciosos, van a perjudicar su salud”, advirtió una de las trabajadoras del área de radioterapia del Marie Curie, donde la semana pasada hubo un masivo abrazo en defensa de la institución. Lo mismo advirtió a este medio Fabiana Demuro, médica y delegada del hospital María Ferrer: “Este hospital es monovalente respiratorio, es de riesgo biológico. Acá los pacientes están inmunodeprimidos a nivel pulmonar”, dijo sobre el riesgo que implica el contacto con otras patologías.

 En el mismo sentido Gabriela Piovano, médica infectóloga que trabaja en terapia intensiva del Hospital Muñiz hace 25 años, remarcó que “el traslado o la compactación de hospitales no beneficia a quien busca respuesta en estos hospitales monovalentes. Va a significar perder personal de laboratorio, quirófanos, camas de terapia, de internación. Ya dijeron que van a hacer habitaciones boxeadas, pero nosotros tenemos casos de tuberculosis multi resistente en el Muñiz que se transmitieron en la sala de espera, o sea que no tiene que ver solamente con dónde se aloje el paciente”.

“La gente del IREP preguntó si iba a haber estacionamiento suficiente para toda la gente con discapacidad que se moviliza en auto para ir a ese lugar. Nos preguntamos también qué pasaría con las cloacas y el resto de los servicios, qué pasaría mientras se hacen estas obras con nuestros pacientes –señaló Piovano- Nuestro lugar era en realidad un asilo o un lugar de descanso porque son pacientes que llevan mucho tiempo internados y salen a los patios, pero todo esto sería poblado por un montón de gente circulando y realmente no tiene sentido. No tiene un beneficio ni para el contribuyente, ni para el que se atiende, ni para la salud pública. Por eso lo rechazamos”.

Desde el IREP, en tanto, las preocupaciones no sólo tienen que ver con las condiciones de accesibilidad que tendrían sus pacientes en el nuevo complejo, sino también con la pérdida de facilidades organizadas en torno al actual edificio del instituto –en Núñez-, para comodidad de pacientes con distintas discapacidades. “Hay una cercanía de los lugares para hacer cualquier tipo de trámite que tenga que ver con discapacidad, trabajamos en línea directa con el Pirovano, el Fernández, la Facultad de Veterinaria para hacer equinoterapia, entre otros convenios con entidades cerca nuestro”, enumeró Juan Pablo Aguirre, trabajador del área administrativa. Y agregó: “No nos pueden mezclar con un hospital infeccioso. Tenemos pacientes postrados que se escaman y tienen heridas abiertas”. En esta institución, los trabajadores en asamblea elaboraron un manifiesto con sus explicaciones sobre el rechazo al traslado, que fue leído en el abrazo simbólico realizado este martes por la mañana.

POLÍTICA DE VACIAMIENTO

“El Tornú es un hospital de referencia en enfermedades respiratorias y tuberculosis. Y la realidad es que hace seis años tenemos la sala de internación de tuberculosis cerrada. Ahora se cerró otra sala de neumonología y hay falta de camas en clínica médica. Esto hace que un hospital de 180 camas tenga en funcionamiento sólo 100. Tres pabellones del hospital que están abastecidos con mangueras porque los caños están rotos. No tenemos endoscopía desde agosto del año pasado. Y unas cuantas cosas más”, alertó Gabriel Rosenstein, clínico y gastroenterólogo del Turnú, presente en la conferencia que trabajadores de la salud dieron en la Legislatura el lunes 14, para visibilizar su reclamo ante el proyecto de creación del Complejo Hospitalario Sur. “Por goteo, el Gobierno de la Ciudad está destruyendo todos los hospitales que serían de segundo nivel. O sea, no es un hospital de complejidad pero es un hospital que resuelve una patología sobre todo el tema tuberculosis que está aumentando en la ciudad de buenos aires. De alguna manera, el hospital se va deteriorando poco a poco, probablemente con alguna intencionalidad de usar después ese terreno”.

Así, el proyecto de unificación de cinco hospitales y un instituto se da en el marco de una situación de vaciamiento denunciada desde distintas instituciones sanitarias porteñas. Las falencias en cuanto al mantenimiento, por caso, quedaron en evidencia la semana pasada ante la caída de un ascensor en el hospital odontológico Dueñas. El año pasado, en tanto, un informe emitido en junio de 2017 por la Auditoría porteña que encabeza Cecilia Segura advertía sobre la situación de los hospitales porteños en relación a su mantenimiento. “La falta de una Planificación estratégica o un plan de prioridades de mantenimiento edilicio, implicó realizar mantenimiento correctivo. Los trabajos realizados fueron consecuencia de los pedidos solicitados por los Jefes de Servicio y responden a las exigencias mínimas para el normal desarrollo de las actividades”, señalaba el documento. Y alertaba que “no existen informes de la Dirección General de Recursos Físicos en Salud que permitan evaluar la eficacia y eficiencia de las tareas desarrolladas de limpieza y mantenimiento en cada uno de los efectores. Lo que representaría una herramienta vital para la toma de decisiones”.

En los hospitales que formarían parte del Complejo Sur se repite ese panorama, ahora analizado por los trabajadores como paso previo a la justificación para el cierre y la unificación. “Nadie quiere oponerse, porque nuestros hospitales necesitan una renovación de equipos, de salas, de sistemas para las terapias, de ventilación, etc. Pero no nos parece lógico que se invierta en semejante monstruo y hoy por ejemplo tengamos salas o quirófanos cerrados porque no hay aire acondicionado. Hay un achique permanente”, cuestionó Piovano, del Muñiz.

"Es una situación perversa, de ir desarmando de a poco los diferentes hospitales, tratando de achicar las prestaciones y justificar ese achique, porque si yo no tengo para trabajar, tampoco tengo estadísticas. Lo perverso es usar la disfuncionalidad de los hospitales que este mismo gobierno está generando. Hay mucha preocupación entre los trabajadores, porque hay cargos que no se reponen, equipos que no se arreglan, enfermeros que no se nombran y salas que se cierran”, expresó Rosenstein desde el Tornú.

En el hospital María Ferrer, en tanto, hay una situación distinta: entre los trabajadores llamó especialmente la atención la noticia del cierre y traslado, a poco de haber inaugurado la remodelación y renovación de un importante sector del hospital. “El Ferrer lo están remodelando hasta el segundo piso. Parece privado. Se renovó toda la terapia intermedia. Se inauguró hace un mes. Está bellísimo. Se gastó mucho dinero y están a punto de venderlo o tirarlo. Es tirar plata de los contribuyentes”, denunció Demuro. Al tiempo que manifestó su preocupación por los profesionales empleados en cada uno de los hospitales que se unificarían: “Dicen que es un hospital de 500 camas pero no sabemos. ¿Qué va a pasar con todos los empleados? Administrativos, camilleros, nutricionistas: hay muchas fuentes de trabajo y nadie garantiza que habrá para todos. Seguramente después van a hacer que cualquier agente de salud vaya rotando por distintos servicios y va a ser mano de obra barata que va a trabajar para los cinco hospitales”. Y sentenció: “Vienen por el achique”.

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