OPINIÓN

¿Otra vez con el Jardín del Ramos Mejía?

El jefe de Gobierno no ceja en su plan de cerrar el jardín maternal del Ramos Mejía. La semana pasada hubo un intento de mudanza sorpresa, que se frenó por la resistencia de las familias y las trabajadoras de la educación.

Werner Pertot


Hay ciertas cuestiones que forman parte del ADN del PRO a esta altura. Una de ellas es enfrentar conflictos educativos. En la Ciudad, hace ya tiempo que está instalado el reclamo por el derecho a las vacantes de niñas y niños, sobre todo del nivel inicial. Son miles los que se quedan sin vacantes todos los años por falta de escuelas. Una de las luchas emblemáticas en ese frente es la del jardín maternal del Ramos Mejía, al que el Gobierno porteño tiene la intención de mudar a otro edificio, que –en realidad- iba a contener un jardín nuevo. Si se traslada un jardín ya existente, las vacantes nuevas dejan de existir, lógicamente. O se reducen a un puñado. Además, las familias insisten con que el edificio en el que sigue estando el jardín está en condiciones para seguir funcionando. ¿Por qué, entonces, el estar empecinados en mudarlo?

La forma en la que intentaron hacer la mudanza la semana pasada fue lo que reactivó una vez más el reclamo. Un buen día les dijeron a las docentes que tenían una capacitación en Retiro. A las maestras les pareció raro que tan avanzado en el año las mandaran a hacer eso, pero fueron igual. Como diría un personaje de Star Wars, era una trampa. Cuando se fueron, cayeron empleados del Ministerio de Educación con un camión de mudanzas, rompieron candados de lockers y empezaron a apilar todo para llevárselo. Pero desde el hospital dieron la voz de alarma y comenzaron a llegar madres y madres, además de las legisladoras Lucía Cámpora y Maru Bielli, y la secretaria de Nivel Inicial de UTE-CTERA, María José Gutiérrez.

“Ayer mismo les habían dicho a las maestras que el traslado era en enero, pero hoy sacaron todo y lo apilaron en una sala para llevárselo”, contó la delegada de UTE. Las empleadas respondían a la secretaria de Inicial, Susana Basualdo, y cuando les dijeron que no podían hacer lo que estaban haciendo, respondieron con un sencillo: “Dejate de joder”.

Finalmente, se detuvo el desalojo y se acordó que se iniciaría una mesa de diálogo con las familias, en una instancia creada por el juez Marcelo López Alfonsín. Diálogo que hace tiempo viene faltando en el jardín del Ramos, por algo es que fueron al Poder Judicial con un amparo para que no se cierre el maternal. De hecho, el jardín tuvo una inspección judicial que determinó que está en condiciones de seguir funcionando.  A pesar de esto, los que intentaron hacer la inscripción on line para 2020 se encontraron con que el jardín figura en la dirección a la que pretenden mudarlo: Catamarca 342.

Esa dirección es la del jardín que están construyendo en la Manzana 66, donde el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, hizo una plaza a puro cemento. La creación de ese jardín y de la plaza fue una conquista de los vecinos, que resistieron la instalación de un estadio en esa manzana. Se prometió que el jardín aportaría vacantes al barrio, pero si se muda el del Ramos, en verdad el aporte será más bien nulo. (Hago un paréntesis: noten acá cómo funcionan las “promesas” del PRO, del espacio verde que pedían los vecinos terminamos con una plaza que es –insisto- más que nada cemento; del nuevo jardín que también reclamaban, a cerrar y mudar otro que está en el barrio.)

No hay una explicación clara de por qué dejar el edificio actual: la ministra de Educación, Soledad Acuña, aseguró que no es lo ideal que haya un jardín en un hospital, pese a que el predio está separado dentro de las instalaciones del hospital y tiene entrada independiente. El jardín, según cuentan los padres, necesita algunas reformas pero ni se inunda, ni está en una situación crítica. Y tiene calefacción al día.

Los recortes a ese jardín comenzaron con achicar el horario. Luego, las madres y padres tuvieron que pelear para que no se cerrara el lactario con el traslado que dispuso el Gobierno porteño. El nuevo jardín no contemplaba las salas anteriores a la de 3 (el jardín del Ramos tiene desde 45 días). Luego de varias idas y vueltas, el Gobierno porteño se comprometió a reinstalarlas. Pero a diez cuadras, lo que implica que el lactario deja de tener el sentido de que las trabajadoras del hospital puedan tener a sus hijas e hijos cerca si tienen que amamantar.

Todo esto, por supuesto, forma parte de un panorama mayor, donde el Gobierno porteño no se hace cargo de su obligación de brindar educación a niñas y niños de menos de 4 años, los expulsa hacia el sistema privado o hacia la nada. O bien hacia el sistema de Centros de Primera Infancia (CPI), que no dependen de educación y no son jardines propiamente dichos. La pelea para que se construyan más jardines es respondida con maniobras de marketing que hablan de más de 50 escuelas construidas. El problema es que esas promesas plasmadas en carteles en los subtes o en spots televisivos o en las redes después se encuentran con la dura realidad. Como cuando la jueza Elena Liberatori envió oficios para ver cuántas de esas escuelas realmente eran nuevas. Se encontró con un número real que se puede contar con los dedos de una mano.

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