EMERGENCIA SANITARIA

El viejo juego de discutir las restricciones

El jefe de Gobierno tuvo una videollamada con el presidente en la que le exigió que le manden más vacunas, pero advirtió que no piensa sumar restricciones pese a la escalada de casos.

Werner Pertot


El domingo, entre residentes y no residentes, sumaban 3254 casos, un número que debería preocupar a las autoridades porteñas. Si nos basamos solamente en la conversación por videollamada que hubo entre el presidente Alberto Fernández y el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, no parece que haya una preocupación acorde. Larreta exigió que se les dé a los porteños más vacunas que las que proporcionalmente les corresponden por su población total (quiere que el criterio sea la población de adultos mayores). También se resistió a cualquier implementación de nuevas restricciones. No obstante, una circular a los hospitales les avisa que se preparen para lo peor.

Mientras Axel Kicillof advierte que pueden venirse nuevas restricciones por la circulación del virus en la segunda ola, en la Ciudad se esfuerzan por negar cualquier posibilidad de un nuevo cierre. Es un viejo juego, que ya vimos en buena parte de 2020. Y que tuvo una expresión en la videollamada de 15 minutos que compartieron Larreta y Fernández (iban a tener un encuentro en persona, pero se suspendió ya que el presidente dio positivo por COVID). Ese encuentro de un sábado a las 18 fue el primero que tienen después de la quita de coparticipación a la Ciudad y otros enfrentamientos entre ambos gobiernos. La última vez que hablaron fue el 30 de diciembre.

De la reunión no salieron con un acuerdo de tomar medidas. Tampoco se esperaba que ocurriera. Se centró sobre todo en analizar los indicadores de la pandemia. De hecho, Diego Santilli ya había adelantado que no pensaban tocar otros temas, como la postergación de las PASO o la negociación por la deuda que dejó Mauricio Macri con el FMI. Esta fue la promesa que le hizo Larreta a otros integrantes de Juntos por el Cambio, luego de que se desatara un escándalo interno por una conversación sobre las PASO en Casa Rosada de la que participaron el intendente de Vicente López, Jorge Macri, y el jefe de bloque del PRO, Cristian Ritondo. El resultado es que a Larreta lo vigilan de cerca y que habrá una reunión presencial de la cúpula de Juntos por el Cambio mañana martes en la que definirán una postura común sobre qué hacer con las PASO en medio de un rebrote cada vez más preocupante de la pandemia. Hasta ahora están fijadas para el 8 de agosto, en pleno invierno.

En la charla con el presidente, Larreta volvió a plantear que quiere que le manden más vacunas de las que le corresponde a la Ciudad por su población total. El criterio que plantea Larreta –lo hizo antes públicamente Fernán Quirós- es que la Ciudad tiene mayor cantidad de adultos mayores y de trabajadores de la salud y que, por lo tanto, debería ser beneficiada por sobre otras provincias. Hasta ahora, la Nación no aceptó este criterio y desde la provincia de Buenos Aires lo rechazaron. Dieron ejemplos de cómo Larreta desvió vacunas al sector privado o postergó la vacunación a docentes para señalar que las prioridades parecen ser distintas, según qué gobernante se elija.

Lo otro que hizo Larreta en la charla con el presidente fue negarse a considerar futuras restricciones. Desde el Gobierno porteño vienen comunicando a los cuatro vientos que no van a sumarse a una nueva cuarentena, ni siquiera una corta por 10 o 14 días. Tampoco quieren restringir las actividades culturales. Y el sistema educativo, sostiene, se mantendrá abierto pase lo que pase. Lo único que aceptó considerar el jefe de Gobierno es alguna restricción horaria mayor para bares y restaurantes. Por lo demás,  el Gobierno porteño indica que buscará reforzar los controles sobre las restricciones que ya existen (los restaurantes deben cerrar a las 2 de la mañana), reforzar los testeos y seguir vacunando.

El presidente, por su parte, le pidió a Larreta que sumen al PAMI a la vacunación. El Gobierno porteño viene en una guerra ridícula con su titular, Luana Volnovich, luego de que ella señalara que no aceptaron usar vacunatorios del PAMI tras el desastre en el Luna Park con adultos mayores. De hecho, una semana más tarde fueron a clausurarle el Hospital Español, en un hecho nunca explicado (la clausura se levantó menos de 24 horas después). Larreta y Fernández coincidieron en mantener las escuelas abiertas.

No obstante la  postura pública de Larreta sobre las restricciones, hacia los hospitales circularon una serie de órdenes que revelan una conciencia mayor de la que admiten sobre lo que se viene. A los distintos hospitales mandaron un instructivo llamado “Refuncionalización de los servicios prestados en hospitales públicos” en el que indica que se suspenden a partir de abril los turnos de consultorio que no sean para dolencias urgentes, también los turnos para laboratorio que no sean para COVID, así como los turnos para operaciones programadas que no sean de riesgo de vida, oncológicas o cardiovasculares.  Las unidades coronarias también deben preparase para recibir pacientes con coronavirus. El objetivo es reducir la ocupación de camas de terapia intensiva, que –saben- van a tener que destinar a pacientes de COVID graves. Es lógico –y está bien que así sea- que el Gobierno porteño se prepare así para la segunda ola. Pero no se condice con su mirada hacia lo que hay que hacer con las restricciones a las actividades.

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