- Opinion
- 02.11.2026
Adiós a los cartoneros
Cada vez queda más claro que el acoso a las cooperativas tiene que ver con el reemplazo de un modelo social de reciclaje por empresas que hagan su negocio.
Desde hace años que venimos registrando situaciones de acoso y avance sobre los cartoneros en la Ciudad de Buenos Aires. Y no me refiero solo a los cartoneros que andan solos y a la buena de dios, sino a las cooperativas de cartoneros que, tiempo atrás, tenían acuerdos con el Gobierno porteño (manejado por el mismo signo político hace dos décadas). Nos preguntábamos, entonces, por qué un modelo social que ayuda a personas pobres y, a su vez, tiene una incidencia importante en reducir la cantidad de basura que la Ciudad tienen que pagar por enterrar en provincia de Buenos Aires estaba siendo así de bombardeado. La respuesta finalmente llegó en estos días: la intención siempre fue reemplazar a las cooperativas de cartoneros por empresas.
El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires advirtió que tiene previsto pasar a un nuevo esquema de higiene urbana para el período 2028-2038. Entre otras cosas, implica fragmentar los circuitos de reciclado que históricamente vienen gestionando las cooperativas de cartoneros. La idea de la gestión PRO es que las cooperativas conserven únicamente la recolección puerta a puerta, mientras que el grueso del reciclaje, esto es, los Centros Verdes y la comercialización del material reciclable quedarían en manos de las empresas privadas. Las candidatas naturales, para los macristas, no son otras que las adjudicatarias del servicio de basura en cada zona, que ya muerden una porción muy importante de la torta presupuestaria anual. Bienvenidos a una nueva etapa del negocio de la basura.
El pliego que ya se presentó y que tuvo dos audiencias públicas a comienzos de octubre plantea dos contratos por zona (uno de recolección de basura y otro de reciclaje), que va a quedar en mano de las mismas empresas de siempre. Para los cartoneros, solo queda la recolección puerta a puerta, mientras que los Centros Verdes, la clasificación y la venta del material se lo llevan las grandes empresas, que podrían comercializarlo sin un precio mínimo establecido.
Esto explica con claridad la hostilidad hacia las cooperativas que venimos viendo desde hace unos años a esta parte por parte del Gobierno porteño. El mensaje que les vienen comunicando es: “Aquí ya no los queremos”. Vayanse con su pobreza a otra parte.
La Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (FACCyR) advirtió que el nuevo sistema podría reducir las zonas de trabajo y no garantizar la continuidad de los 7.000 trabajadores del sector. Carlos Albarracín, coordinador del predio de Barracas de la cooperativa Amanecer de los Cartoneros, alertó por la continuidad laboral de 6.000 trabajadores que hoy participan de todas las etapas del reciclado. Todos remarcan que el modelo actual es integral: los camiones de las cooperativas retiran el material, lo pesan de manera individual, lo clasifican y lo venden, y que ninguna parte puede funcionar de forma aislada.
Y plantean que se trata de un modelo que tiene 20 años de funcionamiento, eso sí, con problemas que el Gobierno porteño nunca quiso abordar, como falencias en el financiamiento de la infraestructura mínima para las cooperativas. De hecho, la Auditoría General de la Ciudad documentó reiterados incumplimientos a las metas de la Ley de Basura Cero. Los dirigentes plantean que la salida es con las cooperativas, no declarándoles la guerra.
Las cooperativas presentaron oficialmente sus observaciones ante el Gobierno porteño, dejando constancia de que no implican consentimiento al procedimiento ni a ninguna de las cláusulas del anteproyecto, y que se formulan sin perjuicio de las acciones administrativas y judiciales que pudieran corresponder; además, señalaron que el texto oficial viola leyes ambientales vigentes y representa un retroceso sustancial en la inclusión social de los cartoneros.
Pero el modelo es otro: reciclado sin inclusión social, en favor de las grandes empresas privadas que hace décadas embolsan millones con el contrato de la basura (que es el más oneroso para la Ciudad). Nadie parece percatarse (o se hacen los tontos) que las mismas empresas privadas que van a tener que ocuparse del reciclaje son las que cobran por tonelada enterrada. Conclusión: le dan el reciclaje a empresarios que ganan más no reciclando.
¿Qué se imaginan que va a pasar?


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