- Economía
- 08.07.2026
La crisis cervecera argentina: cierres, despidos y una industria que se desmorona
En los últimos días, el sector cervecero argentino sumó nuevos capítulos a su peor crisis en años. El cierre de la distribuidora Express Beer con 220 despedidos, la histórica cervecería artesanal Gulliver que bajó la persiana tras once años y los ajustes en la planta de Quilmes en Zárate son algunas de las señales de un mercado que no logra repuntar.
La industria cervecera argentina atraviesa un momento crítico. Lo que durante años fue un sector en expansión, impulsado por el boom de la cerveza artesanal y un consumo interno robusto, hoy enfrenta una realidad adversa que se traduce en cierres de plantas, despidos masivos y la desaparición de marcas emblemáticas.
En los últimos días, la crisis sumó nuevos y dolorosos episodios. El pasado 6 de julio, Gulliver, una fábrica de cerveza artesanal de Lomas de Zamora con once años de historia, cerró sus puertas. Su dueño, Martín Arnal, explicó que la producción había caído al 20% de su capacidad: "Podíamos producir 30 mil litros por mes y últimamente estábamos laburando al 20 por ciento de nuestra capacidad". En un comunicado, la empresa señaló que el consumo masivo "está cada día más bajo y deteriorado" y que, a pesar de haber sobrevivido a la pandemia, las devaluaciones y la inflación, "nos terminaron ganando". Doce trabajadores directos e indirectos se sumaron así a la larga lista de desocupados.
Pero el golpe más estruendoso llegó al día siguiente. Express Beer, una importante distribuidora de bebidas que prestaba servicios logísticos para Cervecería y Maltería Quilmes desde hace 25 años, entró en cesación de pagos y cerró su planta en La Matanza de un día para el otro, dejando en la calle a 220 choferes. Los trabajadores, con una antigüedad promedio de 26 años, no recibieron certezas sobre indemnizaciones ni el pago del último salario y el aguinaldo. El Sindicato de Camioneros, conducido por Hugo y Pablo Moyano, declaró el estado de emergencia y advirtió que impulsará medidas gremiales y legales. La situación adquirió un matiz particular: entre los despedidos figura Jerónimo Moyano, hijo menor del líder sindical, que se desempeñaba como delegado gremial dentro de la empresa. Desde Quilmes, en tanto, se desligaron de la situación y afirmaron que cumplieron con sus obligaciones contractuales, e instaron a Express Beer a hacerse cargo de sus empleados.
La crisis, sin embargo, no es exclusiva de los eslabones logísticos ni de las pequeñas y medianas empresas. Los grandes jugadores también sienten el impacto. Cervecería y Maltería Quilmes redujo su plantilla en la planta de Zárate de 260 a 80 trabajadores mediante retiros voluntarios, y pasó de tres turnos diarios de producción a uno solo. Las ventas de la compañía habrían retrocedido alrededor de un 45%. En el mismo sentido, la cadena de cervecerías artesanales Antares acumula en lo que va de 2026 el cierre de varias de sus sucursales más icónicas, incluyendo su local de la calle 56 en La Plata, que operaba desde 2005, y el de Playa Grande en Mar del Plata, con más de dos décadas de historia.
El panorama responde a una conjunción de factores que golpean con igual dureza a industriales y artesanales. El consumo de cerveza en Argentina cayó drásticamente: fuentes del sector estiman un retroceso cercano al 35% en los últimos dos años. La pérdida del poder adquisitivo de las familias, que en un contexto de recesión priorizan bienes de primera necesidad, convirtió a la cerveza en un artículo prescindible en muchos hogares. A eso se suman los aumentos sostenidos en tarifas, salarios y alquileres, que vuelven más pesados los costos fijos por cada litro producido. El empresario cervecero Martín Boan resumió el clima del sector: "Hoy tenés que tener muy buen producto, muy buena logística, muy buena calidad, muy buen precio. Si no, estás fuera".
A la contracción de la demanda interna se agrega la presión de las importaciones. Según estadísticas oficiales, el ingreso de cerveza del exterior aumentó cerca de un 300% en el primer trimestre de 2025, intensificando la competencia en un mercado ya golpeado. La combinación de recesión, apertura comercial y encarecimiento operativo redefine las reglas de juego para todo el ecosistema cervecero.
Lo que está en juego no son solo marcas o negocios. Detrás de cada cierre hay historias de años de trabajo, familias que dependen de un salario y comunidades que pierden puntos de encuentro. La industria cervecera argentina, que alguna vez supo ser un motor de empleo y un orgullo de la producción nacional, hoy enfrenta su prueba más difícil. Y el horizonte, al menos en el corto plazo, no anticipa un repunte significativo.
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