Crisis económica

Crisis comercial en CABA: la ocupación de locales cae a su nivel más bajo desde 2022 y la postpandemia

Según datos oficiales del IDECBA, el primer cuatrimestre del año consolidó una desocupación comercial del 10% en las principales avenidas porteñas. El desplome del consumo arrastra al sector textil y expone las profundas asimetrías entre barrios. Milei y Jorge Macri, socios en lo político pero sin articulación para respuestas de gestión.


El panorama en las calles de la Ciudad de Buenos Aires comienza a reflejar de manera nítida el impacto de la recesión económica. Durante el primer cuatrimestre de 2026, la tasa de ocupación de locales comerciales en las principales arterias de la capital descendió al 90,0%, registrando una caída de 1,6 puntos porcentuales en comparación con el mismo período del año anterior (91,6%).

Las cifras, que surgen del último informe del Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad (IDECBA), confirman que se trata del peor registro para el sector en los últimos cuatro años. Sobre un universo censado de 12.896 locales distribuidos en 48 ejes comerciales clave, los espacios activos se redujeron a 11.605, dejando un saldo de 1.291 persianas bajas.

En términos prácticos, la desocupación general ya trepó al 10,0%, lo que equivale a un promedio crítico de 2,8 locales vacíos por cuadra en territorio porteño.

Radiografía del derrumbe por comunas

El fenómeno, lejos de ser homogéneo, expone una fuerte fragmentación territorial y golpea con especial dureza a los centros urbanos tradicionales y a los barrios periféricos, zonas que sufren de manera directa la pérdida del poder adquisitivo y la ausencia de políticas locales de estímulo al comercio de cercanía.

La peor parte se la lleva la Comuna 15 (Chacarita, Villa Crespo, entre otros), con un nivel de desocupación del 13,5%. Le siguen de cerca la Comuna 1 (Microcentro y San Telmo) con un 13,2% -un área que sigue sin encontrar un rumbo tras la postpandemia- y la Comuna 8 en el sur de la ciudad, con un 12,8%.

A nivel de corredores específicos, la inactividad muestra picos alarmantes:

- Parque Avellaneda: Registró el peor indicador de la Capital, con 22 de cada 100 locales cerrados (un promedio de 6 persianas bajas por cuadra).

- Villa Crespo y Calle Lavalle: Comparten el segundo puesto de la contracción con un 20% de desocupación.

- Warnes y Defensa: Se ubican también entre las zonas más afectadas de la medición.

Como contrapartida, las áreas ligadas al poder adquisitivo más alto o a nodos de trasbordo masivo resisten el embate. La Comuna 6 (Caballito) se mantiene como el principal oasis con una ocupación del 96,2%, mientras que la tradicional esquina de Corrientes y Pueyrredón ostenta el nivel más alto de actividad con el 97,0%.

Rubros: el desplome textil vs. el refugio gastronómico

El análisis sectorial del informe permite identificar con claridad dónde impacta el freno de la actividad económica que promueve la administración nacional y que el gobierno porteño acompaña sin amortiguadores locales.

El rubro de indumentaria, textiles y calzado, histórico motor de las veredas porteñas (representa el 29,4% del total de los comercios activos), fue el que más locales netos perdió en la comparación interanual, con una baja de 217 unidades en actividad. Esta caída se siente con fuerza a pesar de que el sector conserva un peso superior al 50% en las Comunas 7 y 10, traccionado por el fenómeno comercial de la Avenida Avellaneda.

En el otro extremo, las actividades ligadas al esparcimiento y la gastronomía operan como los únicos refugios frente a la crisis generalizada, sumando 47 nuevos locales activos y alcanzando una participación del 10,9%. Este leve repunte estuvo concentrado en la apertura de restaurantes en la Comuna 1 y el auge de cafeterías de especialidad y bares en los circuitos de Palermo (Comuna 14). Asimismo, los comercios dedicados al hogar, electrodomésticos y muebles mostraron un saldo favorable con 44 nuevos establecimientos.

El panorama que describe el IDECBA pone en números la profundidad de una crisis comercial que no encuentra un piso y evidencia las limitaciones de una gestión comunal enfocada en la estética del espacio público, pero desentendida del sostenimiento de la estructura productiva y el empleo en los barrios de la Ciudad.

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