OPINIÓN

Un inicio de clases que mostró a cada uno como es

El jefe de Gobierno hizo un show mediático del inicio anticipado de clases. Los gremios docentes mostraron las fragilidades del sistema.

Werner Pertot


Los mostró a cada uno en el rol que eligieron ocupar. Horacio Rodríguez Larreta usó el comienzo de clases para hacer un show mediático como parte de su plataforma política. Fue a visitar una escuela por la mañana (no le dio el dato a la prensa para que no pudieran registrar por sí mismos el hecho, sino que solo pudieran contar lo que decían los comunicados y las fotos oficiales). Por la tarde del 17 de febrero dio una conferencia de prensa en la que destacó que cumplió con su promesa de adelantar el inicio de clases en plena pandemia. En esa misma conferencia, la ministra de Educación, Soledad Acuña, remarcó que las escuelas que no pudieron adaptarse a la orden de dar clase todos los días deberán hacerlo, aunque no explicó cómo. También dijo que el año pasado “no estudio el que quiso, sino el que pudo”, admisión sobre la que volveremos en esta columna. Los gremios docentes, por su parte, fueron pasando informes sobre casos positivos de covid en las escuelas, cierre de grados, edificios que no estaban en condiciones (falta de agua, falta de elementos de higiene) y que impidieron el inicio. Es decir, la fragilidad del sistema educativo como lo conocemos.

Pero este balance del comienzo de clases no estaría completo si no hablamos de las y los estudiantes. Volvieron a las aulas con unas ganas que a mí en serio me emocionan, dentro de este contexto complejo donde hay que balancear el derecho a la educación –que nadie niega- con las complicaciones de la pandemia y la posibilidad de que haya un rebrote. En estos días vi cosas que –admito- no creía posibles: como que mi hija de 3 años, que nunca usó barbijo, se bancara tenerlo puesto durante todo el tiempo que estaba en la sala, con tal de poder volver al jardín. Realmente, y más allá de la campaña que hizo Juntos por el Cambio, el año de clases virtuales fue muy duro (insisto: no es que no hubo clases en 2020, pero no fueron lo mismo que las presenciales; esto lo dicen docentes, madres, padres, estudiantes). Y había una necesidad de volver. En toda esta discusión no nos olvidemos de quiénes son sujetos de derechos.

Luego queda el debate sobre si esa necesidad –real, presente, razonable- debía cumplirse dos semanas antes de lo que suelen iniciarse las clases. O si habría que haber esperado a que hubiera una mayor inmunización de los grupos de riesgo, en una vacunación que avanza lenta, con problemas en la web porteña para inscribir a los mayores de 80 años y hasta con la renuncia del Ministro de Salud nacional por favoritismos en la vacunación.

De todas formas, ya es contrafáctico: las clases presenciales comenzaron, seguirán sumando niveles semana a semana y Larreta consiguió lo que quería, que es ser el primer distrito en volver a las clases. Una jugada pensada para su campaña política, más que contrapesando el bienestar de la población. Prueba de esto es que el jefe de Gobierno utilizó cada instancia mediática que pudo para presentar este primer día. La práctica de ir a una escuela en el comienzo de clases es común en los jefes de Gobierno. Fue llamativo que no convocara a la prensa. Es una táctica que ya usaba Mauricio Macri en los timbreos para poder controlar el mensaje: si no hubo un fotógrafo ni un periodista en el lugar de los hechos, la única versión es la que envía el Gobierno porteño con sus fotos cuidadosamente elegidas y sus comunicados. Tengo que decir, dicho sea de paso, que la comunicación de Larreta es muy inteligente: en Instagram jugaron con un meme que se repite en redes, “decime que arrancaron las clases sin decirme que arrancaron las clases”. Ahí lo dejan a Larreta como canchero, joven, sin que él tenga que hacer nada. También muestra como el comienzo era más marketinero que otra cosa.

Un párrafo aparte merece la conferencia de prensa que dio ese primer día y en particular algunas cosas que dijo la ministra de Educación porteña. En primer lugar, admitió que en realidad lo de “todos los días, todos los chicos” es tan real como el “pobreza cero” de Macri. Las escuelas están haciendo lo que pueden: algunas alternan días, otras semanas, combinan clases presenciales con virtuales. Los espacios no alcanzan para que vuelva de manera segura un grado entero. Ante esto, Acuña lanzó una advertencia: "Algunas propuestas no terminan de ser lo que nos gustaría. Algunas hicieron propuestas de alternancia (algunos días, sí; algunos días, no). Nosotros queremos que vayan todos los días y esto va a pasar", casi amenazó. No dijo cómo es que “va a pasar”. ¿Van a ordenar amontonar estudiantes? ¿Cómo se resuelve el hecho de que se hicieron cero obras para reacondicionar las escuelas a la nueva realidad?

También Acuña advirtió que es un experimento el regreso a clases y que, si suben los contagios, puede haber una marcha atrás general. Usó un eufemismo, “restringir la presencialidad”, para no hablar de lo que sería realmente: volver a cerrar las escuelas. Yo honestamente espero que no pase, porque los chicos y chicas ya pasaron por suficiente en esta pandemia y no se merecen que los ilusionen con el regreso a algún tipo de normalidad, para luego volver a cerrar todo. Más allá de todas las diferencias por como vienen haciendo las cosas, espero que esto salga bien.

Por último, y esto no lo puedo dejar pasar, Acuña dijo una frase que pasó como si nada: "El año pasado no estudiaron los que quisieron. Estudiaron los que pudieron". Ajá. Esto lo dice la máxima responsable de ocuparse de que eso ocurra. La que fue permanentemente intimada a garantizar la conectividad de quienes no tenían computadoras o conexión a Internet para poder acceder al derecho a la educación. Incluso hubo fallos judiciales al respecto que Acuña decidió omitir. Y una intervención del Gobierno nacional para entregar computadoras, a la que el Gobierno porteño puso trabas. Sigue siendo sorprendente cómo la ministra se desresponsabiliza del sistema educativo: la implementación del regreso a clases corre por cuenta de las escuelas, el año pasado hubo quienes no tuvieron posibilidad de estudiar y hay cero autocrítica ahí.

Por su parte, los gremios dieron información día a día de cuán frágil es este intento de regresar a clases. En particular, UTE-CTERA elaboró un informe de todas las escuelas que no pudieron abrir por problemas de agua, ventilación o falta de insumos, Ademys –que hizo paro esta semana- indicó que eran problemáticas las aglomeraciones de familias en las entradas y en las paradas de colectivos. También se advirtió sobre escuelas en las que hubo contagios y no se cerraron los grados.

Esto, insisto, demuestra la fragilidad del experimento, que esperemos que no termine mal. En el medio está en juego el derecho a la educación de miles de pibes y pibas que no se merecen sufrir por las necesidades electorales de un jefe de Gobierno que quiere ser presidente.

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