EMERGENCIA SANITARIA

Los bares notables tratan de reinventarse para pasar la cuarentena

Algunos bares notables, como el Tortoni o El Viejo Buzón, envían sus especialidades a domicilio, como el chocolate con churros o la comida de olla. Además, buscan ayuda oficial para sobrevivir a la cuarentena.


La cuarentena por la pandemia de Covid-19 obligó a reinventarse a los 86 bares notables porteños, que son considerados "patrimonio cultural de Buenos Aires". Un ejemplo es el de Las Violetas, la tradicional confitería ubicada en la esquina de la avenida Rivadavia y Medrano, en el barrio de Almagro, conocida por sus masas finas, tortas, fosforitos, sándwiches, chips, canapés y el famoso postre Leguisamo -bautizado así en homenaje al jockey preferido de Gardel- que llegará a sus fanáticos por delivery o take away.
 
No hay delivery ni take away que reemplace ver de cerca los vitrales de Las Violetas; la barra de madera de El Federal, en San Telmo; las mesas de paño azul y verde en Los 36 Billares; la boiserie y las mesas de mármol del Café Tortoni, o tomar un café en la vereda de La Biela, junto al gomero en Recoleta.
 
Según estima FECOBA (la Federación de Comercios e Industria de la Ciudad), cerca de 20 mil comercios ya cerraron por el parate en la economía que generó la pandemia. El gastronómico es uno de los rubros más afectados: desde el 20 de marzo bajaron las persianas decenas de locales que venían de un 2019 muy difícil. Entre ellos están el restaurante del Hotel Castelar y La Flor de Barracas, dos bares notables.
 
Los socios del Café Tortoni, inaugurado en 1858, cuentan a Clarín que "Estamos vendiendo menos del 5% de lo habitual. Y más allá de la angustia de lo que está sucediendo, nos preguntamos cómo será el futuro. Cómo será el regreso, cuándo volverán los turistas, el movimiento de oficinistas, la actividad comercial". En el Tortoni apuestan al delivery y aprenden todo en el camino, porque nunca antes habían vendido de esta manera. Su propuesta, por ejemplo, permite disfrutar en casa de su tradicional chocolate con churros.
 
Al igual que a los comercios, a estos bares podría ayudarlos la condonación del ABL de junio y julio, un proyecto que ya fue aprobado en la Legislatura porteña. También se condonará el impuesto al uso del espacio público. Otros alicientes son los créditos de hasta 500 mil pesos que lanzó el Banco Ciudad con una tasa del 12% y 6 meses de gracia, y la suspensión de los embargos hasta el 31 de agosto.
 
Felipe "Toto" Evangelista, al frente de El Viejo Buzón en Neuquén al 1100, en el barrio de Caballito, también tuvo que apelar al delivery. Están vendiendo el 15% de lo que facturaban antes de la cuarentena: "Tuvimos que empezar de cero. Nuestro bar es el cafecito compartido, la cerveza y la charla de la noche, los abrazos, los amigos. Son los shows artísticos, la presentación de un libro, la lectura de un poema. Para la gente es un templo. Esto es muy difícil de recrear. Pese a todo, los vecinos nos llaman y nos alientan, nos hacen pedidos, y nos damos cuenta de que nos quieren ayudar. Nuestro compromiso es llevarles la mística a domicilio, el locro, el mondongo y los platos del día. Con el frío, mucha comida de olla", cuenta a Clarín "Toto", vecino ilustre y ex presidente de Ferrocarril Oeste.
 
Hace 32 años que alquila la misma esquina. "No seríamos los mismos en otro sitio. Y es también lo que nos diferencia de los otros bares. Por eso estoy muy preocupado por el futuro de los notables. Nosotros pudimos acceder al ATP pero no a los créditos del 24% de interés anual. Después de tanto tiempo de trabajar en el bar, en donde las discusiones de mesa en mesa van abriendo el camino hacia la amistad, espero que este coronavirus nos deje al menos el camino liberado para luchar por las cosas que valen la pena", sintetiza Toto, quien además preside la Subcomisión de Bares Notables de la Asociación de Hoteles, Restaurantes, Confiterías y Cafés (AHRCC).
 
El legislador porteño Leandro Santoro (Frente de Todos) presentó un proyecto de ley de "asistencia integral" específico para los bares notables. La iniciativa prevé la eximición del pago de ABL e Ingresos Brutos, subsidiar el 100% de los servicios y de parte de los sueldos del personal de manera complementaria a los ATP, y lanzar una línea de créditos del Banco Ciudad con tasa al 0%. Todo, hasta diciembre de 2020. "Sabemos que la Ciudad tiene sus finanzas muy resentidas, pero necesitamos que el Jefe de Gobierno y el oficialismo le den una mano a esta gente. Buenos Aires no será la misma sin ellos porque son parte de nuestro patrimonio cultural, material e inmaterial", dice Santoro.
 

De manera excepcional, este año el Ministerio de Cultura porteño incluyó a los bares notables en la convocatoria anual al Fondo Metropolitano de las Artes, la Cultura y las Ciencias, que financia proyectos en esos campos. Pero todavía no hay respuetas y no se sabe quiénes podrán acceder a esta ayuda.
 
“La situación que estamos viviendo es dramática”, resume Francisco Miranda, secretario de la Cámara de Cafés y Bares y socio del Bar Bidou. “Abrimos por amor: para sentir que no nos quedarnos de brazos cruzados en nuestras casas. A otros, directamente, les conviene mantener el negocio cerrado por el gasto que requiere ponerlo en marcha. Es un dineral por día, para vender tres cafés”, explica a Infobae.
 
Por su parte Javier Fernández, uno de los dueños y gerente de Florida Garden, dice: “Por ahora podemos pagar la luz, el gas, los servicios y la parte que nos compete de los sueldos. Estamos tratando de mantener la confitería, que es una mole y, a duras penas, llegamos a hacerlo”.
 
Daniel Conde trabaja desde hace más de una década en el Petit Colón. Según su relato, esta es la primera vez que tuvo que cerrar el café. “Por nuestra ubicación (Libertad 505), trabajamos con tres públicos: Tribunales, Teatro Colón y turistas. Hoy, ninguno de los tres está presente”, lamenta Conde a Infobae, y explica que, si bien incorporó la modalidad take away, las ventas son muy pocas y no llegan a cubrir los gastos fijos. “Las facturas de luz se pagaron los primeros meses y después no pudimos abonarlas más. Ahora estamos generando deuda: nos quedamos sin recursos”, agrega.
 
Ricardo Montesino tiene 80 años y fundó el Bar Sur en 1967. Ubicado en la esquina de Estados Unidos y Balcarce, en el casco histórico de San Telmo, es el lugar favorito de muchos turistas que buscan escuchar y ver bailar tango. “Desde el 20 de marzo que no puedo abrir mi bolichito. Es la primera vez en mi vida que tengo que cerrar el bar. Lo vivo con mucha tristeza porque estoy acostumbrado a mi trabajo”, dice Ricardo.
 
Martín Pasech trabaja en la Rotisería Miramar. A cargo del local desde hace casi ocho años, Pasech sostiene que la situación es dramática. “Estamos trabajando un 5% de los que solíamos trabajar. Mantenemos abierto el restaurante un poco por corazón y, otro poco, para decir: ‘Acá estamos’ y no alejarnos de los vecinos y de la gente que nos acompaña hace tanto tiempo”, explica a Infobae.
 
Según su relato, en estos más de tres meses, se las han rebuscado para mantenerse activos. “Además de compartir la cocina con la gente del grupo Los Notables, estamos haciendo radio delivery y, aun así, no alcanza. Tuvimos que pedir un préstamo, tenemos deudas con nuestros proveedores y los plazos empiezan a vencer. No sabemos con qué plata lo vamos a pagar”, cuenta con angustia.
 
Necesitamos que se apruebe este proyecto de ley de asistencia integral porque estamos pasando una situación muy difícil”, apunta Laura Ávila, representante del Café San Bernardo. El “Sanber”, como lo llaman sus clientes, fue fundado en 1957, un histórico de Villa Crespo. Según Ávila, desde que se decretó el confinamiento, el consumo bajó muchísimo y se le hace cada vez más difícil mantener el lugar abierto. “Estamos haciendo un esfuerzo tremendo. En marzo, nos parecía una locura cerrar por catorce días. Hoy llegamos a este punto pidiendo préstamos: ya vamos por el tercero”, cuenta a Infobae.
 
“Al no tener la chance de que los clientes entren a tu local, no te queda otra opción que salir a buscarlos. Trabajamos mucho con redes sociales, pero no todos los bares estaban preparados para interactuar desde ese lugar. Muchos tuvieron que aggiornarse”, continúa Ávila. “Nosotros tenemos un local muy grande y, con las luces apagadas, es triste. No sé cuánto tiempo más vamos a poder sostenerlo”, cierra.
 


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