EMERGENCIA SANITARIA

Volverían a abrir las peluquerías en unas semanas

Desde el Gobierno porteño dijeron que analizan la posibilidad que uno de los rubros más castigados por la cuarentena retorne a la actividad a fines de este mes o a principios del próximo.


Después de cuatro meses de inactividad, es casi un hecho que miles de peluqueros porteños volverán a abrir sus locales en los próximos días. Fuentes del Gobierno de la Ciudad explicaron a Clarín que las peluquerías “van a estar incluidas en una próxima etapa, que es la posterior a la apertura de los comercios no esenciales”.
 
El primer paso será reabrir los 70 mil comercios no esenciales que se cerraron. Luego, vendrá la apertura de los 10 mil comercios que están en centros comerciales a cielo abierto. Entonces, se va a medir cómo evoluciona la curva de contagios. Y recién después se van a tomar medidas de apertura de otros sectores, incluidas las peluquerías.
 
Desde el Gobierno porteño prefieren no dar fechas. Piden tener “cautela” y señalan que el regreso de los estilistas “aún no está definido”. Se está trabajando en los protocolos a seguir. Es un borrador, que tendrá que ser aprobado por el Ministerio de Salud porteño y también por el nacional.
 
Ese plan indica que los clientes deberán ir con turno. No pueden ir acompañados. Y en los momentos de mayor afluencia de personas los peluqueros van tener que disminuir el tiempo de atención. Ya sea un salón grande o una peluquería de barrio, ambos estarán obligados a mantener una capacidad máxima. Solo estará permitida una persona cada 15 metros cuadrados. Lo que significa que, algunos locales chicos, atenderán solo a un cliente por vez. 
 
Deberán cumplir todas las medidas de seguridad. Usar tapabocas o máscaras de protección, tanto al ingresar como al permanecer en el salón. Si el cliente no lo tiene, el local tendrá que facilitarlo. Además, al entrar, habrá que lavarse las manos o higienizarse con alcohol en gel o sanitizante.
 
No se podrán ofrecer snacks, caramelos, ni café. Solo agua que tendrá que servirse en un vaso individual descartable. Y habrá que desinfectar varias veces el surtidor. Tampoco se pueden compartir revistas, ni catálogos. Cuanto menos material de contacto tengan, mejor.
 
Cada empleado deberá, al llegar al local, sacarse la ropa que tenía en la calle y ponerse una bata o uniforme. Tendrá que lavarse las manos antes de aplicar productos como el shampoo, las mascarillas, o los geles. No podrá compartir materiales, como tijeras, sino que cada uno debe tener los propios.
 
Las batas, protectores de cuello y las toallas que usen para los clientes deberán ser, en lo posible, de material desechable. Otra opción es que estén recién lavados a una temperatura de entre 60 y 90 grados. No se pueden reutilizar. Hay que evitar sacudir las toallas. Y después de usarlas, el personal tiene que depositarlas en una bolsa de plástico para llevarlas a la lavandería. Al momento de abonar, sugieren usar medios de pago electrónicos, para no manipular dinero.
 
El protocolo fue presentado por la Confederación General de Peluqueros y Peinadores de la Argentina. Su presidente, Miguel Ligori, dice que en varias provincias la actividad ya se abrió siguiendo este plan. “Estamos preparados para abrir en cualquier momento que la ordenanza la disponga”, cuenta a Clarín Ligori, consciente de que les traerá grandes pérdidas. Calcula que los locales tendrán un 70% menos clientes, ya que deberán limitar los turnos. Y el gasto en insumos será un 60% mayor por las compras de material descartable, barbijos y desinfectantes. Por eso, pidieron al Gobierno que les brinde ayuda en el pago de servicios e impuestos.
 
“Estamos todos endeudados. No podés pagar los impuestos, las expensas, las cargas sociales. Es muy difícil mantener una estructura después de 25 años de carrera”, se lamenta a Clarín Roberto Vernucci, quien junto a su hermano lidera una peluquería en San Cristóbal.
 
Al frente de una asociación civil de peluqueros, Vernucci también presentó un protocolo. “Lo hicimos bien de barrio, para que aquel que tiene dos empleados o el que tiene 30 pueda hacerlo igual”, comenta. Entre otras cosas, propone hacerle firmar a cada cliente un formulario (con preguntas del tipo: “¿Tuviste fiebre?”) y mandarlo al Ministerio de Salud.
 
“La idea es trabajar y arrancar”, lanza quien ya tomó cartas en el asunto. Puso una pileta para lavarse las manos al entrar al salón. Instaló un acrílico en la barra de entrada. Deshabilitó dos de las cuatro piletas de lavado de cabezas, para mantener la distancia social. Y puso carteles en la calle, “para que el cliente sepa que va a estar bien cuidado”.
 
"Estamos muy ansiosos y confío en que volveremos a levantar las persianas", aseguró en diálogo con Crónica Darío Rubén Di Casale, alias el Tano de Il Fígaro, en Chacarita, quien instaló mamparas de nylon entre los puestos de corte, colocó un dispositivo sanitizante en el ingreso al local y elaboró un escrito con medidas preventivas que podrían aplicarse en todo el rubro.
 
"Son cosas económicas. Con una inversión de 25 mil pesos tenés todo el salón equipado", continuó Di Casale. En tanto, agregó: "Comprendo la situación de muchos colegas. Sé que hay muchos que han tenido que cerrar sus peluquerías y ahora piden laburo. Es una situación compleja que no se aguanta más".
 
Por su parte, el reconocido peluquero Fabio Cuggini, cuyo salón está en Lima 83, remarcó su apoyo a las peluquerías de barrio: "Yo me puedo quedar en casa porque estoy tocando mis ahorros. Pero el gran problema son aquellos que no tienen voz ni voto. Como es el caso de un trabajador que no puede pagar los insumos. Por eso, propuse un protocolo más humilde para que todos puedan acceder". Asimismo, aprovechó para recordar que "es necesario un ente que regule la profesión", proyecto que él mismo presentó en el 2013.
 
Sebastián Hernández tiene una peluquería sobre Nicaragua y Fitz Roy, en el barrio de Palermo, en un local que tiene en alquiler y que le está siendo difícil de sostener en los últimos meses, con "una deuda de 600.000 pesos", sumada a todos los costos del lugar, como los impuestos.
 
Hernández manifestó a Crónica los problemas que generaría el protocolo "para las peluquerías chicas, porque hay salones que tienen un espacio de 4 metros por 4 metros, en donde es imposible que se cumpla el distanciamiento de 1,5 metro por personas" y auguró que esos negocios "no van a poder abrir".
 
En este sentido, agregó que otra de las dificultades que enfrentarían los trabajadores del sector sería la de poder sostener un precio económico en el corte de pelo, ya que la disposición del protocolo obligaría a los peluqueros a tener que utilizar materiales descartables.
 
"Para el uso individual de los materiales el costo en las peluquerías medianas va a ser de entre el 20% y 30% de lo que sale el corte, pero en las peluquerías más chicas de barrio, que te cobran 200 pesos, la tarifa va a aumentar el doble y va a ser muy complicado que puedan funcionar", destacó Hernández, quien propuso la opción de "poner un nailon o algo que sirva para separar a los clientes".
 
Por su parte, el peluquero del barrio de Villa del Parque Ricardo Lacco sostuvo que para él es "inexplicable" lo que hicieron con su rubro. "En mi peluquería podemos cumplir con el distanciamiento social y los productos que usamos son todos por salud, higienizamos siempre todos los elementos que usamos. Por eso mi bronca es que nos hayan hecho cerrar a nosotros, cuando somos uno de los rubros que más tiene incorporada la sanitización", subrayó a Crónica.
 
Por último, Guillermo Peyrano, de Palermo Soho, indicó que en su negocio se van a tener "que turnar para atender a la gente" en un negocio que atiende "con cinco socios más", pero se mostró confiado con que "la fidelidad de los clientes" les va a permitir seguir en funcionamiento. "No imagino que la gente se vaya a agolpar en las peluquerías. Las personas mayores de 60 se cuidan mucho y también van a ser cautos, pero el cliente es muy fiel y vamos a pasar este momento", cerró Peyrano.
 
En el área metropolitana (AMBA) hay unas diez mil peluquerías. Están cerradas desde hace más de 100 días, en su mayoría atravesando una situación muy crítica. El 18% de los argentinos -según una encuesta realizada por Adecco entre 3.800 personas- las mencionó entre los comercios y lugares de esparcimiento que más extrañan en esta cuarentena.
 


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