MEDIO AMBIENTE

Verde para pocos

Más de 350 mil habitantes de la Ciudad de Buenos Aires (12,4%) viven lejos de un parque o de una plaza y esta falta de acceso se incrementa en los sectores más vulnerables, donde un 25% de esta población no accede a un espacio verde.

Matías Barroetaveña

Islas verdes en medio de un océano de cemento puede ser la explicación a la masividad de la ocupación de los espacios verdes de nuestra ciudad cuando se permite su uso. El aislamiento social, preventivo y obligatorio producto del COVID-19 parece haberse convertido en un catalizador del déficit en materia de servicios ambientales que brinda nuestra Ciudad Autónoma.

La sociedad ha manifestado la necesidad de replantear los modelos y prácticas promoviendo un mayor cuidado del ambiente, especialmente el acceso y el cuidado de los espacios verdes, entendiendo el valor de la diversidad biológica como mecanismo de preservación y mejora de la calidad de vida. 

Históricamente los parques urbanos surgieron como respuesta al anhelo de las personas de mantener el contacto con la naturaleza, convirtiéndose en elementos indispensables para mejorar la salud de los habitantes, por su valor estético y recreativo. Pero si bien estos puntos son importantes, más aún es el rol que cumplen en el equilibrio del ecosistema urbano, en el mantenimiento de la biodiversidad, en la mejora de la calidad del aire, al disminuir los niveles de ruido y en su contribución en la regulación del clima de la ciudad. El uso de la vegetación como estrategia de mitigación a los efectos del cambio climático es algo sobradamente comprobado.

Déficit y desmanejo

Un indicador objetivo es la cantidad de metros cuadrados de área verde por habitante. Pero no se trata sólo de la existencia de las mismas, sino que hay que considerar su ubicación, manutención, distribución y posibilidades de acceso. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda entre 9 y 11 m2, y si bien el Gobierno de la Ciudad declara que existen alrededor de 6 m2 de área verde/habitante, cifra muy por debajo de la adecuada, se encuentra por demás idealizada por parte del Ejecutivo porteño.

Nadie sabe a ciencia cierta de dónde surge este dato (por más que incorporen en su cuenta a la reserva ecológica, espacios verdes privatizados y otros). El criterio no es claro o simplemente no existe, lo que aparentemente ocurre es una sumatoria de las superficies categorizadas como espacios verdes (plazas, parques, plazoletas) sin considerar su condición de cuán verde es.
¿Cuán verde es plaza Once?

Un criterio estricto de cuantificación del verde público en la Ciudad nos llevaría a cifras penosas.

En este contexto los hechos ocurridos durante los meses de marzo, abril y mayo en el Parque Avellaneda de la Ciudad de Buenos Aires, en referencia a la tala indiscriminada de árboles de especies como Ginkgo biloba y Eucalyptus Crebra con alto valor patrimonial, cultural, histórico y natural, denunciados por vecinos y distintos medios de comunicación, toma una inusitada gravedad haciéndonos reflexionar acerca de cómo estamos protegiendo nuestro patrimonio ambiental.

Cabe destacar que desde el año 2003 el parque cuenta con la Ley N°1153 que le confiere legalidad a la forma de gestión que se lleva adelante en este espacio y que involucra de manera asociada a “...las personas, grupos y organizaciones que sean necesarias y/o expresen un interés público en la gestión del parque”. Art. 3 Ley N°1153/2003.

Este espacio también cuenta con la protección establecida por “Ley N° 3042, Área de Patrimonio Histórico”, donde se establece que “El Parque Avellaneda conforma un espacio público a escala Urbana con alto valor urbanístico – ambiental, arquitectónico e histórico. Ocupa actualmente parte de la antigua Chacra de los Remedios, perteneciente a la familia de Don Domingo Olivera". Todo esto no fue tenido en cuenta por el Gobierno de la Ciudad a la hora de tumbar árboles emblemáticos, sin un estudio previo. 

El rol de los espacios verdes no puede ser ignorado por los organismos de gestión, la sociedad ya manifestó la necesidad de replantear los modelos y prácticas promoviendo un mayor cuidado del ambiente y entendiendo el valor de la diversidad biológica como mecanismo de preservación y mantenimiento de nuestra calidad de vida.

Acciones como las ocurridas en el Parque Avellaneda deberían sancionarse, repensarse y rápidamente corregirse.  

* Matías Barroetaveña es director del Centro de Estudios Metropolitanos y legislador de la Ciudad por el Frente de Todos.




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