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Denuncian por acoso al director del Centro Cultural San Martín y reclaman respuesta del GCBA

El directivo sigue en su puesto, mientras que las denunciantes fueron despedidas. Diego Pimentel está penalmente acusado por maltrato físico y acoso sexual en lugares privados de acceso público agravados por su jerarquía y por funcionario público.



Dos mujeres denunciaron al director del Centro Cultural San Martín, Diego Pimentel, por acoso sexual y laboral. Cuando el caso llegó a los medios, el Gobierno de la Ciudad inició un sumario administrativo. Pero, en los hechos, no hizo nada. “Él sigue trabajando como funcionario, no hubo respuesta institucional en relación a eso”, aseguró Jimena Gibertoni, abogada de las querellantes y miembrx de la Red de Abogadas Feministas, en diálogo con Página 12.

Pimentel, quien también es profesor titular de la Universidad Nacional de Arte y de la Universidad de San Andrés, fue penalmente acusado por maltrato físico y acoso sexual en lugares privados de acceso público agravados por su jerarquía y por funcionario público.

Dos mujeres lo denunciaron, pero una de ellas optó por no hacerlo público. Anahí de la Fuente, en cambio, prefirió hablar. Es comunicadora, maquilladora profesional y performer, de 28 años. Tras hacer la denuncia, quedó desocupada  según consignó Página 12, porque apenas habló fue despedida del San Martín, en abril pasado. Desde entonces tuvo que dejar el departamento que alquilaba para ir a vivir con su abuela, está tomando antidepresivos y se endeuda para pagar lo poco que le cobran sus representantes legales porque no tiene ingresos.

La mujer denunció que Pimentel la arrinconaba contra las paredes -“como cualquier violento en una discoteca”-, la besaba en el cuello como si fuera un saludo normal o le hacía “masajes” sin permiso cuando ella estaba sentada en su escritorio. “Me daba miedo, tenía algo medio sado, me retorcía los brazos para atrás como si fuera a esposarme; a mi compañera la agarró del cuello hasta que gritó que la estaba asfixiando, me apretaba la cintura hasta hacerme doler”, relató.

“¿Por qué no le dijeron que no?”, fue lo que preguntó “la mano derecha” de Pimentel después de perseguir a Anahí y a su compañera hasta dentro de su oficina y cerrar la puerta detrás de ella. Le podían arruinar la carrera a Diego, eso les dijo, les prohibió que volvieran a hablar en público sobre él. “Mi compañera se había quejado al salir de la oficina de Pimentel de que encima que la manoseaba jamás había dicho una palabra sobre su trabajo”, dice Anahí y continúa: “Mil veces dijimos que no, siempre, pero si explotamos en lugar de hablar antes era justamente porque temíamos que nos despidieran. Se lo dije a su asistenta, no es un tipo en una disco, es el director del Centro Cultural, se trata de asimetría de poder”.

Las jóvenes se contactaron con la Red de Abogadas Feministas y se acordó mandar un telegrama al Gobierno de la Ciudad, al Ministerio de Cultura y al Centro Cultural San Martín. La demanda era que les asignen otro trabajo para que se interrumpa la violencia que estaban sufriendo. La respuesta fue otro telegrama, firmado por Pimentel, en el que les rescindían sus contratos, renovados hacía menos de dos meses. Fue entonces cuando presentaron la denuncia penal.  “Entiendo que el Ministerio no tiene que darme explicaciones a mí sobre lo que van a hacer con Pimentel, pero sí sobre mi situación laboral”, reclama Anahí.

La causa penal está en etapa de pruebas. “Se presentaron testigos que acreditan el trato desigual de Pimentel con respecto de las empleadas mujeres. Su defensa se basa en presentar el caso como un conflicto laboral y en que no había contacto directo pero tenemos prueba suficiente para desacreditar esos testimonios”, dice Jimena Gibertoni, la abogada querellante.

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