PROBLEMAS CON LA APLICACIÓN DE LA ESI EN LA CIUDAD

Educación sexual para decidir

En una semana en la que Larreta se mostró pegado a la Iglesia y en contra de los derechos de las mujeres con el discurso de que es mejor la educación sexual que el aborto, desde la oposición porteña mostraron cómo su gestión viene incumpliendo la aplicación de la ley de educación sexual integral.

Werner Pertot


“Quiero presentarme ante Dios como Jefe de Gobierno consagrando mi vida, mi gestión y la Ciudad de Buenos Aires al cuidado del Sagrado Corazón de Jesús”, dijo Horacio Rodríguez Larreta esta semana. Fue en una ceremonia religiosa el 9 de Julio, rodeado de integrantes de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana. Una señal hacia el electorado conservador que repudia los avances en materia de derechos de las mujeres. Y también un símbolo de todo lo que nos falta para la secularización de la sociedad, como indicó también la semana pasada la ex jueza Aida Klemelmajer de Carlucci. Y mejor no hablar de lo que nos falta de en la secularización de nuestros gobernantes (tenemos un presidente que, según su entorno cercano, está a favor de la aprobación de la ley de aborto legal, pero públicamente dice lo contrario). No por casualidad, en la misma semana del rezo del jefe de Gobierno, la oposición porteña y distintas organizaciones de la sociedad civil le recordaron a Larreta que sigue incumpliendo la Ley de Educación Sexual Integral (ESI), que ya cumplió doce años. Las propias encuestas que hace el Gobierno porteño y sus respuestas a los pedidos de informe dan cuenta de ello.

En esta columna ya hemos señalado en el pasado lo restringida que ha sido la aplicación del macrismo de la ESI, especialmente durante el largo tiempo que el poeta Esteban Bullrich fue ministro de Educación. Una encuesta de Libres del Sur, Mumalá y el Consejo Económico y Social daba cuenta de que se enseñaba poco en las escuelas y en los casos en los que se daba, el enfoque era absolutamente biologicista (vinculado a la genitalidad, las enfermedades de transmisión sexual, etcétera), cuando la ley apunta a enseñar sobre la violencia de género, la diversidad sexual y otra larga serie de cuestiones no abordadas por el Gobierno porteño.

Esta semana que pasó un grupo de legisladores junto a varias decenas de ONG presentaron un documento sobre el estado actual de la aplicación de la ESI. Allí dicen que claramente la educación sexual no viene siendo una política pública, sino que queda librada a la voluntad y/o capacidad de los docentes en cada caso. El documento advierte que el Gobierno porteño no desarrolló una política general de capacitación y que los institutos que tienen un buen programa, como el Joaquín V. González, no cuentan con el apoyo presupuestario para cubrir la demanda de todos los docentes. Tampoco hay en el proyecto de la UNICABA una línea específica que plantee la continuidad de esos programas.

Esto lleva a que la aplicación sea dispar y esté vinculada casi exclusivamente a cuestiones biológicas. “Entre otras cuestiones que actualmente no son tratados en los contenidos de formación ni en lo materiales pedagógicos del Ministerio de Educación se pueden mencionar los tabúes vinculados con el deseo sexual, la menstruación y los abortos no punibles”, indican.

En el caso de las escuelas de gestión privada, la falta de supervisiones pedagógicas por parte del Ministerio de Educación habilita que cada institución pueda exacerbar su propio ideario, muchas veces incluso promoviendo la difusión de contenidos contrarios a la ley de educación sexual integral”, remarcan. Claro, ¿qué se puede esperar de un jefe de Gobierno que consagra la Ciudad “al corazón de Jesús”?

Se puede esperar esto: Durante los doce años posteriores a la sanción de la Ley el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no creó un programa con la jerarquía suficiente para abarcar todas las instancias establecidas por la ley ni creó un área específica en la estructura ministerial que garantice y supervise su efectiva implementación en todos los niveles escolares”, advierten los firmantes. Y dan datos presupuestarios que dejan en claro la importancia que le dio el Gobierno macrista al tema: en el primer año de Mauricio Macri como jefe de Gobierno se le destinó el 0,0034% del presupuesto total del Ministerio de Educación a la ESI (un total de 72 mil pesos). Ese mismo año se redujo la partida en un 79 por ciento. Y el monto que quedó tuvo una subejecución del 56 por ciento. En conclusión: prácticamente nada.

En el primer año del Gobierno de Larreta la cifra destinada a la ESI fue 131 mil pesos. Respecto a la utilización de los escasos fondos ejecutados, el Gobierno de la Ciudad los ha destinado principalmente a contratar organizaciones de la sociedad civil que brindan talleres en escuelas, sin embargo no existe información sobre otras acciones ejecutadas”, indicaron las 60 ONG, gremios e instituciones públicas que firmaron el documento. No hay transparencia a la hora de saber de qué forma funcionan esos convenios. En el texto, señalan que en 2017 hubo solo 15 talleres en dos escuelas. En 2016 y en 2018, en tanto, no hubo ninguno.

La falta de transparencia se puede seguir en cuatro pedidos de informe que hicieron a lo largo de los 12 años distintos legisladores opositores. Lo que muestra este relevamiento es que si en los primeros años respondían y entregaban alguna documentación (en la época de Mariano Narodowski, primer ministro de Educación de Macri), luego fueron disminuyendo los datos que entregaban. Las respuestas empezaron a ser cada vez más difusas y sin información concreta. Por ejemplo: en 2016, al pedido que hicieron dos legisladores de Evolución y tres del Frente para la Victoria no les respondieron, entre otras cosas, cuáles escuelas fueron alcanzadas por la ESI en los últimos tres años, cuáles son las ONG que tienen convenios con el Ejecutivo, ni qué mecanismos utiliza el ministerio para garantizar la efectiva aplicación de la ley.

Pero, pese a la falta de respuestas, hay una fuente desde la cual el Gobierno porteño confirma cómo viene implementando la ESI. Se trata de una encuesta a docentes y alumnos que hizo durante los primeros meses de 2018 y que se puede consultar completa aquí. Si bien en la publicidad que le dan en la web del Ministerio de Educación se vanaglorian de que “nueve de cada diez alumnos mencionan haber trabajado sobre temas de educación sexual durante 2017”, cuando se observan los datos finos, se confirma la tendencia a tratar los temas biológicos sobre otros que plantea la ley:

* El 87% de los estudiantes afirmó haber trabajado temas vinculados con la ESI en 2017.

* Los estudiantes mencionan como principales temas trabajados los métodos anticonceptivos (mencionado por el 79%) y la prevención de Infecciones de Transmisión Sexual (73%).

* Solo el 49% de los docentes dicen haber trabajado temáticas vinculadas al Ni una menos.

* El 43% de los estudiantes indican que trataron las formas de relacionarse en la pareja.

* El 52% trató temas referidos a la identidad sexual.

* Un magro 42 por ciento tocó algún tema referido a equidad de género.

* El tema “perspectivas sobre el aborto” tiene un bajísimo tratamiento, tanto mencionado por docentes (21%) como por estudiantes (27%).

En mayor medida (58%) se vieron estos temas en las clases de biología, seguido por las jornadas escolares y las horas de tutoría. La encuesta del Gobierno porteño termina, entonces, por confirmar que la implementación de la ESI es parcial.

Un argumento repetido por los sectores que se oponen a la ley de interrupción voluntaria del embarazo es que es mejor reforzar la educación sexual, como si se tratara de etapas.

Casualmente, son los mismos sectores que se oponían a la educación sexual. Y, con estos datos, queda claro que lo mismo corre para el jefe de Gobierno consagrado al corazón de Jesús. Es falso que estos sectores estén dispuestos a mejorar la educación sexual para prevenir los embarazos no deseados. Lo demuestran cuando gobiernan. Y los hechos dicen mucho más que las palabras, y hasta que los rezos de los jefes de Gobierno.

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