BALOTAJE SORPRESIVO

El post-análisis del análisis

El lunes desperté en otra realidad. Daniel Scioli había ganado, pero por sólo dos puntos y medio. María Eugenia Vidal era la gobernadora electa de la PBA.

María Esperanza Casullo
El domingo me fui a dormir pensando que Daniel Scioli iba a ganar por ocho o nueve puntos y que Aníbal Fernández había ganado la provincia de Buenos Aires: habría ballottage, sí, pero la tendencia favorecía al Frente para la Victoria. Esta percepción era compartida por mis conocidos en todas las campañas: la decepción del Frente para la Victoria (FPV) era leve, y la alegría de Cambiemos era palpable pero mesurada.

El lunes desperté en otra realidad. Daniel Scioli había ganado, pero por sólo dos puntos y medio. María Eugenia Vidal era la gobernadora electa de la PBA. Cambiemos había ganado además una mayoría de municipios en la provincia de Buenos Aires más la gobernación de Jujuy. En la campaña de Cambiemos estaban extáticos y en el FPV el desconcierto había dado paso a las recriminaciones.

En mi diagnóstico previo -que estaba en línea con la presunción de ocho o nueve puntos o sobrepasar de manera ajustada los diez- hay que remarcar tres errores.

1. Subestimar la posibilidad del corte de boleta en la PBA.
Hace algunas semanas publiqué en El Estadista una nota en donde decía que los votos de María Eugenia Vidal en las PASO eran en realidad de Mauricio Macri y marcaba que no había habido un apreciable corte de boleta. Bueno, el corte de boleta existió y fue enorme. La fórmula presidencial de Cambiemos obtuvo 3.031.168 votos y la boleta de la gobernadora 3.478.505: es decir, sacó 400.000 votos más. Este resultado cambió toda la ecuación de la provincia de Buenos Aires y empujó, sin dudas, hacia arriba a los candidatos de intendentes de Cambiemos. (Por supuesto, con una ayuda del propio Frente para la Victoria que nominó como candidato a la provincia de Buenos Aires a un dirigente sin peso territorial propio y fuertemente polarizante.)

2. Esperar que se diluyera el voto de Massa. 
Este fue otro pronóstico errado. A la luz de los resultados de las PASO de los años 2011 y 2013 yo esperaba--como otros colegas--que entre las PASO y las generales los votos de la tercera opción (en este caso Massa) iban a distribuirse entre el primero y el segundo. Esto no pasó y Massa mantuvo su caudal de votos en ambas elecciones. Este fue otro factor que alteró la elección.

3. Sobreestimar el piso del Frente para la Victoria en la Provincia de Buenos Aires. 
En las PASO sonó un timbre de alerta con el guarismo obtenido por Scioli en su propio territorio: 40%. Este resultado era más bajo que el esperado por el FPV, que rondaba el 45%. Sin embargo, muchos pensábamos que una vez resuelta la interna a gobernador del FPV y en una elección en la que verdaderamente se jugaba el control de la principal provincia del país el peronismo conseguiría un par de puntos por sobre el 40%. Pues bien, como dijimos antes, no sólo esto no pasó sino que el resultado obtenido en lo que supuestamente era el territorio inexpugnable fue peor que el de las PASO. Probablemente incidieron aquí el descontento con el manejo (o desmanejo) que hizo el gobierno de Scioli de las inundaciones, además de, por supuesto, la muy buena campaña territorial y de fiscalización que organizó Cambiemos. Sin embargo, hay que recordar (algo que yo no hice) que el FPV en definitiva había perdido tres de las cuatro últimas elecciones en la PBA: en el 2009, en el 2013 y en el 2011.

Seguramente, además de estos tres, hubo más errores de análisis.

Ni las encuestas ni el análisis político pueden ni deben esperar hacer predicciones que acierten todo el tiempo: si así fuera y pudiéramos saber de antemano quien va a salir ganador siempre, no necesitaríamos elecciones. Esta incertidumbre sobre el decurso de la voluntad popular es el fundamento último de la democracia. Y la voluntad popular tiene sus sus tiempos, y sus razones, su corazón.

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