- Opinion
- 24.08.2026
Una ciudad antibonaerenses
Se acumulan las medidas del jefe de Gobierno para convertir al bonaerense en el enemigo público número uno de la Ciudad a la que viene a trabajar
Al principio, parecía un eslogan de campaña. Pero con el paso del tiempo, el gobierno de Jorge Macri viene trabajando en volver la ciudad cada vez más hostil para los tres millones de bonaerenses que vienen todos los días de la semana a trabajar acá, a comer acá, a dejar plata acá. Los tratamos como si fueran migrantes de un país pobre y nosotros fueramos Estados Unidos con su policía migratoria. Un muro, cobros mayores en el transporte, gastos si quieren usar sus hospitales, solo falta que les obliguen a usar una identificación de bonaerenses en la ropa. Todo, dentro de un mismo país donde se supone que somos todos argentinos y somos iguales. Pero, parecer, para ciertos gobernantes, algunos argentinos somos más iguales que otros.
La primera medida resonante de esta última tanda fue el muro. Como si del otro lado de la General Paz estuviera la barbarie, y de este la civilización (Sarmiento aprueba), el jefe de Gobierno anunció lo que publicitó como un muro contra la delincuencia y que en la práctica son controles vehiculares permanentes en todos los accesos de la General Paz como si fuera la frontera entre un país y otro. Me tocó pasarlos varias veces a pie. Como soy blanquito nunca me pararon, pero a los morochos en moto, los ponían en fila para revisarlos de arriba abajo. Fronteras sociales que ya no sorprenden, pero que no tendríamos que naturalizar.
Después vinieron los hospitales: que los bonaerenses tengan que pagar por usar un hospital público. La siguiente medida para la tribuna libertariana fue el Ecoparque. Con el cartel de “prioridad porteño”, anunciaron que si no vivís en la Ciudad, vas a tener que pagar por acceder a esos lugares que, hasta ahora, eran públicos. Y que eran disfrutados en buena medida por familias de las provincias. Un paso más hacia considerar al bonaerense una suerte de argentino de segunda o directamente un extranjero indeseable.
Le siguió la baja de la red Sube, para que tengan que pagar más si tienen que subir al subte. Esa medida disparó casi un 15 por ciento el costo que debe afrontar un trabajador que vive en el conurbano bonaerense y debe trasladarse a la Ciudad de Buenos Aires solamente para llegar a su puesto de trabajo. Esto afecta especialmente a los pasajeros que llegan a la Ciudad de Buenos Aires en tren y continúan su recorrido en subte. En esos casos, dejó de aplicarse el descuento del 50 por ciento sobre el segundo viaje. Fue un nuevo acto de discriminación contra los bonaerenses, que ya habían sido víctimas de la quita del sistema de descuentos para las líneas de colectivos locales.
Cada una de estas medidas intentan consolidar en el bonaerense una suerte de “enemigo interno” del porteño, que viene de más allá de las fronteras imaginarias de la General Paz a vaya a saber uno qué. La realidad que son medidas que joden a la enfermera que te atiende, al policía que vive en el conurbano pero trabaja acá, al docente que por ahí vive en Avellaneda. Y los ejemplos siguen.
El empeoramiento de la vida de tres millones de personas no nos habla de una prioridad para los porteños. Una prioridad porteños sería un mejor servicio de transporte, una mejor educación, una política de viviendas y de alquileres que mejore las condiciones de vidas, un trabajo sobre la población que vive en la calle. Para esos porteños, no hay ninguna prioridad.


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