La tarifa que duele: los colectivos del AMBA perdieron 28 millones de pasajeros en un año

El impacto de los aumentos tarifarios, que en algunos casos triplicaron la inflación, se refleja en la caída del 19,1% en la cantidad de viajes durante julio. Mientras el boleto en la provincia de Buenos Aires trepó más del 117%, los domingos se convirtieron en el día de mayor retroceso, con un desplome del 35,8% en la cantidad de usuarios.



El transporte público de pasajeros en el Área Metropolitana de Buenos Aires atraviesa su momento más crítico en términos de demanda. Durante julio de este año, los colectivos que recorren la región dejaron de emitir 28 millones de boletos en comparación con el mismo mes de 2025, una caída interanual del 19,1% que expone con crudeza el impacto de las sucesivas subas tarifarias sobre el bolsillo de los usuarios.

Los números, elaborados por la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), muestran que en julio de 2026 se vendieron 118,1 millones de pasajes, frente a los 146,1 millones registrados un año atrás. Pero detrás de esa estadística global se esconde un fenómeno más profundo: la caída no fue pareja ni en el territorio ni en los días de la semana, y revela una geografía de la desigualdad que castiga con mayor dureza a quienes viven en la periferia.

La brecha entre jurisdicciones es elocuente. Mientras que en la Ciudad de Buenos Aires la retracción de pasajeros durante los días hábiles fue del 7,2%, en las líneas que operan exclusivamente en la provincia de Buenos Aires el desplome se triplicó hasta alcanzar el 22,6%. Esta asimetría responde a la dispersión en los criterios de actualización tarifaria: en territorio porteño y bonaerense los aumentos son mensuales y se calculan sobre la base de la inflación más un 2% adicional, mientras que las líneas de jurisdicción nacional, que conectan ambos distritos, se actualizan con menor frecuencia.

El resultado es una disparidad que los empresarios del sector califican como insostenible. En julio de 2025, el boleto en las líneas nacionales costaba $451,01; en CABA, $488,70; y en la provincia, $489,61. Un año después, esos valores treparon a $742,81, $820,99 y $1.063,98, respectivamente. El incremento interanual en la provincia de Buenos Aires fue del 117,31%, casi cuatro veces por encima de una inflación anualizada que ronda el 33%. "Hay tres distritos y tres tarifas diferentes. Lo más lógico es unificar. No unificamos ahora ni la tarifa", cuestionó el director del Grupo Dota, Marcelo Pasciuto, quien advirtió que en una misma parada un pasajero puede abordar un colectivo que vale $742 y otro que le sale $1.150.

La crisis de la movilidad no se limita a los días laborales. El informe de AAETA revela que el ajuste en los viajes también se hace recortando el tiempo de ocio, las visitas familiares y el esparcimiento. Los domingos concentraron la mayor retracción: el promedio diario de pasajeros cayó de 3,18 millones a apenas 2,04 millones, una reducción del 35,8%. Los sábados no se quedaron atrás, con una baja del 21,3%, e incluso el feriado del 9 de julio registró una caída del 14,6%. En los días hábiles, en tanto, la merma fue del 17,3%.

Este escenario refleja que, ante la falta de recursos para afrontar los nuevos costos del viaje, miles de familias del AMBA se ven obligadas a limitar su movilidad exclusivamente a lo indispensable: ir y volver del trabajo. El encarecimiento del transporte tiene su correlato directo en las finanzas hogareñas. Según estimaciones del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el Conicet, el gasto mensual promedio de un hogar del AMBA destinado exclusivamente al transporte público saltó de $69.783 a $121.031 en un año, lo que representa un incremento del 73%.

Paradójicamente, la caída en la demanda no fue acompañada por una reducción proporcional en la oferta del servicio. Los kilómetros recorridos por las unidades disminuyeron un 8,9%, pasando de 28,6 millones a 26,1 millones. Al caer la oferta de recorridos a menos de la mitad de la velocidad en que cayeron los pasajeros, los colectivos circulan con menor ocupación promedio. Para las empresas, el panorama combina una demanda en retroceso con costos operativos que no se ajustan en la misma proporción.

El presidente de AAETA, Luciano Fusaro, resumió la situación con crudeza: el incremento de tarifas expresa "la peor situación" y "genera mal humor" entre los usuarios. "Eso expulsa pasajeros, porque el usuario, en relación al salario, la tarifa es cada vez más pesada. Algunos no lo pueden pagar: desisten, caminan", explicó en declaraciones radiales. Mientras tanto, el colectivo, otrora el gran igualador de la movilidad urbana, se convierte en un lujo que cada vez menos argentinos pueden permitirse.

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