Crisis diplomática: Brasil retiró a su embajador de Buenos Aires

El gobierno de Lula da Silva decidió bajar el vínculo con la Argentina al nivel mínimo de encargado de negocios y dejar sin fecha de regreso al embajador Julio Bitelli, luego de que Javier Milei volviera a agredir verbalmente al mandatario brasileño. La medida, calificada como inédita en décadas, expone el costo de una confrontación que el propio Ejecutivo argentino eligió profundizar.



La relación entre Argentina y Brasil atraviesa su momento más crítico desde el retorno de la democracia, y el origen del conflicto no admite demasiadas dudas: una seguidilla de insultos personales de Javier Milei contra Luiz Inácio Lula da Silva terminó de agotar la paciencia de Itamaraty. El propio gobierno brasileño resolvió esta semana retirar de manera indefinida a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y degradar el vínculo bilateral al rango de encargado de negocios, un formato diplomático que no se usaba entre ambos países hacía décadas.

La decisión se comunicó de manera formal en Brasilia, donde el canciller Mauro Vieira convocó al embajador argentino, Daniel Raimondi, para notificarle la resolución y solicitarle su regreso al país. Del lado brasileño, Bitelli —que ya había sido llamado a consultas tras las primeras agresiones de Milei— quedó sin fecha de retorno a la Argentina mientras el clima entre ambos gobiernos no cambie.

El detonante fue, otra vez, el propio Presidente argentino. En distintas entrevistas y actos públicos, Milei calificó a Lula de "ladrón", "corrupto", "presidiario" y "basura socialista", en medio de un discurso que además cuestionó instituciones brasileñas. Esas expresiones se sumaron a un antecedente concreto: el viaje del mandatario argentino a Brasil para respaldar públicamente a Flavio Bolsonaro, candidato opositor a Lula en las próximas elecciones presidenciales, un gesto que en Brasilia se interpretó como una injerencia directa en su proceso electoral.

Durante varios días, la diplomacia brasileña optó por la cautela y se limitó a llamar a consultas a su representante en Buenos Aires, en un intento por evitar una escalada mayor. Pero la insistencia del Presidente argentino en repetir los agravios contra Lula, incluso después de esos gestos de moderación, llevó a que el gobierno brasileño diera un paso que evitaba dar desde hacía años. Fuentes de Itamaraty explicaron que la rebaja de la relación se mantendrá mientras continúen los ataques de Milei, lo que deja abierta la puerta a una reversión si cesan las agresiones, pero también confirma que la responsabilidad de destrabar el conflicto quedó del lado argentino.

Lula, por su parte, evitó durante varios días responder de forma directa, hasta que lo hizo en un acto en Brasilia donde oficializó su candidatura a la reelección. Allí calificó de "payasada" la visita de Milei a suelo brasileño y remarcó que no piensa alterar el vínculo de Estado a Estado con la Argentina por las provocaciones personales del Presidente. También advirtió que no permitirá injerencias externas en la campaña electoral brasileña.

La respuesta del Palacio San Martín llegó en un comunicado en el que la Cancillería argentina, a cargo de Pablo Quirno, tomó nota de la decisión brasileña y la definió como "unilateral", además de lamentar que Brasil opte por "aislarse del resto de la región por cuestiones puramente ideológicas". Sin embargo, el comunicado evitó cualquier autocrítica sobre los dichos presidenciales que dispararon la crisis, una omisión que profundiza las dudas sobre la disposición del gobierno argentino a bajar el tono.



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