- Economía
- 15.07.2026
Título: Crisis en las panaderías: el pan resiste sin aumentos mientras el consumo se desploma y se multiplican los cierres
El sector atraviesa una de las crisis más duras de los últimos años, con desplome del consumo, costos en alza y miles de cierres en todo el país. Aunque esperaban un repunte estacional, las ventas apenas lograron dejar de caer y las cámaras decidieron postergar cualquier aumento.
La expectativa que suele acompañar a los meses de mayor consumo esta vez no se tradujo en ventas. Pese al movimiento habitual en comercios y consumo cotidiano, las panaderías no registraron una mejora y debieron conformarse con que la caída no se profundizara durante las últimas semanas. El factor que realmente contuvo la baja, según reconocen en el sector, fue el frío estacional, porque cuando sube la temperatura la demanda vuelve a retroceder.
En ese contexto se realizó una cumbre del sector que reunió a la Cámara de Industriales Panaderos de la provincia y a las regionales. Allí, pasadas las cuatro de la tarde y tras una larga deliberación, se resolvió postergar la actualización del precio sugerido del pan. La decisión fue avalada por la conducción de la cámara como una medida razonable ante la falta de dinero en la calle. La consigna que repiten los dirigentes es sostener la actividad al menos un mes más, aun absorbiendo mayores costos, porque los clientes ya no compran lo que desean sino lo que pueden pagar.
El cambio en los hábitos es contundente. El pan tradicional, que es el producto de mayor rotación, muestra un retroceso que oscila entre el 50 y el 60 por ciento, mientras que las facturas y los artículos de pastelería llegan a caer hasta un 80 por ciento según el relevamiento del encuentro, y hasta un 85 por ciento de acuerdo a mediciones difundidas por el sector en los últimos meses. La compra por kilo prácticamente desapareció y fue reemplazada por compras fraccionadas, por unidades o por el monto que el cliente tiene disponible para el día.
Esa dinámica se repite en todo el país. El titular del Centro de Panaderos de Merlo, Martín Pinto, describió que la mayoría de los locales hoy trabaja muy por debajo de su capacidad instalada, con apenas seis de cada diez máquinas en funcionamiento y heladeras apagadas para no tirar mercadería que no se vende. En muchos mostradores la oferta se redujo a dos o tres productos básicos y se produce únicamente por pedido, porque incluso la docena del día anterior con descuento dejó de tener salida.
Los números de fondo explican parte de la tensión. La venta de insumos para elaborar panificados se desplomó un 45 por ciento en el primer trimestre de 2026 respecto al mismo período del año anterior, un indicador que el sector toma como termómetro directo del freno en la producción. A eso se suma la presión constante sobre los costos: la bolsa de harina ajusta entre 3 y 4 por ciento cada mes, por encima del índice general de precios, y la materia grasa tuvo subas de hasta 8 por ciento en una sola semana. Las facturas de servicios completan el cuadro, con boletas domiciliarias que en las reuniones de la cámara se mostraron entre 200 mil y 350 mil pesos, mientras que en los comercios los montos industriales y comerciales son considerablemente más altos.
El resultado es un cierre masivo de persianas. Desde el sector estimaban en la última cumbre alrededor de 2.850 locales cerrados desde diciembre de 2023, aunque otros balances del mismo dirigente hablan de hasta 14.000 panaderías clausuradas en 18 meses en todo el territorio nacional, reflejo de un contexto recesivo, pérdida de poder adquisitivo y suba de costos operativos. La advertencia para este 2026 es que, de mantenerse la tendencia, se podría alcanzar un récord de cierres.
Por ahora, el precio de referencia seguirá sin cambios: 2.800 pesos el kilo en barrios del conurbano y alrededor de 3.500 pesos en zonas céntricas. En la cámara coinciden en que medidas vinculadas a los ingresos populares, como un refuerzo en la Asignación Universal por Hijo o en las jubilaciones, tienen impacto inmediato en el mostrador y podrían ayudar a revertir parte de la caída. Mientras tanto, los panaderos describen una postal que se repite cada tarde: menos jubilados comprando y más vecinos acercándose a pedir el pan que sobra al final del día, una escena que resume la profundidad del ajuste en el consumo cotidiano.
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