Crisis económica

Ajuste porteño: los ingresos pierden contra la inflación y crece la brecha social en CABA

Los datos de la Encuesta Trimestral de Ocupación e Ingresos confirman que el poder adquisitivo se contrajo durante el primer trimestre. Mientras el 30% más rico concentra más de la mitad de los recursos, la mitad de los hogares porteños debe endeudarse o gastar sus ahorros para cubrir la canasta básica en el distrito más rico del país.


La promesa de estabilidad y orden económico declamada tanto desde el ámbito nacional como por el Ejecutivo porteño choca de frente con la realidad de los bolsillos. El informe de la Encuesta Trimestral de Ocupación e Ingresos (ETOI), publicado por el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad (IDECBA), reveló que durante el primer trimestre de 2026 los ingresos de los hogares y de los trabajadores porteños perdieron terreno frente a la inflación real, profundizando un modelo de desigualdad estructural.

Aunque el ingreso total familiar promedio se ubicó nominalmente en $2.588.582 (un 35,9% de suba interanual) y el per cápita en $1.361.905, el propio organismo oficial advirtió que este crecimiento aparente fue traccionado casi con exclusividad por los estratos de mayores ingresos. Para la gran mayoría de la población de la Ciudad de Buenos Aires, el costo de vida avanzó más rápido que los salarios.

La brecha socioeconómica y el deterioro del Gini

El indicador más contundente del fracaso de las políticas de contención social en el distrito es el aumento del coeficiente de Gini, que mide la desigualdad (donde 0 es equidad perfecta y 1 es concentración absoluta). De acuerdo con el IDECBA, la distribución del ingreso presentó un marcado deterioro tanto a nivel individual como de los hogares.

La pirámide de ingresos en la Ciudad expone una asimetría alarmante:

- Estrato bajo: El 30% de los hogares con menores recursos apenas retiene el 12,4% de la masa total de ingresos.

- Estrato alto: El 30% de los hogares situados en la cima de la pirámide concentra el 53,2% de los recursos disponibles.

Esta transferencia y concentración de la riqueza se produce en un territorio gobernado bajo una lógica de recaudación eficiente pero con nula progresividad tributaria o redistributiva, complementando el esquema de ajuste fiscal que se impone desde la Casa Rosada.

Mercado laboral precarizado y desigualdad de género

En el análisis del mundo del trabajo, el ingreso promedio de la ocupación principal se situó en $1.572.277, lo que representa una suba interanual del 34,3%, un porcentaje que queda por debajo de la evolución de los precios en términos reales.

La precariedad laboral, lejos de corregirse, consolida dos realidades paralelas. Por un lado, los asalariados con aportes jubilatorios percibieron un promedio de $1.677.090. Por el otro, los trabajadores informales —que representan el 15,3% de la población asalariada de la Ciudad— apenas promediaron $1.047.417, quedando expuestos a situaciones de vulnerabilidad extrema. A esto se suma una persistente brecha de género: los varones registraron ingresos promedio de $1.716.432 en su ocupación principal, frente a los $1.421.252 de las mujeres, marcando una distancia del 17,2%.

Finalmente, las jubilaciones y pensiones, que explican el 20,8% de los ingresos no laborales en los hogares, alcanzaron un promedio de $843.607 (un 34,2% de incremento interanual), un haber que condena a la pobreza a una porción mayoritaria de los adultos mayores en el distrito.

Sobrevivir a base de deuda y ahorros

El dato que mejor ilustra la urgencia cotidiana de las familias porteñas es el método de financiamiento. Ante la insuficiencia de los ingresos corrientes, el 48,8% de los hogares de la Ciudad tuvo que recurrir a préstamos o al financiamiento —principalmente mediante el pago en cuotas o el saldo mínimo de las tarjetas de crédito— para cubrir sus gastos. En sintonía, el 35,5% debió desahorrar (utilizar reservas previas) para sostener su consumo básico.

La radiografía oficial expone una paradoja política: en la jurisdicción con el presupuesto por habitante más alto del país, las condiciones de vida se precarizan, la clase media se debilita y la brecha social se ensancha bajo la mirada pasiva de dos administraciones que comparten la misma matriz de insensibilidad económica.

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