- Opinion
- 14.06.2026
La Línea F: el subte que siempre está por empezar
Jorge Macri volvió a anunciar que la Línea F estará lista en 2031. Lo mismo que antes había prometido Horacio Rodríguez Larreta. Lo mismo que, mucho antes, también había anunciado Mauricio Macri.
Junio de 2026. El subte está lleno. En algunas estaciones el aire pesa, huele a humedad - o directamente a cloaca - y, en la Línea D, los azulejos siguen mojados como si el último arreglo millonario nunca hubiera ocurrido.
Mientras tanto, Jorge Macri volvió a anunciar que la Línea F estará lista en 2031. Lo mismo que antes había prometido Horacio Rodríguez Larreta. Lo mismo que, mucho antes, también había anunciado Mauricio Macri.
La Línea F es, probablemente, el proyecto de subte más anunciado y menos concretado de la historia porteña. Desde 2001 existe la Ley 670, que autoriza su construcción para unir Barracas, Constitución, Recoleta y Palermo. Desde 2013, SBASE estudia su factibilidad. Lleva veinticinco años siendo futuro.
El ciclo eterno
En 2013, año electoral, SBASE anunció que los estudios preliminares de la Línea F estarían terminados en 2015 y que el sucesor de Mauricio Macri sería quien la construyera. Spoiler: no hubo sucesor. Hubo Larreta. Y después, otro Macri.
En 2019, también año electoral, finalmente se llamó a licitación. Pero en 2022, con la misma naturalidad con la que suelen administrarse estas promesas, el proceso se dejó sin efecto.
Mientras tanto, en los presupuestos de 2021, 2022, 2023 y 2024, la Línea F apareció puntualmente con el mismo texto de cajón: “desarrollar la ingeniería para la licitación”. En esos cuatro años, Larreta prorrogó la apertura de la licitación diecinueve veces.
Jorge Macri llegó al Gobierno porteño prometiendo, otra vez, la Línea F. En 2025, año electoral, autorizó una licitación de consultoría para el proyecto de arquitectura e ingeniería. No la obra: el proyecto de la obra. El monto fue de $3.400 millones.
En abril de 2026 prorrogó la apertura de sobres para julio. En junio volvió a postergarla, esta vez para septiembre. En paralelo, envió a la Legislatura un proyecto de endeudamiento por hasta USD 1.350 millones para financiarla.
La cronología oficial dice que la obra civil comenzaría en agosto de 2026 y terminaría a fines de 2030. El servicio, según ese calendario, abriría en 2031. Pero si la historia sirve de algo como guía, ninguna de esas fechas parece demasiado obligatoria.
La anatomía del anuncio
Los anuncios de la Línea F tienen una estructura reconocible: aparecen cerca de los calendarios electorales, vienen acompañados por renders impecables y descansan sobre un financiamiento que todavía no existe. Cada gestión hereda la promesa, le suma una nueva capa de estudios, consultorías o plazos, y la devuelve intacta a la gestión siguiente.
El dato más revelador no es solo cuántas veces se anunció la Línea F. Es que, en casi trece años de gestión del PRO sobre el subte, ninguna ampliación de la red fue planificada, licitada y ejecutada desde cero por la Ciudad.
Las líneas que hoy circulan fueron construidas, licitadas o financiadas por la Nación. La Ciudad recibió en 2013 una red ya desarrollada y, desde entonces, se dedicó a inaugurar obras que otros habían dejado a medias, a no completar lo que faltaba - la Línea H todavía no llega ni a Pompeya ni a Retiro, como estaba previsto - y a anunciar lo que nunca empieza.
La falta de voluntad real, en este caso, también se puede medir. En 2025, mientras la Línea F volvía a ocupar titulares, Jorge Macri ejecutó apenas la mitad del presupuesto asignado a la Construcción, Ampliación y Modernización de la Red de Subterráneos: $156.802 millones sobre $311.872 millones sancionados.
Es decir, un recorte del 50% en la misma partida que debería financiar aquello que se anuncia.
El mientras tanto
Mientras la Línea F espera, la red existente se deteriora.
La Auditoría General de la Ciudad auditó en 2025 las obras de puesta en valor de las estaciones Palermo y Scalabrini Ortiz. El resultado fue contundente: filtraciones persistentes en ambas estaciones, cableado expuesto sin aislamiento, cerámicos pintados en lugar de revestidos y ausencia de señalización podotáctil, en incumplimiento de la normativa de accesibilidad vigente.
El objetivo principal del contrato era la impermeabilización. Sin embargo, las filtraciones siguieron.
Otra auditoría del mismo año revisó la concesión a EMOVA, la empresa que opera el servicio desde 2021. Allí se detectó un atraso del 32% en el cronograma de inversiones comprometidas, falta de un circuito formal de control de obras y penalidades que SBASE registró en una cuenta contable no prevista en el contrato, en lugar de descontarlas del subsidio mensual.
El resultado práctico es claro: el operador recibió más subsidio del que correspondía y no hay evidencia de que las multas hayan corregido las fallas detectadas. A esto se suma otro dato difícil de ignorar: el boleto aumentó 1.185% entre enero de 2024 y junio de 2026, contra una inflación acumulada del 565% en el mismo período. Es decir, subió más del doble que la inflación.
El Premetro, mientras tanto, funciona con la mitad de los coches que tenía hace veinte años.
El cuento sigue igual
Había una vez una Línea F. Tenía renders, cronograma, proyecto de ley para el financiamiento y promesas de apertura de licitación para septiembre de 2026. Lo que no tenía - lo que nunca tuvo - era una pala en la tierra.
En algún punto entre 2013 y hoy, la red de subte de Buenos Aires dejó de ser una promesa de crecimiento y pasó a convertirse en una infraestructura administrada en modo emergencia. El PRO recibió un sistema terminado, no construyó nada nuevo y entregó, gestión tras gestión, la misma Línea F que recibió: anunciada, licitada en papel y postergada sin culpa.
Mientras tanto, millones de personas viajan todos los días en estaciones con filtraciones, con una tarifa que no deja de subir y en una red que tiene apenas 56 kilómetros de extensión: menos de la mitad que el metro de Santiago de Chile, inaugurado cuarenta años después. La Línea F sigue siendo, por ahora, eso: un cuento repetido demasiadas veces.


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