- Opinion
- 26.05.2026
Tormenta Negra: ICE llega a Buenos Aires
El gobierno porteño lanzó una razzia sobre los barrios populares. Los narcos salieron invitos, pero se llevaron vecinos por no andar con el DNI. Hasta la Iglesia lo condenó.
Hay una clave para esta noticia: Jorge Macri quiere parecerse lo más posible a Patricia Bullrich para no perder las elecciones contra ella. No bastó con estimatizar a las personas en situación de calle, con perseguir vendedores ambulantes o con hacer un contador con la cantidad de personas que desalojan. Había que hacer algo más fuerte. Así que hicieron una megarazzia en todas las villas. Y le pusieron “Tormenta negra” (¿en serio? ¿quién le pone esos nombres a los operativos?). Fue una irrupción a lo ICE, con denuncias de que la policía entró de la peor manera, llevándose gente por portación de cara. El jefe de Gobierno lo condimentó con frases contra los extranjeros e incluso contra los bonaerenses. Se ganó el repudio, incluso, de la Iglesia católica argentina.
Fue el jueves 15, cuando el Gobierno porteño desplegó más de 1500 polícias con todo tipo de armas, vehículos y helicópteros para irrumpir durante la madrugada en 15 barrios populares porteños. De noche y con violencia. Según los comunicados del Gobierno porteño, todos cargados de adjetivos como “espectacular”, el resultado fue la clausura “25 comercios, en su mayoría de venta de celulares presuntamente robados, o salitas médicas ilegales”, el secuestro de “113 motos y 64 autos” y la identificación de siete “contraventores por ‘uso de arma impropia’ (cuchillos, facas, entre otras)”. "El que venga de afuera a molestar a los porteños que sepa que lo vamos a meter en cana. Y si es extranjero que tenga la certeza de que lo mandamos de vuelta a su país”, lanzó Jorge Macri sobre los migrantes.
Pero no se quedó ahí, y también le tiró a los bonaerenses: “No queremos que lo peor del conurbano se instale entre nosotros”, afirmó. “No hay distinción: personas, autos, motos, comercios ilegales que venden celulares robados o materiales para la construcción en villas. Todo eso no va. Los vamos a buscar con todo el peso de la ley”, se plantó, como si fuera un episodio de La ley y el orden.
Pero los relatos de los vecinos de las villas cuentan otra historia: hechos de violencia institucional, disparos con armas de fuego y un marcado sesgo racista. En la 31 y en la 21-24 la persecución fue hacia los cartoneros, a quienes les secuestraron sus vehículos. También cayeron en la redada los pibes que intentaron filmar con sus celulares a la policía.
También dicen los propios vecinos que semejante despliegue policial dejó intactos los búnkeres narcos, que los capos narcos salieron invictos, mientras que –por ejemplo- un grupo de 80 cartoneros y, en particular, dos nenas de 14 años (cuyo delito, al parecer, era ser hijas de un cartonero) eran cacheadas y vejadas por la policía. “No se reventó ningún búnker narco. Si uno se quiere comprar una bolsa, va y lo hace, ellos siguen ahí. Estos vinieron por el ambulante, por el más pobre”, decía un testimonio que logró recabar Tiempo Argentino. Mientras algunos medios festejaban que se le secuestraban las garrafas a los vecinos, una se preguntaba: “¿qué quieren? ¿Qué volvamos a cocinar a leña?”.
El bloque de legisladores porteños de Fuerza por Buenos Aires destacó en su comunicado lo ineficaz que fue el operativo en términos de seguridad (que son los que defiende el Gobierno porteño): “En términos de seguridad, el operativo fue un rotundo fracaso. Se desplegaron más de 1500 efectivos de la Policía de la Ciudad en 15 barrios populares, una cantidad innumerable de patrulleros y vehículos policiales, y hasta un helicóptero sobrevolando determinadas zonas. Un gasto desproporcionado y sin ningún objetivo. Todo ello para detener a 27 personas, en muchos casos al azar. Un despliegue absolutamente inconsistente con cualquier objetivo de política criminal serio”. ¿La conclusión? Que quisieron montar un show pero en vez de ir a Hollywood usaron las villas porteñas como escenario.
Se dio cuenta hasta el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, que hizo una misa en la Villa 31 para repudiar el operativo “Tormenta Negra”. Dijo: “Para quienes hemos experimentado la vida en los barrios, y para los vecinos, tormenta negra se llama el narcotráfico, tormenta negra se llama la falta de trabajo, tormenta negra se llama cuando el Estado se retira, tormenta negra se llama cuando los pibes no tienen posibilidades. Eso es tormenta negra y hace décadas que la sufren nuestros barrios”.
Va a ser interesante la próxima vez que Jorge Macri intente concurrir a un Te Deum que oficia García Cuerva. Es hoy mismo.
Fue el jueves 15, cuando el Gobierno porteño desplegó más de 1500 polícias con todo tipo de armas, vehículos y helicópteros para irrumpir durante la madrugada en 15 barrios populares porteños. De noche y con violencia. Según los comunicados del Gobierno porteño, todos cargados de adjetivos como “espectacular”, el resultado fue la clausura “25 comercios, en su mayoría de venta de celulares presuntamente robados, o salitas médicas ilegales”, el secuestro de “113 motos y 64 autos” y la identificación de siete “contraventores por ‘uso de arma impropia’ (cuchillos, facas, entre otras)”. "El que venga de afuera a molestar a los porteños que sepa que lo vamos a meter en cana. Y si es extranjero que tenga la certeza de que lo mandamos de vuelta a su país”, lanzó Jorge Macri sobre los migrantes.
Pero no se quedó ahí, y también le tiró a los bonaerenses: “No queremos que lo peor del conurbano se instale entre nosotros”, afirmó. “No hay distinción: personas, autos, motos, comercios ilegales que venden celulares robados o materiales para la construcción en villas. Todo eso no va. Los vamos a buscar con todo el peso de la ley”, se plantó, como si fuera un episodio de La ley y el orden.
Pero los relatos de los vecinos de las villas cuentan otra historia: hechos de violencia institucional, disparos con armas de fuego y un marcado sesgo racista. En la 31 y en la 21-24 la persecución fue hacia los cartoneros, a quienes les secuestraron sus vehículos. También cayeron en la redada los pibes que intentaron filmar con sus celulares a la policía.
También dicen los propios vecinos que semejante despliegue policial dejó intactos los búnkeres narcos, que los capos narcos salieron invictos, mientras que –por ejemplo- un grupo de 80 cartoneros y, en particular, dos nenas de 14 años (cuyo delito, al parecer, era ser hijas de un cartonero) eran cacheadas y vejadas por la policía. “No se reventó ningún búnker narco. Si uno se quiere comprar una bolsa, va y lo hace, ellos siguen ahí. Estos vinieron por el ambulante, por el más pobre”, decía un testimonio que logró recabar Tiempo Argentino. Mientras algunos medios festejaban que se le secuestraban las garrafas a los vecinos, una se preguntaba: “¿qué quieren? ¿Qué volvamos a cocinar a leña?”.
El bloque de legisladores porteños de Fuerza por Buenos Aires destacó en su comunicado lo ineficaz que fue el operativo en términos de seguridad (que son los que defiende el Gobierno porteño): “En términos de seguridad, el operativo fue un rotundo fracaso. Se desplegaron más de 1500 efectivos de la Policía de la Ciudad en 15 barrios populares, una cantidad innumerable de patrulleros y vehículos policiales, y hasta un helicóptero sobrevolando determinadas zonas. Un gasto desproporcionado y sin ningún objetivo. Todo ello para detener a 27 personas, en muchos casos al azar. Un despliegue absolutamente inconsistente con cualquier objetivo de política criminal serio”. ¿La conclusión? Que quisieron montar un show pero en vez de ir a Hollywood usaron las villas porteñas como escenario.
Se dio cuenta hasta el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, que hizo una misa en la Villa 31 para repudiar el operativo “Tormenta Negra”. Dijo: “Para quienes hemos experimentado la vida en los barrios, y para los vecinos, tormenta negra se llama el narcotráfico, tormenta negra se llama la falta de trabajo, tormenta negra se llama cuando el Estado se retira, tormenta negra se llama cuando los pibes no tienen posibilidades. Eso es tormenta negra y hace décadas que la sufren nuestros barrios”.
Va a ser interesante la próxima vez que Jorge Macri intente concurrir a un Te Deum que oficia García Cuerva. Es hoy mismo.


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