Victoria Villarruel y la polémica por el megatemplo mormón en el corazón histórico de Buenos Aires

La Justicia porteña revocó una medida cautelar que frenaba la construcción de un centro religioso de 14.500 metros cuadrados en una manzana donde se levanta uno de los conventos más antiguos de la ciudad. La vicepresidenta se expresó en redes sociales, mientras el Arzobispado y organizaciones patrimoniales insisten en el impacto irreversible sobre los vestigios coloniales.

La manzana que forman las calles San Martín, Viamonte y Reconquista con la avenida Córdoba podría sintetizar varios siglos de vida porteña en apenas una cuadra. Allí se alza el Monasterio de Santa Catalina de Siena, el primer convento de mujeres construido en Buenos Aires, cuyas obras comenzaron en 1738, cuando el actual microcentro era apenas un caserío resguardado de las crecidas del Río de la Plata. La iglesia que lo acompaña y los restos de dos cementerios coloniales que funcionaron en el terreno constituyen testimonios casi únicos de la época virreinal. Sin embargo, ese mismo lugar es hoy el epicentro de un enfrentamiento urbanístico, patrimonial y hasta político, desatado por el proyecto de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, más conocida como mormona, para levantar un megatemplo de 14.500 metros cuadrados en esa misma parcela.



La controversia, que se extiende por más de quince años, dio un giro inesperado cuando la Sala IV de la Cámara de Apelaciones porteña resolvió por unanimidad revocar la medida cautelar que desde diciembre de 2025 mantenía paralizada la iniciativa. Con el aval de la justicia, la iglesia fundada en Salt Lake City quedó habilitada para continuar los trámites administrativos a fin de concretar una obra que prevé un templo de 9.000 metros cuadrados sobre la avenida Córdoba, un edificio de oficinas sobre la calle Viamonte y una plaza pública que, según los impulsores, representará el 60% del predio y se convertirá en uno de los pulmones verdes más importantes del microcentro. No obstante, el proyecto aún debe sortear instancias administrativas y eventuales apelaciones antes de que pueda excavarse el primer metro de tierra.

Quienes se oponen a la construcción, encabezados por la ONG Basta de Demoler y el propio Arzobispado de Buenos Aires, sostienen que las dimensiones del templo y la excavación para estacionamientos subterráneos ponen en riesgo la integridad estructural del convento y la iglesia del siglo XVIII, ambos declarados Monumento Histórico Nacional. Cecilia Arias Usandivaras, abogada de la asociación civil que impulsó el amparo, enfatiza que la preocupación no es religiosa sino patrimonial, y alerta sobre la humedad, la falta de sol y el peligro que las vibraciones de la obra podrían generar en edificios levantados con materiales muy anteriores al cemento armado. También el Arzobispado expresó su malestar: “En una manzana histórica no es bueno construir algo de esas dimensiones, sabiendo el valor arqueológico del terreno”, señalaron fuentes eclesiásticas consultadas por Infobae, que recordaron la existencia documentada de dos cementerios coloniales en el subsuelo.

La discusión alcanzó un insólito nivel institucional cuando la propia vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, se pronunció a través de su cuenta en la red social X. Tras aclarar que su jurisdicción como funcionaria nacional no le permite intervenir en decisiones urbanísticas de la Ciudad de Buenos Aires, la también abogada expresó su repudio al proyecto: “Me parece espantoso que se arruine así el casco histórico y con mucho respeto los mormones no tienen mucho que ver con la Argentina”. Las declaraciones de Villarruel, que no ocultó su inclinación por el catolicismo tradicionalista, agregaron un condimento político a una polémica que hasta entonces se dirimía en tribunales y en las reuniones de vecinos.

Mientras la Iglesia católica observa con preocupación lo que considera una alteración irreversible del paisaje histórico, el credo mormón defiende su derecho a construir y subraya que respetará todos los protocolos arqueológicos. El gerente del proyecto, Nicolás del Sero, confía en que la obra podrá iniciarse en los próximos meses y estima que demandará entre cuatro y seis años. La manzana de Santa Catalina, que fue hospital improvisado durante las Invasiones Inglesas y albergó a religiosas de clausura durante casi tres siglos, sigue siendo hoy un campo de batalla entre el fervor por preservar las raíces coloniales y la ambición de una iglesia que, con el respaldo judicial y la promesa de un gran espacio verde, aspira a dejar su impronta en el centro de Buenos Aires.

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