SERVICIOS PÚBLICOS

Basura en la Ciudad: un sistema de recolección caro y fuera de control

El gasto en higiene urbana alcanzará $1,09 billones en 2026, un 32% más que el año anterior. La presidenta de la Auditoría General porteña señaló irregularidades en los contratos y alertó sobre la falta de control del Estado sobre las empresas concesionarias.

La Ciudad de Buenos Aires gasta cada vez más en recolección de residuos, y cada vez está más sucia. Esa paradoja, que los vecinos conocen de primera mano, tiene ahora respaldo en números oficiales y en la voz de la propia Auditoría General porteña.
La presidenta del organismo, Mariana Gagliardi, publicó esta semana una serie de posteos en la red social X en las que analizó el funcionamiento del sistema de higiene urbana y advirtió sobre el crecimiento sostenido del gasto en recolección de residuos, al tiempo que señaló falencias graves en los mecanismos de control sobre las empresas privadas que prestan el servicio.



El trasfondo del planteo de Gagliardi es el reconocimiento público del propio jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, de que el sistema de higiene urbana de la Ciudad no funciona. Una admisión que, lejos de sorprender, vino a confirmar lo que vecinos y vecinas vienen denunciando desde hace tiempo: la limpieza se convirtió en un problema cada vez más visible en Buenos Aires.

Un contrato millonario que no para de crecer

Los datos del presupuesto porteño son contundentes. En 2025, el sistema de recolección de residuos tuvo una asignación de $825 mil millones. Para 2026, ese monto asciende a $1,09 billones, lo que implica un incremento del 32% en apenas un año. Para ponerlo en perspectiva: el sistema de recolección representará cerca del 6% de todo el presupuesto de la Ciudad el año próximo, convirtiéndose en uno de los contratos más grandes de toda la administración local.
El peso institucional del área también es significativo. La Secretaría de Higiene Urbana concentra casi la mitad de la estructura del Ministerio de Espacio Público e Higiene Urbana y desde allí se gestionan la limpieza urbana, el sistema de reciclado, la fiscalización del servicio y distintos permisos vinculados al funcionamiento del sistema. Es decir: mucho dinero, mucha burocracia y, según los vecinos, pocos resultados.

Tercerizado, pero sin control

El servicio de recolección de residuos está en manos de empresas privadas. El Estado porteño no lo opera directamente: delega la tarea en concesionarias y mantiene, en teoría, la responsabilidad de supervisar el cumplimiento de los contratos. Pero es justamente ahí donde el sistema muestra sus grietas más profundas.
Gagliardi recordó que informes de la propia Auditoría detectaron irregularidades tanto en la gestión del contrato de basura como en su prórroga. Los hallazgos plantean interrogantes serios sobre la capacidad —o la voluntad— del Gobierno de la Ciudad para controlar a las empresas que prestan un servicio esencial para la vida cotidiana de millones de personas.
"Cuando el Estado delega servicios pero no controla a las empresas, pasan estas cosas: más gasto y peor servicio"
— Mariana Gagliardi, presidenta de la AGCBA

Mucho presupuesto, pocos resultados

El debate sobre la limpieza urbana vuelve a instalar una discusión más amplia sobre la gestión de los servicios públicos en la Ciudad. Y los datos dejan poco margen para la ambigüedad: el problema no parece ser la falta de recursos. El sistema de recolección de residuos es uno de los más costosos del presupuesto porteño y sigue creciendo año a año.
La cuestión de fondo, tal como lo planteó la titular de la Auditoría, pasa por la capacidad real del Estado para gestionar y controlar un servicio esencial. Mientras el gasto aumenta y las licitaciones se renuevan con irregularidades documentadas, la percepción de los vecinos es cada vez más clara: Buenos Aires está más sucia.

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