- Opinion
- 05.01.2026
OPINIÓN
"Gatillo fácil cada vez más instalado en la Policía de la Ciudad", por Werner Pertot
El asesinato de un vecino de Lugano en Navidad, sumada a otras denuncias cercanas, habla de un desmanejo de los policías porteños a la hora de disparar a todo pobre que pase por ahí.
Gatillo fácil por vocación
Pena de muerte sin delinquir.
Enfrentamientos que no existen
Defensa propia que no convence
Cuidate si andas por la calle
La yuta te puede cazar.
(Malón, Gatillo fácil. 1995).
Escena 1: Un agente de la Policía de la Ciudad choca a un motociclista en Morón y se fugó. Luego va a la comisaría de Morón y al encontrarse con la familia de la víctima, saca el arma y mata al primo del atropellado.
Escena 2: en Chilavert y Araujo, un albañil con el torso desnudo se defiende como puede de los golpes de un grupo de policías hasta que uno de ellos le dispara con una escopeta a quemarropa y lo mata.
Escena 3: en Constitución, la Policía de la Ciudad interviene en una pelea entre dos personas y un policía dispara su arma sobre una de ellas.
En una columna anterior dije que el Gobierno porteño no se puede hacer responsable de todas las conductas de los policías. Pero cuando esas conductas hacen sistema se cumple la frase de la CORREPI: “No es un policía, es toda la institución”.
El Gatillo fácil es un problema de larga data: solo basta ver el año en la que se hizo la canción de heavy metal que sirve de acápite de esta columna. El Ministerio de Seguridad de la Ciudad comunicó que pasó a disponibilidad al oficial que mató al vecino de Villa Lugano en Navidad.
Dijo que la decisión fue para “facilitar la investigación”, aunque remarcó que “a la Policía se la debe respetar y no se la puede agredir”. Este mensaje, lejos de alejar a los policías de las peores prácticas, se acerca más a una convalidación de lo actuado.
La Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) denunció el caso como gatillo fácil: el policía asesinó de un balazo a Gabriel González, vecino de la villa 20, e impidieron que lo asistieran. También denuncia que fue baleada en la pierna su mujer. La red Mapa de la Policía hizo la reconstrucción y se lo ve a González discutir con varios policías. No portaba armas, estaba descalzo y tenía el torso desnudo. Las famosas fuentes policiales luego quisieron ubicar un cuchillo imaginario que nunca estuvo en sus manos.
Según el relato policial, se acercaron a la villa 20 por disturbios y fueron recibidos con piedras y botellazos. Aún en el supuesto de que todo fuera cierto, nada permite el uso de la fuerza letal. No, tampoco el cuchillo fantasma. González, según se supo después, ni siquiera tenía participación en el conflicto, sino que se acercó porque pensó que estaba en riesgo su hijo.
Aunque parezca joda, la que actuó se llama División de Unidad Táctica de Pacificación. Para empeorar, la autopsia arrojó datos peores: le dispararon con postas de plomo tan a quemarropa que el cartucho de la escopeta no se llegó a abrir (normalmente, tienen un radio de despliegue de los perdigones de plomo). En cambio, en este caso el que le disparó estaba tan cerca que le entró entero al cuerpo y las postas se desperdigaron ya dentro del organismo.
Una herida de 14 cm de diámetro, el tamaño de un rollo de papel higiénico, dice la autopsia. Por orden de la jueza Laura Bruniard el policía que hizo el disparo fue detenido en San Martín. Se trata del oficial primero de la Policía de la Ciudad Gastón Miño, que ya había sido pasado a disponibilidad y que ahora enfrena un proceso por homicidio agravado. La otra oficial investigada por realizar seis disparos, al igual que Miño, es Vanesa Valentini.
“El caso reúne de manera inequívoca las características propias del gatillo fácil”, sentenció un comunicado de la Asociación Argentina de Juristas (AAJ) y aseguró que lo ocurrido constituye “una gravísima violación a los derechos humanos fundamentales“. Los organismos de derechos humanos suman datos sobre cómo se viene aplicando esa política de forma sistemática: desde el 1° de enero de 2017, fecha en la que se creó la Policía de la Ciudad, el total de casos de gatillo fácil llegó a las 168 víctimas.
Ante este escenario, la frase “a la policía se la respeta” no nos habla de unas autoridades que estén preocupadas por la secta del gatillo alegre.
Para empeorar las cosas, CORREPI y AMMAR denunciaron otro caso en el barrio de Constitución, dos días después del de Lugano. Un hombre llamado Victor Vargas murió de tres disparos que habrían venido del oficial primero de la policía de la Ciudad Santiago Barrientos.
De acuerdo con la activista Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR, la agresión policial ocurrió alrededor de las 14.30 entre las calles Salta y Constitución. Según Orellano, los agentes de la comisaría 1C intervinieron en un conflicto callejero entre dos hombres, uno de ellos en situación de calle y otro residente de un hotel familiar de la zona. Según reportaron testigos, uno de los oficiales sin mediar palabra tiró a matar al segundo de ellos. Fue un disparó a la cabeza y dos al tórax, a corta distancia. ¿Es lo que dice el manual policial para disolver un conflicto entre dos personas?
Los casos se siguen multiplicando sin que haya un control efectivo civil sobre el accionar de personas a las que la sociedad les dio armas para que los protejan, no para que hagan una suerte de “limpieza social” ilegal en los barrios más pobres.
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