CIUDAD

"La Parrilla de Perú 160", por Werner Pertot

La legisladora Ofelia Fernández llamó la atención sobre un hecho que está naturalizado: la total plancha que hace hace años la Legislatura porteña sobre los problemas de la Ciudad, excepto cuando son trámites inmobiliarios.

Transcurría otra aburrida sesión en la Legislatura, que –desde hace casi una década- cuenta con una mayoría asegurada para Horacio Rodríguez Larreta que permite que nunca se trate ningún tema que pueda incomodar al jefe de Gobierno y que, cuando el Ejecutivo quiere algo, se aprueba como… bueno, como en una escribanía, para usar una metáfora tan querida por el PRO. Y lo de la escribanía acá vale doble: porque muchas de las leyes que se pasan son inmobiliarias. Trascurría, decíamos, una visita del jefe de Gabinete, Felipe Miguel, cuando Ofelia Fernández decidió mover un poco el avispero. Primero cuestionó que sean sesiones de “preguntas sin respuestas”. Luego se preguntó “para qué tenemos que aprobar leyes para que las inmobiliarias vendan departamentos que quedan vacíos” y lo contrastó con la crisis habitacional en la Ciudad. Recordó que el proyecto suyo duerme el sueño de los justos y se trata de un tema menor: cómo comen los niños y niñas en las escuelas. “Para humo, ponete una parrilla”, completó.

Lo que Ofelia Fernández señaló es algo que hace años está naturalizado: la Legislatura está colonizada por el PRO, así como el Poder Judicial porteño (pero eso es materia, en todo caso, de otra columna). Es decir que hace décadas un partido gobierna el Ejecutivo porteño, por mandato popular, pero también maneja de una u otra manera las decisiones de los otros dos poderes del Estado: tiene un Tribunal Superior de Justicia con mayoría larretista y tiene una Legislatura también con mayorías que impiden cualquier disidencia.

La oposición porteña hace tiempo que no encuentra la forma de revertir esto. Por ejemplo, ante un fallo del Tribunal mencionado que se cargaba la Constitución porteña y el derecho a la educación de niños y niñas de menos de 4 años, optaron por presentar un juicio político a estos jueces larretistas. Fue simbólico: el juicio no avanzó ni un centímetro. Otro tipo de acciones, como interpelaciones de ministros, que eran materia común ante casos graves durante el gobierno de Mauricio Macri, hoy están totalmente clausuradas.

Ni hablar de un proyecto que no interese a Larreta. Se puede ver con el ejemplo que dio Ofelia Fernández: presentó una reforma de los comedores escolares, con el apoyo de decenas de cooperadoras… y murió en un cajón.

En cambio, cualquier proyecto de torres –como también recordó Ofelia- pasa de inmediato de la comisión al recinto y su ruta. Recién hace poco, la oposición y distintas organizaciones de la sociedad civil intentaron valerse de las iniciativas populares para cambiar este statuo quo. La primera que entró en la historia de la Ciudad fue la de Costa Salguero. La Legislatura está obligada a tratarla en el plazo de un año. Por ahora, no parece que exista ningún apuro.

Todo esto, pareció eclosionar en la catarsis que hizo la legisladora: “Ojalá hoy, por primera vez, nos respondas algo. En lo posible que sea cierto y sin mentirnos, señor jefe de Gabinete. Para humo, ponete una parrilla o arma un fogón con tus amigos”, fue una de las frases que le dedicó.

“Lo que necesitamos ahora es que nos respondas con transparencia. Desde que estoy acá en la Legislatura, y cada vez que apareciste para hablar, me fui decepcionada”, dijo e ironizó sobre que no tienen tiempo para ocuparse de las empresas que tienen irregularidades en el sistema de comedores escolares “porque están muy preocupados prohibiendo el lenguaje inclusivo (debe ser agotador)”.

La expresión que usó Ofelia Fernández para referirse al statuo quo de la Legislatura fue “jugamos a la Legislatura”. Es un hacer de cuenta que es un organismo plural y colegiado, cuando en realidad está gobernado por una única voluntad. También dijo que desde que entró a la Legislatura es “torre por acá”, “torre por allá”. Y se preguntó si la población de la Ciudad se mantiene estable (3 millones de personas), pero la calidad de sus viviendas viene cayendo hace décadas, ¿qué está haciendo la Legislatura aprobando grandes proyectos inmobiliarios a los que solo podrán acceder los muy ricos? “¿Por qué es nuestro trabajo ayudar a las inmobiliarias a vender departamentos vacíos?”, se preguntó la legisladora.

Me pareció una buena postal de cómo existe hoy la Legislatura, muy lejos del lugar de disputa de proyectos políticos que supo ser durante los gobiernos de Aníbal Ibarra o Mauricio Macri. Hoy está en una suerte de letargo que, de todas formas, es resultado también de decenas de elecciones legislativas que el PRO y sus aliados ganaron. No hay otra forma de revertir ese escenario para la oposición que no sea a través de los votos. No existen soluciones mágicas.

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