GASTRONOMÍA

Reabre la histórica confitería La Ópera que fue remodelada

Fue fundada en 1928 y está manejado por los mismos dueños desde hace 50 años, propietarios también de La Giralda, decidieron ponerlo en valor.


Después cinco meses cerrada, la emblemática confitería La Ópera de la esquina de Corrientes y Callao, está lista para reabrir. Se convertirá en un bar y restaurante con platos gourmet, tragos  de autor y café expressos preparados por baristas.  
 
La idea es que mañana miércoles pueda ingresar el público en general.  Estará abierto desde las 7 de la mañana, promete que los sábados y domingos abrirá las 24 horas. Ubicado en el límite entre Balvanera y San Nicolás, para no despertar disputas, cita en sus renovados vidrios su pertenencia a ambos barrios.
 
Este histórico bar fue fundado en 1928, llama la atención que no sea considerado un Bar Notable. Por sus mesas han pasado toda clase de intelectuales, ubicado casi en diagonal a La Academia, a dos cuadras de lo que fue La Paz, Ondine, Astral y Pernambuco. Guarda en sus paredes historias de Buenos Aires desde antes que se creara el Obelisco.
 
Sus dueños son Gabriel García, segunda generación de gastronómicos y Nicolás Marqués, tercera generación. Pero el creador de La Ópera es José García, padre de Gabriel, se hizo cargo del bar en 1972 y desde hace 50 años esta familia conduce los destinos de La Ópera.
 
Cuando La Giralda cerró en 2018, decidieron alquilar el lugar y quedarse con la marca. Realizaron una gran inversión y pusieron en valor, unos de los bares más buscados por su chocolate con churros. Atravesaron la pandemia con las persianas bajas y recién el año pasado pudieron reabrirlo. Ahora aprovechan la alianza de marcas y abren un take away de La Giralda sobre Corrientes.
 
Cuando terminaron con la obra de La Giralda se decidieron a poner en valor a La Ópera. Contrataron al mismo estudio de arquitectos Pereiro-Cerrotti & Asociados, los especialistas que están remodelando la confitería La Ideal, que están trabajando en la reapertura del bar La Puerto Rico y dejaron su sello en La Giralda, El museo del Jamón, El Petit Colón, El Club Español y la primera remodelación de La Paz.
 
El arquitecto Gustavo Ferrotti, cuando inició la obra contó a BAE Negocios: “Comenzamos un trabajo de remodelación, desarmamos el cielo raso de yeso y apareció la estructura original que es muy interesante y queda muy bella a la vista, es de hierro y hormigón”.
 
El cartel blanco de La Ópera fue reemplazo y tiene letras rojas, sigue ubicado al frente, justo en la esquina de Corrientes y Callao. Debajo de su nombre se aclara Bar Restaurante desde 1928. En sus ventanas, escribieron: La esquina de Buenos Aires, esquina con historia, San Nicolás, Balvanera. En la parte exterior que da a Callao, cuentan que son los mismos dueños de La Giralda.
 
El salón está dividido en dos, la parte que da a Corrientes ofrece unas pocas mesas para cafetería y el resto del salón que da a Callao es para almuerzos o cenas. Todo está pensado, las sillas más cómodas y acolchadas están en el espacio destinado como restaurante. El área de bar, tiene sillas no tan confortables, antes todas las sillas eran iguales. La barra se remodeló completa, pero tampoco está pensada para acordarse.  Mantiene su reloj, rodeado de algunas botellas de bebidas alcohólicas. Desde su barra saldrán cerveza tirada y tragos clásicos y de autor.
 
Para el restaurante contrataron a Susana Vera, quien trabajó en la cocina del hotel Sofitel. Resume el alma de este nuevo restaurante que utilizará técnicas de la cocina francesa con un toque de hogar. Ofrecerán desde 16 variedades de pizza a la piedra a un lomo con reducción de salsa demi glace de hogos y papas torneadas. Recomiendan la pizza La Ópera con mozzarella, queso brie, bocconcini y albahaca.
 
Las paredes de La Ópera guardan fotos de antaño, igual que publicidades de otras épocas. Enrique Santos Discépolo era habitué de Los Galgos, pero no se privaba de ir también a La Ópera.
 
Los dueños buscan renovar el público, sumar nuevos clientes en estas épocas en las que la pandemia cambió casi todos los hábitos. Apostaron a renovar un bar en una de las esquinas porteñas más emblemáticas, invirtieron pese a que los últimos tiempos no fueron buenos para el sector gastronómico. Pero saben que el público y los vecinos lo reconocerán.


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