EMERGENCIA SANITARIA

Otra vez la guerra por las clases presenciales

Como si nada estuviera pasando, el jefe de Gobierno resolvió volver a las clases presenciales, luego de una semana de resolver el cese total de todas las clases, incluidas las virtuales.

Werner Pertot


No aprendimos nada. Después de un pico de más de 40 mil casos, con una ocupación de las camas de terapia intensiva que sigue en niveles preocupantes, Horacio Rodríguez Larreta resolvió que vuelvan las clases presenciales para los niveles inicial (jardines de infantes) y primaria. La secundaria quedó partida: primero y segundo año semipresenciales y el resto, virtuales. Los niños y niñas tienen que volver a aulas con las ventanas abiertas en medio de una ola polar, sobre la cual nada se dijo. Para justificar esto, Larreta sostuvo que hay un “amesetamiento” de los casos. Y se hizo olímpicamente el tonto con el conflicto que vuelve a generar con las disposiciones federales.

La conferencia del viernes por la noche fue una repetición de todas las frases que fueron arrojando en las semanas previas al confinamiento de nueve días. No faltó ninguna. Larreta dijo "la educación para nosotros es máxima prioridad”, cuando venía de frenar las clases (incluso las virtuales) por tres días, una medida que otros distritos no tomaron. Y cuando sigue ajustando al área: ya lleva más de 500 millones de pesos recortados del área educativa, y sigue sumando ajustes.

También dijo que las escuelas es donde menos contagios hay, lo que no explica –entonces- para que las cerraron durante la semana que pasó. O no tienen incidencia y podían seguir abiertas, o sí tienen incidencia y cada decisión que se toma impacta sobre la suba o baja de los casos. Las dos cosas no pueden ser ciertas.

Luego hubo un anuncio de que iba a dar becas a los estudiantes secundarios por un total de 1700 millones de pesos para garantizarles la conectividad. Se trata de algo que fue presentado como un nuevo anuncio, pero ya formaba parte del presupuesto. Un cálculo sobre la población que lo recibirá deja en claro que no sirve ni para pagar la conexión a Internet ni para cubrir más que alguna cuota de la compra de una notebook. Puro marketing.

Larreta también hizo un elogio a la coordinación con el Gobierno nacional cuando, justamente, estaba rompiendo esa coordinación. La disposición federal indica que, para distritos con el nivel de circulación del virus y el nivel de ocupación de camas de terapia intensiva que tiene la Ciudad de Buenos Aires, se deben dar clases virtuales. Y Larreta decide clases presenciales. Por lo tanto, coordinación no hay. Tampoco con la provincia de Buenos Aires, que también cuestiona la decisión, dado que lo que ocurre de este lado de la General Paz impacta velozmente del otro. Larreta también dijo que comunicó todas sus decisiones al Gobierno nacional y sostuvo: "No tenemos ningún espíritu de conflicto. Puede haber diferencias de opiniones". Fuerte ese nivel de negación.

Para justificar todo esto, tuvo que recuperar otro tópico del discurso previo al confinamiento: el "amesetamiento" de los contagios. "Esta última semana cambió la tendencia: el aumento se detuvo, la curva se amesetó y se puede percibir una leve baja ", sostuvo en un escenario donde sube la ocupación de camas de terapia intensiva (el domingo ya bordeaba de nuevo el 80  por ciento). Quienes siguen de cerca los datos dicen que es muy pronto para poder hablar de una baja. Simplemente no hubo tiempo para medir eso. Pero era necesario presentar esa realidad para justificar el retorno a clases. Eso sí, Larreta se atajó: "Esto de ninguna manera quiere decir que sea momento de relajarnos ", indicó. Mientras anuncia un relajamiento de las medidas, llama a la población a no relajarse. ¿Queda claro?

Todo esto es como un reseteo del discurso del Gobierno porteño, que parecía haber entendido la gravedad de la situación hace una semana, pero ahora vuelve a su posición anterior, en un año electoral. Esto implica el final de una breve tregua entre los gobiernos y el regreso al conflicto. Del lado porteño, seguirán amparándose en un fallo de la Corte Suprema que consideró en uno de sus votos que el daño a la salud de la población es "conjetural". Mientras tanto, el Gobierno seguirá buscando que se apruebe una ley en el Congreso con parámetros objetivos para definir las medidas por distritos. Y todo seguramente volverá a judicializarse.

Otra cuestión que puede haber pesado en la decisión de Larreta es la fuerte presión de Mauricio Macri y Patricia Bullrich para que vuelvan las clases presenciales a toda costa. La presidenta del PRO no solo lo cuestionó sino que le marcó el camino a comienzos de esta semana: "Lo importante es que el 31 de mayo vuelva a abrir la Ciudad y no siga la corriente de una política que nos destruyó", dijo Bullrich, quien empezó su semana haciendo una acusación desmentida por Pfizer y la terminó abrazada al policía Luis Chocobar. Ya es una candidata en campaña.

Larreta tendrá que seguir enfrentando la resistencia de los gremios docentes. El primero en anunciar un paro fue Ademys, que se reunió de emergencia tras el anuncio de Larreta, ese mismo viernes por la noche. Ese sindicato ya tenía votada una medida en las asambleas que facultaba a la conducción a llamar a un paro si se decidía volver a la presencialidad en las escuelas. Por lo tanto, definieron que este lunes harían al paro y luego tomarán otras medidas a lo largo de la semana. Desde este gremio, además, indicaron que presentaron una cautelar luego del descuento de los días de paro y consiguieron un fallo favorable de la jueza laboral Laura Castagnino, que ordenó al gobierno porteño devolver el dinero descontado en el plazo de 48 horas. Le siguió UTE-CTERA que el sábado definió también un paro este lunes, una caravana el martes y un homenaje en las escuelas donde murieron docentes. Un dato que debería ser significativo en este contexto: el Gobierno porteño lleva vacunados solo al 14 por ciento de los docentes.

Mientras todo esto ocurre, la realidad es que las escuelas vuelven a abrir, incluso hasta sus ventanas (no queda otra, si se busca cumplir con los protocolos), en una semana de ola polar, con mínimas que se acercan a los 4 grados, y niños y niñas tendrán que ir en esas condiciones. Se recomienda envolverlos en una larga serie de frazadas y mandarlos rodando.

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