PANDEMIA

Los salones de fiesta reclaman que se los deje reabrir

Son 200 espacios que están cerrados desde marzo. Piden que los dejen operar como a los bares y restaurantes argumentando que saben organizar reuniones seguras.


Los salones de fiesta viven una situación cada vez más compleja. Se encuentran últimos en la fila del plan de reaperturas graduales que diseñó el Gobierno de la Ciudad para salir de a poco de la cuarentena. Pese a que, con el Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio (DISPO) se han ampliado los permisos para varias actividades, este rubro continuará de la misma manera, sin poder abrir.
 
Mientras que los bares y restaurantes abrieron sus salones internos, con un aforo del 30% de su capacidad, los dueños de salones de fiesta reclaman que se los trate de igual manera. "La pregunta que nos hacemos es por qué no podemos operar como lo están haciendo bares y restaurantes. Con un aforo limitado, dependiendo de los metros disponibles, y con todos los cuidados y protocolos. Justamente lo que hacemos desde hace décadas es organizar reuniones. Además, reuniones en las que tenemos pautados de manera rigurosa los tiempos, porque eso es parte de nuestro ejercicio cotidiano en la organización de una fiesta o de cualquier tipo de evento", dice a Clarín Karina Barros, vocera de SyMA (Salones y Multiespacios Argentinos) y propietaria del salón Cielo Azul. Barros entiende que los animadores pueden organizar a los chicos para que, por ejemplo, logren mantener el distanciamiento.
 
Los salones cerraron antes del 20 de marzo y, en todos estos meses, no lograron avanzar con el Gobierno porteño para consensuar una reactivación. Se estima que sólo en la Ciudad hay unos 200 salones. En general, se trata de emprendimientos familiares y pymes.
 
"Algunas familias están empezando a pagar préstamos que adquirieron para sostener todo lo que hay que pagar, pero sin haber facturado nada durante 8 meses", advierte Barros. Muchos se reinventaron y sobreviven apelando a otros recursos como abriendo verdulerías
 
Carolina De Micheli es propietaria del salón Marshmallow: "En estos momentos estamos pensando y trabajando opciones para presentar a las autoridades. Entendemos que, con protocolos, se podrían habilitar usos. Pensamos también en organizar tardes de té, meriendas, picadas. Establecer turnos para que las familias y los grupos de amigos permanezcan en el salón una franja de tiempo determinado", cuenta a Clarín. En Marshmallow comenzaron a llevar a domicilio "cajas sorpresa" (con golosinas, juegos y regalos) para cumpleañeros o aniversarios.
 
Hasta fines de los 80, los cumpleaños infantiles sucedían en las casas; aún en departamentos pequeños, los chicos festejaban puertas adentro. Uno de los primeros salones que abrió en la Ciudad es el de Cristina Tonna, La Piccola Tartaruga. "Ya somos segunda generación trabajando en el salón. En tiempos normales, los fines de semana teníamos festejos al medio día y a la tarde. Y los días de semana estábamos organizando reuniones espontáneas. Convocábamos a través de redes sociales para que las familias vengan a tomar algo y los chicos a jugar", cuenta Cristina a Clarín. "Nosotros sabemos cómo organizar reuniones seguras. ¿Por qué no podríamos trabajar con protocolos y un aforo con limitaciones como lo hacen los restaurantes?", se pregunta.
 
Voceros del Ministerio de Desarrollo Económico y Producción de la Ciudad informaron que, con indicadores sanitarios positivos, se encuentran trabajando en una fórmula que permita pensar en la apertura de los salones. "Como ocurre con los restaurantes, hay que analizar el aforo y la ventilación. Estamos pensado en protocolos que permitan el regreso de la mayor cantidad de actividades posibles, siempre que la situación sanitaria lo permita. Aún no hay una fecha posible de reapertura para los salones", concluyeron.
 
Desde SyMA enviaron una nota al ministro del área, José Luis Giusti, poniendo la lupa en las reaperturas habilitadas en la Ciudad: "Muchas de ellas son equivalentes a nuestra actividad. Esto hace suponer que relegar la apertura de salones no sólo es una medida administrativa arbitraria, sino también muestra un desprecio o desinterés absoluto a nuestro sector por parte de las autoridades, violentando en todas sus formas el principio de igualdad", sentenciaron.
 
Frente a este panorama algunos propietarios tienen decidido recurrir a la Justicia, para solicitar que los dejen trabajar. También comenzaron a realizar protestas en la calle y a visibilizar su situación a través de las redes sociales.
 
Mientras tanto los cumpleaños infantiles se multiplican en plazas y parques, donde madres y padres decoran un espacio con globos y guirnaldas de los árboles para señalizar el festejo, y hay hasta animaciones.


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