CORONAVIRUS

El bar La Academia cumplió 90 años en medio de la pandemia

Es uno de los bares notables que resiste la pandemia de coronavirus, con el delivery apenas llega al 5% de su facturación pre pandemia. En la vereda solo pueden poner dos mesas por el Gobierno de la Ciudad instaló un banco.


La Academia es uno de los Bares Notables de la Ciudad de Buenos Aires, está ubicado en Callao casi Corrientes.  En mayo pasado cumplió los 90 años y no los pudo festejar. Su dueño Roberto López, no se da por vencido, le da mucha pena cerrar y quiere pensar que la pandemia no le va a ganar. El bar es parte de su vida, por eso se decidió a remodelarlo, pero está preocupado, los números no dan y en la vereda no podrá poner más de dos mesas. En honor a su papá, quiere seguir adelante, y aggiornar este bar de la década del '30.
 
Su padre Luis López llegó de Lugo en Galicia, a los 17 años. No sabía leer, ni escribir. Su primer trabajo fue de mozo en un bar de Avenida de Mayo y desde ese momento se apasionó por la gastronomía. “Cuando se casó con mi mamá, yo dormía en un cajoncito de manzana. Se lo que es ser pobre y pasar necesidad. Pero mi viejo era muy cabeza dura y siempre me decía: ‘No van a poder con nosotros’. Para mi papá el bar era todo y me transmitió esa pasión”, contó a BAE Roberto. 
 
El bar abrió en 1930, pero recién en 1976 la familia López pudo comprar el fondo de comercio.  Don Luis siguió firme todos los días en La Academia hasta que falleció, hace ocho años. Su nieto Ignacio se sumó al equipo, pero luego se fue a trabajar a Barcelona y hace poco regresó.  En la actualidad, Roberto lo dirige, acompañado por su hijo Sebastián.
 
Desde que llegó la pandemia de coronavirus, el bar estuvo cerrado dos meses, pero después abrieron para ofrecer delivery y take away. López señaló: “Con lo que vendemos, apenas hacemos el 5% de lo que facturábamos. Tenemos 18 trabajadores que cobran el 75% del sueldo, los estamos bancando nosotros con la ayuda del ATP. En marzo sacamos un crédito para poder pagar el 50% de los sueldos y ahora ya tenemos que empezar a devolverlo sin abrir. Estamos pagando al personal como corresponde y el aguinaldo lo estamos cancelando.  Seguimos manteniendo a los mismos proveedores, pagamos todo de nuestro bolsillo”.
 
Con la autorización de atención de mesas en la vía pública de la semana pasada, La Academia tiene varios problemas, la vereda de Callao es muy angosta y, además, el Gobierno de la Ciudad instaló hace un par de años un banco de más de un metro, que se suma al cartel de vía pública que tiene en la puerta.
 
Roberto López está preocupado: “La vereda de Callao mide un metro y medio como mucho, con el banco, no podemos poner más de dos mesas o tres con toda la furia. La vereda es muy angosta, las mesas deberían estar pegadas a la calle para que la gente pueda pasar. Además, nos piden más trámites que si tuviéramos que habilitar el local de cero. No nos cambia la ecuación, encima la gente no está acostumbrada a sentarse en la calle en Callao. Si seguimos así vamos a tener que cerrar”.
 
El local de La Academia mide 10 por 52 metros, tiene capacidad para 150 personas. La idea era pedir permiso para hacer shows y ampliar la parte del fondo que no está habilitada, pero la pandemia frenó ese proyecto. Cuenta con cuatro mesas de billar y doce de pool, metegol y ping pong. Es un lugar de cita obligada para los amantes de los juegos de ajedrez, dominó y las cartas. Sus clientes juegan hasta mini campeonatos de tute y chinchón. Cada vez que hay una marcha cerca, todos terminan en el bar.
 
La Academia supo ser un bar que albergaba a trasnochadores, a poetas, escritores y tangueros. Solían ir Enrique Santos Discépolo, Aníbal Troilo, Roberto Goyeneche, Osvaldo Pugliese, Mariano Mores, Tita Merello y Nini Marshall. Ricardo Balbín, es uno de los políticos que más visitó el bar y Luis Zamora es quién aún hoy más lo visita. Alberto Olmedo era un infaltable. Entre los músicos habitués figuraban Pappo, Andrés Calamaro, Rodrigo y Ricky Maravilla.
 
Con el correr de los años el público fue variando, se fueron incorporando las nuevas generaciones. Roberto López tenía pensado hacer un gran cambio, aprovechó el cierre y comenzó a darle vida al nuevo bar. “Comenzamos la obra con una gran inversión, haremos la cocina a nuevo con un horno pizzero y queremos agrandar el local. Ofreceremos pizza a la piedra y media masa. Cambiaremos los baños y la decoración. Queremos que la gente se junte a ver fútbol o deportes, pensamos poner pantallas y televisores. Ahora hay sólo dos en las dos puntas del local, pondremos cinco pantallas más a lo largo de todo el local. Apenas podamos hacer shows tramitaremos un permiso para hacerlos en la parte de atrás, por ahora no se puede”, cuenta López.
 
“Es una reforma grande, pero nos estamos cuestionando si es lógico hacerlo. Necesitamos que todo se normalice para que la gente consuma. Si el resto de la economía no funciona, no abren las oficinas, Tribunales, los teatros, los cines, por más que abramos no tendremos clientes. A dónde va a ir la gente a la noche si está todo cerrado. La idea es mantenerlo por los años que hace que estamos en el tema, es un Bar Notable, nos daría pena cerrarlo por esto. Si seguimos así vamos a tener que cerrar”, concluye López.


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