COMUNA 15

El histórico bar San Bernardo de Villa Crespo está ante una difícil situación económica

Tiene casi 108 años, el icónico bar y billar de Villa Crespo por el que pasaron cientos de personalidades de la cultura argentina hace malabares para resistir el estar cerrados hace cinco meses.


Hace casi 108 años que el Café San Bernardo está ubicado en el corazón del barrio de Villa Crespo, es un lugar de encuentro para quienes viven en el barrio y también de muchos turistas que llegan para descubrir la mística de los antiguos cafés porteños. Queda sobre la avenida Corrientes al 5400, el “Sanber” -como se lo conoce entre los habitués- nació a principios del siglo XX y le debe su nombre a la Parroquia San Bernardo, ubicada en Gurruchaga 171 y conocida como la iglesia del “Cristo de las Manos Rotas”
 
Laura Ávila junto a su marido Carlos Fernández son propietarios del Café San Bernardo, contaron las peripecias económicas y financieras que vienen transitando desde el inicio de la cuarentena para poder sobrevivir y preservar, no solo la fuente de trabajo de los 22 empleados que allí se desempeñan, sino también, un capítulo importante de la historia cultural de Buenos Aires.
 
Por sus mesas desfilaron hombres y mujeres ilustres, como Carlos Gardel, Celedonio Flores, Leopoldo Marechal, Osvaldo Miranda, Juan Gelman y hasta Paquita Bernardo, “La Flor de Villa Crespo”, primera bandoneonista profesional argentina, y en cuya orquesta tocaba el maestro Osvaldo Pugliese, quien estudiaba piano en el barrio y debutó públicamente en el “Sanber”. Además, fue una de las salas de billares más importantes, en las cuales se lucieron nada menos que los famosos hermanos Navarro y por las que en la actualidad -hasta que empezó la cuarentena- profesionales y aficionados disfrutaron de largas horas de ese y de muchos otros juegos de mesa.
 
En 2012, fue reconocido por la Legislatura porteña como Sitio de Interés Cultural. Dos años después, fue nombrado Bar Notable de Buenos Aires. Pero la llegada de la pandemia de Covid-19 cambió todo y, desde entonces, el “Sanber” lucha para sobrevivir en medio de la cuarentena.
 
“El café San Bernardo es un sitio emblemático de Villa Crespo, que desde siempre ha sido el punto de encuentro de la gente del barrio. Cuando las fábricas se implantaron aquí, fue el lugar de reunión de todas las colectividades que poblaron la zona. Muchas personalidades de la cultura pasaron por aquí, y hasta gente que estuvo relacionada con el mundo de los billares y campeones importantes, como los hermanos Navarro”, cuanta a Infobae Ávila.
 
“El Café transitó muchísimas crisis, algunas que nosotros ni siquiera conocemos, pero sin embargo siempre estuvo en pie y siguió adelante. Al margen de la crisis sanitaria, hoy tenemos una imposibilidad de poder trabajar. Hoy nosotros tenemos que salir a buscar al cliente. Primero, empezamos con el delivery, después con el take-away, pero ni de casualidad lo que facturamos se asoma a un número que permita salir adelante. La situación es crítica y muy compleja”, continúa la propietaria.
 
“Ya no podemos aguantar más: tanto económica como financieramente, estamos quebrados. Sacamos préstamos, pero esa plata ya no existe más. Hemos gestionado un subsidio, al comienzo del mes de mayo, que nunca salió. Estamos poniendo plata de nuestro bolsillo. Uno sigue porque siente una responsabilidad enorme y cargamos con la responsabilidad de lo que significa este Café, tanto para nosotros como para la sociedad. Sabemos que, si podemos trabajar, no vamos a tener la concurrencia de antes, pero la gente nos va a elegir y va a querer venir. El tema es que estamos en una nebulosa, porque no hay nada en concreto”, explica Ávila.
 
“Tenemos un mix de gastronomía y juegos. Tampoco, nos queda claro cuál va a ser la situación. Armamos un protocolo para los juegos, previendo que la mesa de pool sea solo para dos personas y no para más jugadores. Lo mismo con una mesa de ping pong, pero no hay ninguna certeza que podamos abrir a corto plazo. El panorama no es alentador para nadie”, se lamenta la propietaria.
 
“No se me pasa por la cabeza cerrar. Siempre fui muy positiva, así que no se me pasa por la cabeza. Esta no es la primera crisis que pasó el Café y, detrás suyo, hay una familia que lo viene llevando adelante hace 60 años. No concibo la idea de cerrar: día a día, vamos haciendo algo para seguir hacia adelante. Tenemos muchísimas dificultades y quizás soy muy positiva, pero internamente tengo un apego en lo emotivo y en la responsabilidad que significa estar detrás de un Bar Notable. Tenemos días difíciles, pero detrás hay una familia formada por mi marido, nuestros dos hijos y yo: cuando cae uno, el otro lo sostiene”, declara Ávila.
 
Después de tantos meses, la gente ya sabe lo que está bien y lo que está mal. Por eso, necesitamos que se nos permita trabajar. La Argentina se armó con gente de laburo y nosotros somos gente de trabajo. Necesitamos que se empiecen a cumplir con las cosas que venimos charlando, como el subsidio que nos prometieron y que gestionamos a comienzos de mayo. Hay una creencia colectiva que en la gastronomía uno se llena las arcas de dinero: la realidad es que no, es una actividad muy demandante y desgastante, que también se hace con mucho amor. Que nos permitan trabajar, eso es lo más importante. Agradecemos la colaboración, pero somos gente de trabajo: queremos trabajar”, dice la propietaria.
 
“Entre el delivery y el take-away, solo facturamos el 10%. Tenemos la colaboración del ATP, pero no hemos podido pagarle al personal la parte que corresponde. Todos saben que nuestra intención es abonarles. Pero necesitamos trabajar, para poder generar ingresos y poder pagar. Ya no sabemos cómo hacer y todos los días tenemos la esperanza de que falte un día menos. Tenemos 22 empleados y un grupo que no está trabajando, que es el del turno noche. El resto están haciendo reparaciones dentro del local, porque como es de 1895, hay que hacerle un mantenimiento constante. Por eso, cuando uno habla de gastos también hay que tener en cuenta los de mantenimiento. Tenemos un montón de gastos fijos y el mantenimiento es uno de ellos, porque cuidamos a este edificio muchísimo, aunque sea tan viejo”, expone Ávila.
 
“Los Bares Notables fuimos elegidos por una serie de diferencias con el resto, y quizás prima más lo cultural que lo económico. Podremos pasar épocas mejores o peores, pero la base no pasa por llenarse de dinero, sino por lo cultural. Somos un referente de cultura y, desde ese lugar, pedimos una colaboración o una ayuda: somos la cara visible de la cultura. El impedimento de no poder trabajar, durante tantos meses consecutivos, es una locura en cualquier parte del mundo. A esta altura, todos sabemos cuidarnos porque hay demasiada información en los medios”, manifiesta la propietaria.
 
“Para diciembre me imagino pagando deudas. Voy a hacer una lista y voy a ver qué tiempo necesito para ponernos al día. Respecto a las fiestas, espero que se nos permita poder celebrarlas con la familia. Nos estamos perdiendo el contacto, no solo físico, sino afectivo: poder compartir la vida con nuestros seres queridos. El argentino es familiero y le encanta estar en contacto con la gente. Nosotros disfrutamos del encuentro y una videollamada no lo suple. La estamos pasando mal en lo económico y en lo moral, porque no estamos acostumbrados a la soledad. Necesitamos la posibilidad de poder reencontrarnos”, concluye Laura Ávila.
 


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