OPINIÓN

"Polémica en los bares", por Werner Pertot

De la discusión por la reapertura de las escuelas, pasamos a otra por la reapertura de los bares en la calle, en momentos donde la curva porteña no parece amesetarse. Pero tranquilos: en breve, piensan reabrir los gimnasios.

Werner Pertot
De las escuelas ahora pasamos a los bares. La semana pasada la discusión era por el intento del Gobierno porteño de reabrir 600 escuelas para que se trasladaran los estudiantes a los que ese mismo Gobierno se negaba a entregarles computadoras. Una vez allí, iban a tener dos horas para usar su escuela como cibercafé. De esa discusión, luego de que el Gobierno nacional dijera que no, pasamos a la de los bares. La administración de Horacio Rodríguez Larreta decidió reabrir bares con mesas en la calle (unos 6000) y el Gobierno nacional volvió a meter restricciones: no se podían utilizar ni patios internos, ni terrazas, ni similares. Esto bajó el número a unos dos mil establecimientos. Las dos discusiones tienen una línea común, con Larreta apostando a la reapertura y pensando sobre todo en la economía. Las escenas de descontrol que se vieron lo obligaron a tener que mostrar que va a aplicar multas, aunque el efecto real que va a tener eso, por el momento, es dudoso. La luz verde ya se dio y la sociedad la interpreta como desea.

Lo de las escuelas se terminó de resolver cuando el Gobierno nacional puso 6500 computadoras para que se las entreguen a los chicos y chicas que las necesitan. También se asegurarán de que tengan conectividad dando un subsidio nacional a los celulares de los padres y madres. Es decir, las dos cosas que tenía que hacer el Gobierno porteño y no hizo, incluso cuando se los ordenó el juez Andrés Gallardo (dicho sea de paso, la semana pasada consiguieron que la mayoría automática en el Tribunal Superior de Justicia lo apartara a Gallardo de esa causa). Así que ahora la Nación hará lo que la Ciudad no hizo para que los estudiantes no tengan que ir hasta las escuelas. Una duda: ¿es justo que el Gobierno nacional destine esas computadoras al distrito más rico, que incluso tenía partidas que no ejecutó para entregar dispositivos propios? Se los dejo para que lo piensen.

El Gobierno porteño viene sosteniendo una y otra vez que la curva se amesetó. Admiten que la cantidad de contagios es alta, pero el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, sostuvo que “lo peor ya pasó”. El periodista Nicolás Lantos hizo un repaso de sus declaraciones semana a semana que vale la pena retomar:

*El viernes 29 de mayo, Quirós, dijo: “Se viene una curva ascendente absolutamente controlada”.

*El 22 de junio, aseguró: “Tenemos una cantidad importante de casos, pero la velocidad de crecimiento está relativamente contenida”.

* El 18 de julio afirmó que “hay datos que indican que la curva en la Ciudad podría empezar a descender”.

* El 10 de agosto que “la curva está madura y es cuestión de pocas semanas que empiece a descender”.

* El 21 Quirós aseguró que había “una tendencia leve, pero sostenida al descenso de casos”.

El discurso tranquilizador no se condice con los números porteños, donde lejos de la meseta se viene viendo un ascenso de los casos diarios. Claro que es un discurso para acompañar las reaperturas, no para ceñirse a los números duros, que hablan de unos 1300 casos nuevos por día. En ese contexto, y haciendo caso omiso a los avisos cada vez más desesperados de los y las trabajadoras de terapia intensiva, fue que se decidió reabrir los bares. La idea del Gobierno porteño es que se usara cualquier espacio al aire libre, con un protocolo de difícil cumplimiento: dos metros de distancia, el barbijo puesto salvo cuando se consume alguna comida o bebida, entre otras cosas que no ocurrirán en la realidad.

A esta decisión, nuevamente, el Gobierno nacional respondió con una restricción, en un juego político que se viene viendo en las últimas semanas, en el cual Larreta se muestra “devolviendo libertades” y Alberto Fernández es el villano que las restringe. Concretamente, lo que dispuso la Nación es que ni los restaurantes, ni cervecerías ni bares podrán usar las mesas que tengan en patios, jardines y terrazas, pese a que son espacios al aire libre. Desde el Gobierno porteño hicieron saber su malestar por la decisión nacional, a la que tildaron de inconsulta.

No obstante, la agenda les cambió luego de que se volvieran a ver imágenes del descontrol que termina produciendo dar vía libre a la reapertura de estos locales. Esto llevó a que el Gobierno porteño clausurara al menos 12 locales en Palermo, Liniers, Agronomía, Constitución y Caballito. En algunos, se constató que directamente había una fiesta adentro.

No soy muy partidario de las medidas punitivistas. ¿A quién no le gustaría después de todo esto tomarse una cerveza con amigos o amigas? Pero parece no haber consciencia sobre la situación que vivimos tanto en la Argentina como a nivel global y que parece estar lejos de terminarse. Hubo varias advertencias durante el fin de semana, en este sentido. La secretaria de Acceso a la Salud, Carla Vizzoti, indicó que “aunque sea en un lugar abierto, la cantidad de gente que se junta es importante, la distancia física no es de dos metros y el tiempo tampoco es corto”. El viceministro de Salud bonaerense, Nicolás Kreplak, fue aún más enfático: "No estoy de acuerdo con la apertura de bares. Los trabajadores de salud están muy cansados, es nuestra responsabilidad ayudarlos y apoyarlos. Creo que tienen razón cuando piden que tenemos que cuidarnos, porque abren la puerta y ven a tres pibes tomando una cerveza...".

Mientras continúa esta polémica por los bares, les aviso cuál es la que sigue: ahora el Gobierno porteño se dispone a reabrir gimnasios. Son 1352 gimnasios donde las posibilidades de control de que se cumpla un protocolo serán aún menores que en las mesas en la calle. El regreso podría ser el 14 de septiembre, aunque algunos arriesgan que sería a principios de octubre. Todo en un escenario donde el virus no para.

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