COMUNA 3

El Tropezón, el restaurante donde iba Gardel, fue reconocido como Sitio de Interés Cultural de la Ciudad

Ayer martes se colocó una placa en la fachada del local ubicado en Callao 248. En 2017 reabrió después de 34 años.



El restaurante El Tropezón tiene 123 años de historia, 93 de los cuales transcurrieron en el local de Callao 248, incluyendo un paréntesis de 34 años hasta su reapertura en 2017. Para celebrar el pasado pero también la continuidad de este lugar tradicional, ayer martes autoridades de la Legislatura porteña colocaron una placa que lo declara "Sitio de Interés Cultural de la Ciudad", informa Clarín.
 
En un tango compuesto por Trongé y Merico se menciona: "No vayas a lecherías a pillar café con leche. Morfate tus pucheretes en el viejo Tropezón. Y si andás sin medio encima, cantale ¡Fiao! a algún mozo. En una forma muy digna pa' evitarte un papelón", y lo cantaba Carlos Gardel en 1929.
 
En 1896, en la esquina de Callao y Bartolomé Mitre, el asturiano Manuel Fernández y el gallego Ramiro Castaño inauguraron El Tropezón, restaurante que con el tiempo se constituyó en un lugar emblemático de la Ciudad.
 
El primer Tropezón ocupaba la esquina noreste de Callao y Bartolomé Mitre. Al principio era un almacén con lechería, pero después lo transformaron en fonda. Y en 1901 lo mudaron a la entonces calle Cangallo -hoy Perón- 1819. Por encima del local estaba el hotel Callao. El 7 de julio de 1925 se desplomaron dos pisos del hotel y los parroquianos tuvieron que salir corriendo. No hubo víctimas, pero el restaurante quedó destruido y cerró.
 
El 11 de febrero de 1926, El Tropezón reabrió en Callao 248, su ubicación actual. El intendente de la Ciudad, Martín Noel, fue a la inauguración. Y como invitados especiales estuvieron los cuatro tripulantes del Plus Ultra, el primer hidroavión que voló desde España hasta América.
 

Como abría las 24 horas, El Tropezón era un refugio de bohemios, tangueros, actores y políticos. "Cabaret... Tropezón..., era la eterna rutina / Pucherito de gallina, con viejo vino carlón", dice la letra de un tango escrito por Roberto Medina a principios de los años 50. El puchero de gallina era su plato insignia y, también, el favorito de Carlos Gardel. El Zorzal siempre se sentaba en la mesa 48, muchas veces acompañado por su amigo, el jockey Irineo Leguisamo.
 
Otros habitués eran Florencio Parravicini, Armando y Enrique Santos Discépolo, Ángel Villoldo, Aníbal Troilo, Julio Sosa, Dringue Farías, Lola Flores, Hipólito Yrigoyen, Alfredo Palacios, Carlos Perette y Ricardo Balbín. Entre 1933 y 1934, también lo frecuentó Federico García Lorca durante su estancia en Buenos Aires.
 
En 1983 se desplomó su marquesina y su dueño desde los años 50, Segundo Ramos, decidió cerrarlo. Vendió toda la vajilla y los derechos de la marca. Desde entonces, en el espacio funcionaron una sucursal del Correo Argentino y una ART. Raquel Rodrigo investigó su historia y se propuso recuperar El Tropezón. Después de una intensa obra de restauración, el restaurante fue reinaugurado en septiembre de 2017 con un gran puchero.
 
Raquel contó a Clarín que con su familia estaban en el negocio de los garajes. Y que compraron el estacionamiento de Callao al 200 y el local de al lado porque vendían todo junto. La idea inicial era alquilar el local, pero ella vio en la fachada una mayólica que recordaba que ahí había estado 'El Tropezón'. "Con lo que amo al tango y a lo antiguo, investigué su historia y quise revivir esta joya de la avenida Callao", explicó.
 
La ayudó uno de sus hijos, Ezequiel, que sin que ella supiera compró los derechos de la marca El Tropezón. Y cuando Raquel averiguó para adquirirla, descubrió que ya era su dueña. Lo que siguió fue una obra de un año. Sacaron el durlock que tapaba la estructura original y recuperaron los pisos calcáreos, los techos de madera y las claraboyas de bronce. La boisserie ya no estaba, por lo que optaron por dejar el ladrillo a la vista. En cambio el sótano, de 100 m2, estaba intacto.
 


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