OPINIÓN

Dale, Pelado, no pares nunca más

Larreta consolida su perfil de gestión, mientras prepara en silencio el retiro de Macri. Lammens quedará posicionado como su principal adversario, si no comete el error de sus antecesores.

Werner Pertot


Horacio Rodríguez Larreta siempre fue fan de los tableros de control. Los creó para la gestión, para seguir el avance de distintas obras, iniciativas y programas. Pero también podrían servirle para otras funciones: desde ahora el jefe de Gobierno tendrá que mirar dos tableros. El primero es el de su segundo mandato en la Ciudad (ya dio muestras de cómo gobernará: invitó a sus adversarios a conversar y comenzó a levantar el perfil hacia 2023); el segundo, el de su proyecto presidencial. Para este último, si bien todavía falta más de un mandato entero, ya empezó a trabajar en silencio. Su primer paso es remover a Mauricio Macri del camino. Del otro lado, Matías Lammens hizo su primera incursión en política. Superó techos del kirchnerismo, pero quedó a 20 puntos de Larreta, que lo batió en primera vuelta. Tendrá mucho que trabajar en los próximos cuatro años para enfrentar al candidato (o candidata) que pergeñe el PRO para perpetuarse por 20 años en la Ciudad.

Larreta fue el gran ganador en su distrito: el primer jefe de Gobierno en lograr reelegir en primera vuelta al superar el piso de 50 por ciento que marca la Constitución de la Ciudad. No hay antecedentes de esto y menos de un 55 por ciento. Todo esto lo deja a Larreta muy bien posicionado en su carrera hacia 2023 para ser presidente. También en el eventual rol de líder de la oposición, que tendrá que diputarle a Macri. Según señalaron fuentes del Gobierno porteño, ya está trabajando para eso. Se vienen reuniones con distintos sectores del PRO que ya no lo ven a Macri en ningún escenario y también con los radicales, que desde hace rato tienen ganas de darle salida al presidente. Quien destaca en esas reuniones es Enrique “Coti” Nosiglia, a quien no vemos pero siempre está. Y no es él solo: en general el radicalismo ha mostrado su disgusto por el rol de socio menor que le dio Macri en estos años y no llorará la partida del futuro ex presidente a algún destino de retiro. Para nadie en la UCR el actual mandatario es una opción en 2023.

En tanto, Larreta seguirá mostrando su gestión como jefe de Gobierno. Esta semana que pasó comenzó una ronda de reuniones con sus ex adversarios en la que busca mostrar amplitud en la victoria, algo que Macri claramente no puede hacer. El primero al que recibió es Matías Tombolini, quien compitió por Consenso Federal. Tombolini ocupa, gracias a un decreto de Larreta, la presidencia del Consejo Económico y Social. Llegó a ese lugar luego de que Larreta echara antes de que terminara su mandato a Federico Saravia, un hombre de Martín Lousteau. Fue antes de que Lousteau y Larreta hicieran las pases. Según señaló el portal Letra P, Tombolini tendría destino de salida luego de rechazar un ministerio con Larreta y el ubicuo Consejo sería a futuro para algún peronista. Si busca un proyecto presidencial, es probable que Larreta quiera conservar la amplitud de la alianza que le consiguió el 55 por ciento. Habrá encuentros con Matías Lammens y hasta con Gabriel Solano, del FIT-U, aunque no estaban confirmadas las fechas de ninguno de los dos.

Mientras se muestra como gestionador porteño, Larreta esperará a que avance el 2020, cuando ni Macri ni María Eugenia Vidal tendrán ya un gobierno para mostrar. En su entorno piensan que así se irán pasando las ínfulas que hoy tiene Macri tras las manifestaciones que protagonizó y la que está planeando como despedida para el 7 de diciembre. 

En conclusión, Larreta quedó bien posicionado con un resultado histórico (literalmente, primero en la historia) en la elección del 27 de octubre para su carrera presidencial para la que tendrá que jugarse sí o sí en 2023. “No se va a ir a su casa. En 2023 es piletazo o nada”, dicen en su entorno. Pero tendrá que atravesar los obstáculos de la crisis económica, de la que hizo todo lo posible para despegarse, y de la virtual sombra de Macri, además de algún contendiente que le plantee el radicalismo para ese año.

Lammens, en tanto, quedó 20 puntos abajo y perdió en primera vuelta, pero sacó un nada despreciable 35 por ciento. En 2015, Mariano Recalde obtuvo un 21,9 y quedó afuera del ballotage. En 2011, Daniel Filmus consiguió un 27,87 en primera vuelta y en 2007 el mismo candidato llegó a un 23,75. Las dos veces perdió en segunda vuelta contra Macri. En números absolutos, ambos candidatos rondaron unos 400 mil votos en estas tres elecciones (siempre hablamos de primera vuelta), mientras que Lammens cosechó 679 mil votos en esa instancia. Así que, pese a la derrota en la primera vuelta, el candidato del Frente de Todos tiene un futuro promisorio si continúa su carrera y vuelve a presentarse en cuatro años. Pero, eso sí, debería aprender de los errores de sus antecesores y no difuminarse como referente porteño en el transcurso de esos cuatro años para reaparecer para las elecciones. Eso ocurrió no solo con los candidatos kirchneristas, sino con Lousteau, que se desperfiló hasta ser fagocitado por el oficialismo.

Con un escenario polarizado, donde entre Larreta y Lammens se llevaron el 90 por ciento de los votos, queda poco lugar para otros espacios, al menos, en este momento de la política porteña. Habrá que ver qué aires vienen a futuro. 

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