OPINIÓN

La polarización porteña

Todo indica que la campaña porteña tendrá casi el mismo grado de concentración del voto en dos candidatos que la nacional. Larreta y Lammens pueden llevarse más del 75 por ciento del electorado, lo que deja poco lugar a terceras fuerzas.

Werner Pertot


El 2019 es claramente el año de la polarización. El enfrentamiento entre el polo que representa hoy Mauricio Macri y el que tiene como eje a Cristina Fernández de Kirchner llegará en los próximos meses a una resolución (electoral, no social). En la Ciudad, será la primera vez que la elección porteña se hace en la misma fecha que la nacional y el ballotage (de haberlo) también. Esto ata las campañas de la Nación y la Ciudad, pese a los intentos de Horacio Rodríguez Larreta de municipalizar su campaña. Entre el jefe de Gobierno y su adversario Matías Lammens, del Frente de Todos, parecen quedarse con buena parte del electorado, expulsando a la marginalidad a terceros candidatos, como Matías Tombolini. De todas formas, Larreta se tiene fe y, pese a que ya no ve la posibilidad de ganar en primera vuelta, se siente mucho menos preocupado que Macri y María Eugenia Vidal. “No hay posibilidades de perder”, se animan a decir en la sede de Parque Patricios.

Se muestran tranquilos: en la Ciudad, el macrismo no ve chances de que les arrebate su bastión Lammens, a quien ven como alguien que quedó pegado al kirchnerismo. No creen que saque más que los votos históricos de Daniel Filmus, una hipótesis que se empezará a comprobar o a desmentir el 11 de agosto. Pero aún si crece por encima de los valores históricos del kirchnerismo, no se imaginan hoy un escenario como el de 2015, donde Martín Lousteau estuvo a 3 puntos de arrebatarle la jefatura de Gobierno. Eso es lo que buscan transmitir desde Parque Patricios.

Larreta, después de todo, hizo los deberes: no solo hoy Lousteau es parte de su espacio como candidato a senador y apoya su candidatura, sino que también le fue quitando a todos sus aliados. Elisa Carrió primero, Graciela Ocaña después y el socialismo finalmente se sumaron al espacio de Larreta en la Ciudad. E incluso pactó con el radicalismo porteño, que había visto en Lousteau la posibilidad de gobernar ellos sin el PRO, pero esa posibilidad terminó de pincharse en 2017, cuando el ex embajador en Washington sacó la mitad de los votos que en 2015.  Todo lo que alguna vez fue UNEN terminó detrás de Larreta.

Hoy los macristas imaginan que la elección estará muy polarizada y todavía hay quien sueña con ganar en primera vuelta en la Ciudad, aunque ya el jefe de Gobierno dijo públicamente que lo ve complicado. Los sondeos encargados por el oficialismo le dan una ventaja importante a Larreta, incluso lo ubican cerca del 50 por ciento (Macri no sube más allá del 40 en el territorio que lo consagró dos veces jefe de Gobierno), con Lammens 20 puntos abajo (todo esto, siempre según las encuestas del oficialismo porteño). Lo que procura Larreta –ganar en primera vuelta- no ocurrió nunca, salvo cuando triunfó en la primera elección Fernando De la Rúa. Pero esa  elección se rigió por reglas diferentes a las de las que vinieron después, con requisitos distintos para triunfar en primera vuelta.

Desde entonces, ningún candidato consiguió llegar al 50 por ciento. Lo más cerca fue la elección de 2000, donde Aníbal Ibarra obtuvo el 49,31 por ciento. Su adversario, Domingo Cavallo, se bajó luego de un discurso pírrico en el cual llamó a Ibarra “lacayo” y “partisano” a los gritos, mientras su compañero de fórmula, Gustavo Beliz, hacía lo posible por ir saliendo lentamente del cuadro de las cámaras de televisión. Cavallo había sacado el 33,2 por ciento de los votos y aseguró esa noche que iría a la segunda vuelta. Luego se bajó. Fue la única vez que no hubo ballotage.

Macri en su mejor momento en la Ciudad, en la reelección de 2011 como jefe de Gobierno, estuvo más lejos que Ibarra. Sacó el 47,07 por ciento contra el 27,87 por ciento de Daniel Filmus, quien decidió ir a la segunda vuelta con el eslogan de una marca de zapatilla: “Nada es imposible”. Perdió por casi 30 puntos. Macri sacó el 64,25 por ciento.

Larreta se imagina un escenario similar contra Lammens, aunque habrá que ver cuánto influye el perfil menos kirchnerista de su adversario. En el PRO, obviamente, hacen todo lo posible para pegarlo a CFK. Es que creen que un adversario que se corra más al centro es uno al que deben temerle. Y por ahora, aseguran, Lammens no los preocupa. Sostienen que no conseguirá hacer el “efecto Lousteau”. El candidato del Frente de Todos, mientras tanto, claramente juega a ocupar un rol híbrido: ya dijo que no es “ni kirchnerista ni antikirchnerista”, sostuvo que todo lo que criticaba Lousteau se agravó en la Ciudad e intenta llevarse esos votos que dejó UNEN y que no necesariamente van todos a Juntos por el Cambio.

Un párrafo, aunque sea corto, deberíamos dedicar a Lousteau que pasó de cuestionar la gestión del PRO a asegurar que lo escucharon y se entendieron hablando. Es candidato a senador por la Ciudad de Buenos Aires, pero le pide un debate al candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof “para discutir de economía”. Cosas de la campaña 2019.

La polarización entre Larreta y Lammens se podría llegar a llevar hasta el 75 por ciento de los votos, lo que deja poco espacio para otros candidatos, como Matías Tombolini que viene corriendo de atrás y se presenta en sus spots como “el candidato de Roberto Lavagna”, sin agregar nada de su propio perfil a la propuesta. También el FIT que busca romper la polarización con la dupla de Gabriel Solano (PO) y Vanesa Gagliardi (MST) la tiene difícil en este escenario. Su principal aspiración sería lograr una o más bancas de legisladores.  Esta es la última semana de campaña. El domingo sabremos con mayor claridad cómo votan los y las porteñas.

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