PATRICIA BULLRICH, VICTORIOSA

Ocampo expiatorio

Larreta debió entregar a su ministro de Justicia y Seguridad tras el desastroso operativo que terminó con la posibilidad de que el superclásico de la Copa Libertadores se jugara en la Argentina. La guerra de posiciones con Macri.

Werner Pertot


En el Gobierno porteño no lo disimulan. Cuando pregunté a una alta fuente de la administración que conduce Horacio Rodríguez Larreta cuál era el motivo oficial para la renuncia del ministro de Justicia y Seguridad, Martín Ocampo, me respondieron: “Poné que fue por las presiones”. Ni “razones personales” ni ninguna de las excusas habituales. Presiones. Fue indisimulable la ira del presidente Mauricio Macri por el desastre del operativo en River. Tampoco se pudo ocultar demasiado que estuvo detrás del hecho de que Larreta tuviera que salir a poner la cara (y recibir el costo político) ese fin de semana. No basto con una sola vez, el domingo (cuando Larreta ratificó a Ocampo). Dos veces lo hicieron salir al jefe de Gobierno a autoseñalarse como el responsable del operativo, pese a que desde la Ciudad habían insistido con que había responsabilidad compartida con la ministra de Seguridad nacional Patricia Bullrich. Macri no solo la protegió: terminó con la interna que tenían con Ocampo, obligándolo a renunciar. Al día del hoy, Ocampo todavía no resolvió si volverá a ser el jefe de los fiscales porteños, puesto en el que estaba en el uso de su licencia.

Si dejamos de lado la desafortunada suerte de los ministros de Cultura (desde el negacionista Darío Lopérfido pasando por Angel Mahler), no hay precedentes de Larreta haga renunciar a uno de sus ministros, y mucho menos empujado por Macri. La interna entre Nación y Ciudad por el manejo de la seguridad existe desde 2016. Bullrich siempre presionó para que hubiera mayor represión a las protestas y Larreta utilizó a Ocampo como dique de contención. Aquí lo explicamos en diversas ocasiones: el razonamiento del jefe de Gobierno es que lo usan a él para que pague el costo político por las represiones que, si llegan a tener muertos, podrían mancar su carrera hacia la presidencia. De allí, la disputa original, donde a Larreta lo fueron –de todas formas- empujando hacia ese lugar: la Policía de la Ciudad ha sido protagonista ya de incontables represiones desde su creación.

En el caso del operativo de seguridad del Boca-River, la interna se volvió a replicar. Desde la Nación, dijeron que la responsabilidad completa del traslado de los jugadores de Boca era de la Policía de la Ciudad. Desde el entorno de Ocampo, aclararon que en Anillo 3 de seguridad estaba a cargo de fuerzas federales que responden a Bullrich y fue allí donde se produjeron los incidentes. Más específicamente, indicaron que la Prefectura debía evitar que se acercaran los hinchas de River a la zona del micro e, inexplicablemente, no lo hizo. Tanto Bullrich como Ocampo tienen ya una denuncia penal, presentada la semana pasada, por ese operativo.

Ni el presidente-que-no-en-tien-de ni la ministra de Seguridad que festeja la impunidad en la causa de Santiago Maldonado explicaron por qué falló Prefectura. En lugar de eso, hubo una presión mayúscula para que Larreta asumiera todos los costos. Y así fue: el jefe de Gobierno fue el que puso la cara el fin de semana pasado. Ni el secretario de Seguridad, Marcelo D’Alessandro, ni Martín Ocampo –al que las malas lenguas sitúan en un campamento cuando ocurrieron los hechos- , directamente la máxima autoridad de la Ciudad. Allí Larreta asumió parcialmente la responsabilidad (dejó entrever que había fuerzas federales involucradas) y ratificó en su cargo a Ocampo que, a la sazón, es un hombre que proviene del ala del presidente de Boca, Daniel “El Tano” Angelici. De hecho, Angelici es el padrino de uno de sus hijos. Dato: Ocampo no estuvo en esa  primera conferencia de prensa y todos se preguntaban por qué.

Pero la presión continuó. El jefe de Gabinete nacional, Marcos Peña, salió del bajo perfil en el que lo sumió la corrida cambiaria y dijo: “La responsabilidad es de la Ciudad, pero nosotros somos parte del mismo equipo”. Macri fue aún más claro en señalar a Larreta como “el responsable”. Finalmente, el jefe de Gobierno debió dejar ir a Ocampo, mientras la Conmebol confirmaba que la Argentina ya no sería el lugar de la superfinal dado que no era un lugar seguro. Todo esto, a escasos días de la Cumbre del G20 que paralizó la Ciudad los últimos dos días. Papelón internacional.

No obstante, la interna con Bullrich no termina con la caída de Ocampo. Y Larreta tuvo una jugada para plantarle batalla a la ministra de Seguridad, que cada vez tiene más ínfulas: colocó en lugar de Ocampo al vicejefe de Gobierno, Diego Santilli. Será, a todas luces, un contrapeso a la figura de la funcionaria nacional. Santilli no solo es un dirigente importante para Cambiemos, también es un representante electo por el mandato popular. El mensaje es claro: no será tan fácilmente removible como Ocampo.

Ahora bien: para dar esta señal, debieron recurrir a un esquema pocas veces visto antes en la Ciudad, en el que el vicejefe será a su vez vicejefe y ministro de Seguridad. Para esto, debió delegar sus funciones ejecutivas y legislativas en otros funcionarios. Habrá que ver cómo funciona este esquema inédito para la historia de la Ciudad, donde Santilli tendrá la responsabilidad de controlar a una policía que –recordemos- sigue sin jefe de Policía desde que el anterior debió ser pasado a retiro por una denuncia penal por presunta corrupción.

Según señalan en su entorno, Ocampo todavía no definió qué hará a continuación. Dio algunas entrevistas para señalar que él había decidido dar un paso al costado, aunque en la jefatura de Gobierno dicen lo opuesto. Como está de licencia en la fiscalía general, podría volver a dirigir ese poder del Estado porteño, que hasta ahora seguía conduciendo interinamente Luis Cevasco. En su entorno, indican que por ahora quiere pasar tiempo con su familia. En público, Ocampo dijo sobre la posibilidad de volver a ser fiscal general: "Es una cosa que voy a pensar con mi familia. Este cargo es muy demandante".

Desde la oposición porteña, ya dieron señales de que si eso ocurre puede haber planteos en la Legislatura: están colocando a dirigir a los fiscales a alguien que viene directo del Ejecutivo. En el macrismo nunca supieron explicar esa doble concepción que mantuvieron mientras pedían que se apartar a Alejandra Gils Carbó, a quien acusaban de ser una militante política. No hay duda de que Ocampo lo es: la semana que se va dio un paso al costado como un soldado de Macri.

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