AYER SE INICIÓ EL JUICIO

Primer juicio por gatillo fácil a policía de la Ciudad: “No me cuesta nada matarlos”

Así les gritó el policía Adrián Otero a los amigos de Cristian “Paraguita” Toledo, luego de matar al joven. Ayer testificaron ambos jóvenes y dos comerciantes que vieron todo. “El hecho está acreditado”, sentenció su abogado.

Fotografía de Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA)
El trabajador y vecino de Villa 21-24, Cristian “Paraguita” Toledo, fue asesinado el 15 de julio del 2017 cuando regresaba de un boliche con sus amigos. Adrián Otero, un oficial de policía de la Ciudad quien se desempeñaba como bombero, le disparó al grupo de jóvenes y terminó con la vida del Paraguita. “Lo mató como a un perro”, dijo su mamá ayer en la primera audiencia del juicio por gatillo fácil a un efectivo de la fuerza porteña.

Ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional Nº 1, dos amigos de Toledo que estaban con él al momento de su asesinato declararon cómo fueron los hechos. Todo comenzó el 15 de julio de 2017, cuando volvían a sus casas luego de ir a bailar. En ese momento, tienen un entredicho por una maniobra vial y Otero comienza a perseguirlos con el auto. Una cuadra después en un semáforo, Toledo bajó del auto en el que viajaba con sus amigos, tomó un cascote del piso y golpeó la ventanilla del auto de Otero mientras lo increpaba.

Los amigos le gritan ‘volvé’, él vuelve al auto y arrancan normalmente. Apenas arrancan, cuenta Nadalich, se siente un chirrido y es el auto de atrás, que sale arando detrás de ellos. Ahí sienten el primer disparo, que pega en la parte de atrás del coche”, relató Verdú que relataron los testigos. Otero continúa disparando, en la causa hay cartuchos de al menos ocho balas.

Fotografía de Red Nacional de Medios Alternativos (RNMA)
Uno de esos disparos atravesó una ventanilla y dio en el pecho a Toledo. La persecución continuó unas cuadras más, y terminó cuando Nadalich perdió el control del auto y subió a la vereda en la esquina de Vélez Sarsfield y Santo Domingo. Allí, el policía amenazó a los otros jóvenes: “Ya me cagué la vida, no me cuesta nada matarlos a los dos”.

Otros testigos que declararon fueron el kioskero del puesto de diarios y el mecánico del taller de la cuadra. El primero de ellos, de 83 años, reiteró lo que había declarado en la etapa de instrucción: cómo Otero, exaltado, apuntaba a los chicos, cómo gritaban ellos, cuando llegaron los policías de la Comisaría 30, y más vecinos. El mecánico, en cambio, modificó lo que había declarado previamente, por lo que el presidente del tribunal le preguntó si había sido amenazado o tenía miedo por algo.

“Con las declaraciones de los dos amigos de Paragüita, los dos testigos presenciales, las declaraciones de los policías y gendarmes que llegaron temprano a la escena del crimen, el levantamiento de rastros, los peritajes balísticos y los informes periciales, tenemos suficiente para alegar. El hecho ya quedó acreditado en la instrucción”, dijo a Página 12 la abogada y referente de CORREPI María del Carmen Verdú, que junto con su colega Micaela Cardozo son abogadas de la familia Toledo.

La defensa del policía hizo ayer un pedido de nulidad de la defensa, que fue desestimado por quinta vez, de que los investigados sean Nadalich y Gavilán. El defensor, Marcelo Pecorelli un expolicía que fue investigado por tráfico de influencias, “anticipó que iba a orientar el interrogatorio a Dani (Nadalich) y Carlitos (Galván) como si fueran imputados, no testigos, y ahí hubo un primer chisporroteo”, advirtió la abogada Verdú.

Por su parte, Otero leyó un texto en que dijo que declararía cuando quisiera y que disparó porque creyó ver que uno de los jóvenes lo apuntaba con un arma casera o algo similar. También mostró una imagen confusa de un arma en su celular.

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