EL CASO DE HORACIO PINCETI

Muerte y misterio en el Ministerio de Ambiente: ¿Suicidio, accidente o asesinato?

Un inspector de la cartera de Macchiavelli murió en diciembre tras caer del piso 12 de una sede ministerial. Primero se habló de accidente. Después, de suicidio. Mucha sangre en un balcón, una navaja limpia, videos de cámaras de seguridad incompletos y declaraciones contradictorias encendieron la alarma de la familia, que denuncia que se trató de un crimen y busca respuestas. Los detalles de la causa.

Por Ayelén Bonino y Luciana Rosende

Horacio Pinceti tenía 36 años y desde hacía cinco trabajaba como inspector de Espacio Público.


El cuerpo de Horacio Pinceti cayó desde el piso 12 e impactó de frente contra el suelo. Quedó tendido a medias entre la vereda y la calle. El balcón del edificio de Huergo 949, desde donde se tiró, se cayó o lo tiraron, pertenece a una dependencia del Ministerio de Ambiente y Espacio Público de la Ciudad, donde él trabajaba como inspector desde hacía cinco años. El estruendo de la caída del cuerpo, apenas pasada la medianoche del 9 de diciembre último, fue seguido por un profundo silencio: sin difusión y sin explicaciones oficiales. Desde hace más de ocho meses, su familia busca respuestas.

Diego Pinceti es hermano gemelo de Horacio. Trabajaban juntos en el Ministerio de Ambiente, donde integraban el grupo de inspectores de Espacio Público que actuaba los fines de semana por la noche. Aquel 9 de diciembre de 2017 volvieron al edificio de Huergo tras una jornada de trabajo. Horacio entró a dejar la camioneta con la que salían a hacer operativos, las llaves y las planillas. Diego se fue a su casa, en Barracas, a unas 20 cuadras. A los pocos minutos de llegar, lo llamó un amigo y compañero de trabajo. Algo había pasado en el Ministerio y Diego comenzó a preocuparse. Trató sin éxito de comunicarse con su hermano. Pasada la una de la madrugada, su compañero llegó a su casa: “Hubo un accidente”, lanzó. Fue la primera noticia que tuvo sobre la muerte de su gemelo.

De inmediato, Diego se subió a su moto y regresó a Huergo. En el edificio (foto) ya había personal policial y el cadáver estaba tapado. Otros inspectores que se encontraban en la puerta del lugar habían sido testigos de la caída del cuerpo. En medio del shock, Diego subió al séptimo piso, donde su hermano debía dejar las llaves y las planillas. Vio una ventana abierta, pero nada que llamara su atención. Luego subió al 12, donde están el comedor y la máquina de café, punto habitual de encuentro y descanso entre los trabajadores. Allí, además, hay un balcón. Al salir, pese a la poca luz, vio una gran mancha oscura en el suelo. Luego se confirmó que era sangre. Mucha. Alrededor de dos litros, según las pesquisas. Los primeros estudios indicaron que no pertenecía a su hermano. Pero una segunda prueba –de ADN- determinó que sí. Junto a la sangre había una navaja: la mujer de Horacio reconocería luego que era de su compañero. Aquella noche, Diego observó que estaba limpia y sin rastros de sangre.

Demasiadas dudas

Según la autopsia, Horacio –de 36 años- presentaba dos heridas: un corte en un brazo y  “una herida contusa provocada por algo sin filo” en la parte baja del abdomen. Pero la causa de muerte habría sido el traumatismo de cráneo provocado por la caída. Si hubo golpes en el rostro, por ejemplo, quedaron invisibilizados por el impacto contra el suelo. Las heridas previas, la sangre en el balcón y la navaja resultan extraños tanto para la hipótesis inicial del accidente como para la versión del suicidio. ¿Pudo haber sido un asesinato? A las dudas se le suma que en dos dedos de una mano encontraron ADN que no era de él. La causa está caratulada como “muerte por causas de dudosa criminalidad”. Es investigada por la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional  11 y está radicada en el juzgado de Wilma López, que en los últimos días se recibió a la familia Pinceti.

En diálogo con Nueva Ciudad, Diego Pinceti repasa lo que sucedió con su hermano esa noche. “Llego al edificio y encuentro el cuerpo tapado de mi hermano, mitad sobre la vereda y mitad sorbe la calle. Lo primero que hago es subir, porque hasta ese momento supuestamente la Policía no había subido a revisar nada”, recuerda. “Cuando quiero subir al 12, me acompañan dos personas –sigue- Veo una maceta y como una mancha negra. Yo estaba sin anteojos y no tenía iluminación en el celular. Mi compañero ilumina: sangre. Mucha. Una navaja que yo hasta ese momento desconocía si era de él. Limpia. Ahí bajo para que la Policía suba. Subió la Policía, constató lo de la sangre en el balcón. Vino Criminalística y sacó fotos del cuerpo, de la sangre. Si alguien se suicida de esa manera, no entiendo cómo hace”.

Con el paso del tiempo y ante la falta de respuestas, la familia Pinceti contrató sus propios abogados y comenzó a seguir de cerca el avance de la causa. “El cuerpo de  mi hermano estuvo dos meses en la morgue. La jueza frenó el retiro del cuerpo, el fiscal nos pedía que nos lo llevemos. La jueza habiendo visto la escena del balcón, la sangre, el cuchillo limpio… no cierra. Ella detiene el cuerpo para que se hagan más pruebas”, dice.

Además de la sangre en el balcón (foto) y la navaja limpia, les llamó la atención que la empresa de seguridad del sector de inspectores del Ministerio de Ambiente –Murata S.A., conocida contratista del Gobierno porteño que pertenece al comisario exonerado Roberto Reglewski, aportante de la campaña de Mauricio Macri- entregó las imágenes de las cámaras a cuentagotas y siempre incompletas, según señala Diego. “Nosotros contratamos dos abogados cuando nos dimos cuenta que el factor de sangre estaba mal y que Murata, de las 32 cámaras que hay en el edificio, aportó imágenes sólo de dos. Y después de las 23.30 las cámaras del garaje, por donde mi hermano accedió, no filmaron”, remarca.

Muchas cámaras, pocas imágenes

Diego recuerda con detalle las últimas y pocas grabaciones dentro del edificio que hay de su hermano antes de morir. En el piso 7 “la cámara filma cuando mi hermano entra a dejar las llaves y la planilla y filma cuando sale. Pero la cámara de adentro se supone que no lo filmó. Lo mismo con la cámara del 12. Se lo filma cuando entra, tarda tres minutos, y cuando sale como para irse el ascensor no estaba ahí. Si había alguien adentro no se sabe, adentro del comedor no hay cámaras”, asegura.

Y agrega: “A mi  hermano se lo ve nervioso, como buscando algo en su mochila. Ve que el ascensor por el que había subido no abre y vuelve para adentro del lugar. Esa es la última cámara que lo captó. De ahí, la filmación que aporta Murata salta a la 1.07. Nunca está la filmación de que llega el ascensor, o sea que yo puedo suponer que salió alguien de ese ascensor y por eso lo borraron”.

Revisando la causa también detectó inconsistencias en algunas declaraciones. Por caso, relatos que no coincidían entre quienes subieron al piso 12 esa noche, tras la muerte de Horacio, y las imágenes que muestran los videos. O entre las declaraciones realizadas como testigos ante la Policía y los dichos formulados luego ante la Justicia.

Sobre las dificultades que tuvo que sortear en las pesquisas de los videos, asegura: “La primera entrega de videos son 1.4 gigas de dos cámaras. Ahí veo que faltaban imágenes, que los ascensores no estaban. El fiscal hace un segundo pedido a Murata y entregan cuatro DVD con alrededor de 14 gigas con cámaras de todo el edificio, pero las de los garajes filman hasta las 23.30. Y no porque no haya movimiento, porque yo estuve ahí después de esa  hora. Viendo que faltaba la filmación de mi hermano en el piso 7 y que faltaban imágenes de los garajes en horarios de importancia, sugerimos como querella un allanamiento a Murata. A partir de ahí entregan un disco externo que tenía la copia del mismo material que estaba en los DVD aportados antes. Tuvimos que pedir otro allanamiento, dos meses más tarde. Ya era como la cuarta vez que se trataba de obtener información fílmica del lugar y sigue faltando”.

En busca de respuestas

Diego analiza los motivos por los que su hermano podría haber mantenido un enfrentamiento con alguien dentro del edificio. Pero sólo son hipótesis. Para obtener certezas, faltan peritajes sobre la ropa del inspector fallecido, sobre las imágenes de video que Murata no entregó, sobre las heridas del cuerpo de Horacio, sobre el ADN de otra persona que tenía en dos dedos de una mano.

“Mi hermano se había peleado con unos delegados en una reunión tres semanas antes por el tema de unas horas extraordinarias, que se cobran a mitad y a fin de año. Pensé que le había pasado algo por eso”, reflexiona Diego, quien da cuenta de una trama que incluye coimas, inspecciones selectivas en la vía pública y manejo de mucho dinero. “Por ahí lo agarraron a piñas, lo apuñalaron o lo golpearon. Por lo que dice el perito que contratamos, la herida del brazo puede haber sido defensiva”, asegura. Y, más allá de los elementos que contradicen la hipótesis de un suicidio, Diego afirma que su hermano (el primero desde la izquierda en la foto) no tenía motivos para quitarse la vida. “Yo trabajo con él desde 2008, en los mismos lugares. Vivíamos a media cuadra. Hablaba todos los días con él. Nunca me comentó que estuviera triste, que se sintiera mal. Estaba trabajando en su casa, poniendo cerámicas en la cocina, arreglando la moto, estaba en pareja”, enumera.

“Nadie se comunicó con nosotros”, afirma sobre las autoridades del Ministerio de Ambiente y Espacio Público, que conduce Eduardo Macchiavelli. Desde esa cartera, ante la consulta de este medio, respondieron que “la causa continúa con su proceso judicial, y desde el Ministerio estamos a disposición de la Justicia ante cualquier requerimiento”.

Por su parte, Diego nunca regresó a su trabajo como inspector en el edificio de Huergo: no renunció ni lo despidieron. Según cuenta, esa área de trabajo se mudó, y varias personas dejaron de formar parte del equipo o pidieron licencia desde que pasó lo de su hermano. Una mujer, por caso, había contado el episodio en su cuenta de Facebook, pero tras una amenaza borró la publicación y se cambió el nombre de perfil.

“La jueza nos dice que va a tomar el caso personalmente ella, a raíz de todo lo que le planteamos. Estamos desde antes de junio pidiendo que cuatro personas que vemos en los videos declaren. Salieron como testigos de la Policía ese día pero no declararon (ante la Justicia), o no se condice la declaración con lo que se ve en las cámaras. No las encuentran o no las citan. El fiscal –Juan Necol- nos dice como que los tenemos que encontrar nosotros. Dos siguen trabajando en la empresa, los dos coordinadores que teníamos renunciaron y se fueron. No sé en qué fecha, pero uno acto seguido de todo esto pidió licencia psicológica”, cuenta el gemelo de Horacio.

En estos días, un compañero de Horacio y Diego y una empleada de seguridad están citados a declarar. El mes que viene sería el turno de uno de los coordinadores, mientras se espera la localización del otro. A partir de la reciente reunión con la jueza, la familia Pinceti observó que la causa comenzó a moverse. Hasta entonces, sólo encontraban obstáculos.

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