OPINIÓN

El Moderno se renueva

Tras una larga historia que intercala postergaciones burocráticas y presupuestarias, se reinaugura el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires con la muestra "Historia de dos mundos: Arte experimental latinoamericano en diálogo con la colección del MMK, 1944-1989".

Daniel Molina
Foto: Desnudo, de Francis Bacon (gentileza Museo de Arte Moderno de Buenos Aires).


Los museos son uno de los escenarios privilegiados de la ciudad. Hace apenas tres siglos no existían, pero desde el siglo XIX se fueron convirtiendo, de manera creciente, en una institución esencial de la vida urbana. El museo es una mezcla de recámara del tesoro (representado por su propia colección, conformada por piezas únicas o raras) con lugar de entretenimiento. En el museo conviven el disfrute y el aprendizaje. En especial en los museos de arte moderno y contemporáneo, que en las últimas décadas se han convertido en verdaderas máquinas de producir experiencias.

Hoy reinaugura, ampliado y renovado, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (MAMBA) y el festejo convoca a todo el mundillo. Es el acontecimiento cultural del año, no solo por el largo trámite que llevó esta ampliación (desde comienzos de siglo, pasando por varias faces) sino porque -por su política curatorial y museística, su colección, su historia y su nuevo edificio- El Moderno es el gran museo porteño de arte contemporáneo.

El Moderno (como le gusta llamarlo a su actual directora, Victoria Noorthoorn) tiene una larga historia que intercala postergaciones burocráticas y presupuestarias con raptos de genialidad de varias de las personas que lo han dirigido, comenzando por su fundador, el crítico Rafael Squirru. Squirru supo de postergaciones, al mismo tiempo que logró sobreponerse a todo. En 1956 logró fundar un museo que no tenía ni colección propia ni sede: partió de cero y dejó mucho. Durante varios años fue un museo itinerante. Incluso consiguió armar una espléndida muestra de lo mejor del arte argentino y subirla a un barco de cabotaje, el Yapeyú, para pasearla por veinte ciudades a lo largo de más de cinco meses.

A comienzos de los 60, El Moderno se alojó en uno de los pisos altos del Teatro San Martín y allí permaneció hasta fines de los 80, cuando se mudó (1989) a la actual sede de la calle San Juan 350, en el edificio que había pertenecido a la tabacalera Nobleza Piccardo. Fue la primera sede del museo que tuvo varias salas de exhibición, lugar para la resguardar la colección, biblioteca y algunos otros servicios. Con los años, El Moderno fue creciendo (pero para eso tuvo que vencer muchas dificultades, en especial trabas burocráticas y falta de presupuesto). La eterna lucha argentina entre los que hacen y los que ponen trabas (porque no siempre las postergaciones se debieron a dificultades presupuestarias; en las postergaciones que sufre la cultura hay mucho del espíritu mediocre de la burocracia).

Foto: Oculos, de Lygia Clark (gentileza Museo de Arte Moderno de Buenos Aires).

Entre 2005 y 2010 estuvo cerrado por refacciones, pero lo cierto es que solo en la etapa final de ese período de cierre se invirtió en la recuperación del edificio y en la construcción de las salas que funcionaron hasta el cierre de hace unas semanas (cierre que fue necesario para realizar las obras que permitieran conectar las distintas partes del museo).

Ahora El Moderno está espléndido. Tiene más de 11.000 metros cuadrados de superficie total, que le permite duplicar el número de salas de exhibición (ahora serán 10 salas), además tendrá una tienda-café, además de un nuevo espacio de Educación (y en marzo de 2019 incorporará la biblioteca, que ahora está funcionando en otro edificio, sobre la calle Moreno).

Las nuevas salas permitirán exhibir al menos unas cinco muestras a la vez y dedicar unos 1200 metros cuadrados para el patrimonio propio (que es la colección más importante del país dedicada al arte moderno y contemporáneo de la Argentina). El jueves 13 de julio (y hasta el 14 de octubre), para celebrar este acontecimiento histórico, El Moderno inaugura la muestra "Historia de dos mundos: Arte experimental latinoamericano en diálogo con la colección del MMK, 1944-1989", que es monumental: consta de unas 500 obras de 100 artistas. De esas 500 obras, 100 pertenecen al Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, 105 vienen de la colección del Museo de Arte Moderno de Frankfurt (MMK), y más de 300, de colecciones públicas y privadas de Europa, EE.UU. y de la Argentina. La muestra pone en diálogo el arte de las vanguardias latinoamericanas con el de las vanguardias europeas que trabajaron en la misma época y sobre los mismos problemas.

La muestra fue organizada y curada por El Moderno en conjunto con el Museum für Moderne Kunst [Museo de Arte Moderno], de Frankfurt. También esta colaboración es histórica ya que es la primera vez que un museo europeo de primer nivel abre sus puertas para que su colección sea repensada por curadores latinoamericanos. Antes de exhibirse en Buenos Aires la exposición fue exhibida en Frankfurt. La muestra que llega a Buenos Aires carece de algunas de las obras que se vieron en Alemania, que no pudieron viajar debido a la fragilidad de los soportes con los que están hechas, pero fueron reemplazadas por piezas del mismo estilo y manteniendo el guión curatorial.

El público verá obras de Jaspers Johns, Kenneth Kemble, Lygia Clark, León Ferrari, Yuyo Noé y Joseph Beuys en confrontación y diálogo con obras de Ricardo Carreira, Alberto Greco, Francis Bacon, Gerhard Richter, Antonio Vigo y Nicolás García Uriburu.

La muestra comienza en 1944 porque mientras Europa está en guerra, en la Argentina nace una vanguardia: el arte concreto rioplatense. Hay nueve obras de Lucio Fontana, el rosarino que sirvió de puente entre los dos mundos (aunque durante décadas los vanguardistas europeos creyeron que ese gran rupturista que tajeaba telas y apostaba a romper la estructura de la obra era italiano). Apenas hubo llegado a Europa, Fontana publicó el Primer Manifiesto del Espacialismo que influyó en el francés Yves Klein y el italiano Piero Manzoni.

La muestra presenta un recorrido por casi medio siglo de arte moderno visto con nuevos ojos y buscando nuevas resonancias. Invitando a vivir nuevas experiencias.

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