COMUNA 7

El barrio coreano en Flores

En el Bajo Flores se concentra la colectividad coreana con muchos comercios. Es ideal para conocer una cultura diferente sin salir de la Ciudad.


En el boulevar Carabobo al 1200 comienzan a desplegarse los primeros carteles escritos en coreano, a veces tienen su traducción al castellano, hay supermercados, inmobiliarias, colegios, iglesias, todo escrito en el alfabeto Hangeul. Es el barrio coreano porteño, en el Bajo Flores, donde se reúne casi el 50% de la colectividad coreana argentina.
 
El barrio coreano es casi un pueblo en sí mismo, cuidado por la propia comunidad. Un barrio residencial, de casas bajas, sonidos propios y sabores intensos. “Una Canción Coreana”, Av. Carabobo 1549, es uno de los mejores restaurantes de la zona.
 
“Acá la comida es más coreana incluso que en muchos lugares de Corea. La modernidad hace que muchos vayan perdiendo el modo de comer tradicional”, explica a La Nación Víctor Ho, ingeniero electrónico, a cargo de una consultora de negocios, esposo de Anna Chung (anfitriona en el restaurante) e hijo de Seung Ja Joo, la cocinera a cargo del negocio gastronómico.
 
El barrio coreano abunda en restaurantes que en su mayoría ofrecen un menú fijo, muchos de esos locales están ocultos a la vista, son exclusivos de la comunidad. Muy pocos ponen énfasis en la estética y la decoración. El caso de “Una Canción Coreana” es distinto: el local es luminoso y alegre, con una ventana que da a la calle. “El 90% de nuestros clientes son coreanos, pero hay un 10% que son argentinos y turistas. No lo hacemos por el dinero, sino para dar a conocer nuestra cocina. Incluso, los clientes argentinos no son tan rentables. Mientras que una mesa de coreanos come cinco platos en 40 minutos, una de argentinos comparte tres platos y se queda dos horas”, cuenta Víctor a La Nación.
 
Según datos oficiales, en Argentina hay unos 30.000 coreanos, de los cuales 15.000 viven en los alrededores de esta zona de Flores. En su mayoría, llegaron a partir de la década de 1960 de Corea del Sur, y hoy están arraigados en la Ciudad de Buenos Aires, con una, dos e incluso tres generaciones de hijos argentinos. Pero más allá del tiempo, esta colectividad mantiene sus costumbres, desde el idioma hasta la comida y la religión.

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