WERNER PERTOT

El subte que sube

La tarifa del subte aumentó 700 por ciento en cuatro años. La suba mantiene el costo del pasaje por encima del boleto de colectivo, con la intención de desalentar el crecimiento de pasajeros.

Werner Pertot

  Durante los primeros meses de este año, el Gobierno porteño le huyó como a la peste a una definición sobre el aumento de la tarifa del subte. La semana pasada, logró camuflar esa suba bajo el paraguas de las aumentos generalizados de tarifas de trenes y colectivos, gas y agua. De esta manera, el costo político sería para el presidente Mauricio Macri antes que para el jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta. Sólo hay un pequeño problema: en la Ciudad, los aumentos deben pasar primero por una audiencia pública, lo que hará que la suba de la tarifa del subte a 7,50 sea desfasada de las otras. Esto la volverá a convertir en noticia.

  En enero de 2012, hace cuatro años, el boleto de subte costaba 1,10.  Hoy parece un recuerdo lejano. Durante buena parte de 2012, el gobierno porteño de Macri y el nacional, que conducía Cristina Fernández de Kirchner, se vió involucrados en una disputa ridícula por el traspaso del subte. Firmaron un acuerdo, el jefe de Gobierno lo desconoció y aseguró que “devolvía el subte”. Pero, en ese enero de peleas de 2012, Macri tomó su primera medida: aumentó la tarifa, que saltó de 1,10 a 2,50 pesos. Un estudio del entonces legislador Rafael Gentili indicó que ese aumento le permitió al Grupo Roggio –al que pertenece Metrovías- llevarse unos 417 millones más en materia de recaudación.

  En marzo de 2013, el Gobierno porteño dispuso un segundo aumento a 3,50, que estuvo frenado hasta noviembre de ese año por un amparo presentado por el entonces legislador Alejandro Bodart, que argumentaba que la tarifa técnica sobre la que se aplicaba el aumento estaba inflada y la comparaba con otra calculada por la Auditoría General de la Ciudad. Hubo un tercer aumento en 2014, a 4,50 (con SUBE, con subtepass es de cinco pesos), que llevó a 309 por ciento el aumento con respecto a 2012. En agosto de ese mismo año, la empresa estatal de subtes (SBASE) se preparó para avanzar en nuevo aumento, que hubiera llevado el subte a seis pesos. Macri dio luz verde para avanzar con ese aumento en octubre de 2014, pero tuvo tal ola de rechazo que Marcos Peña lo convenció de que diera marcha atrás. En pleno clima de campaña presidencial, la tarifa estuvo congelada todo 2015.

 Pero luego vino la victoria electoral por partida triple (Nación, Ciudad, provincia de Buenos Aires) y ahora el subte subirá a 7,50 según anunció el ministro de Transporte nacional, Guillermo Dietrich.  Fue llamativo que el anuncio lo hiciera el funcionario nacional (unas horas más tarde, SBASE  emitió su propio comunicado), dado que el servicio depende de la Ciudad. Son señales de un acuerdo coordinado para que Larreta no cargue con el costo político de un aumento del 66,6 por ciento, que lleva la suba acumulada desde 2012 a 700 por ciento. Esa cifra supera los cálculos más osados de incremento inflacionario. La suba en la Ciudad, de todas formas, deberá primero sortear una audiencia pública y completar un procedimiento legal, que ya se aplicó otras veces sin que el macrismo traspirara.

  La decisión de aumentar la tarifa en forma desfasada a la nacional antes podía explicarse por las peleas entre dos gobiernos de signos opuestos. Pero ahora que el PRO gobierna en ambos lugares, es más difícil encontrar una razón para que no haya una tarifa plana. ¿Por qué motivo si el colectivo pasa a 6 /  6,25 / 6,50 en la Ciudad, el subte va a subir a 7,50? ¿No sería mejor una tarifa única, e incluso un boleto que permita combinar distintos transportes? ¿Cuál es la razón de ese desfasaje? Todo parece indicar que se busca mantener reducida la cantidad de pasajeros que utilizan el subte.

  Veamos si no cómo afectó el incremento de la tarifa a la cantidad de pasajeros que viajaban en subte. Según el programa Subte Data del Laboratorio de Políticas Públicas, cuando la tarifa era de 1,10, había 91 millones de viajes por cuatrimestre. En 2013, esa cifra cayó a 70 millones. Sí, se perdieron 23 millones de viajes: unas 9 millones de personas dejaron de usar el subte, lo que forzó a destinar más subsidios y luego a un nuevo ajuste tarifario. La brecha entre viajar en colectivo y en subte era del 123 por ciento. En los años sucesivos, cuando se achicó la brecha con la tarifa del colectivo por los aumentos que dispuso el Gobierno kirchnerista, esa cantidad comenzó a crecer de a poco: 73 millones en 2014 y 78 millones en 2015 (una cifra similar a lo que transportaba en el año 2000). Como se puede ver en el informe del economista Hernán González Badián, nunca se recuperó la cantidad de pasajeros previa.

  Hasta ahora, esta ha sido la vía a la que recurrió el macrismo para “mejorar” el servicio. De hecho, el énfasis del Gobierno porteño para los próximos años está puesto en aumentar las formaciones, no en expandir la red de subte. Entre 2003 y 2015, se inauguraron estaciones nuevas en casi todas las líneas –además de la incorporación de la línea H, pero las formaciones no crecieron en consecuencia. En 2015 eran 93, tres menos que en el año 2000. Por eso, la decisión de incorporar formaciones es acertada, aunque no tanto la política que ha tenido el macrismo para cumplir con los 10 kilómetros de subte prometidos por Macri en aquella ya olvidada campaña de 2007.

  Los bots del PRO en Twitter se la pasaron los últimos días justificando los aumentos con una comparación con el precio de otros subtes en distintas ciudades (mencionaban que salía 130 pesos el subte neoyorkino), sin tomar en cuenta la calidad del servicio y la extensión de la red. Fue curioso que nadie comparó con el Metro de México DF: está integrado al Metrobus -que allí es más que un carril exclusivo- y a los trenes, tiene 12 líneas que te llevan de un punto al otro de la Ciudad por sólo cinco pesos mexicanos (aproximadamente, cuatro pesos argentinos). La diferencia es que te lleva a cualquier parte de esa enorme ciudad por ese dinero.

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