WERNER PERTOT

El caputómetro

La empresa SES S.A., controlada por otra de Nicolás Caputo, recibió más de 300 millones en licitaciones del Gobierno porteño en las últimas semanas.

Werner Pertot
Luego del despidómetro, una cuenta en Twitter que va sumando los despidos semana a semana, quizás habría que inaugurar el caputómetro, la cuenta de los millones que cosechan las empresas de Nicky Caputo, el mejor amigo del presidente Mauricio Macri. Chistes aparte, la empresa SES S.A. viene recibiendo una importante cantidad de licitaciones en los últimos ocho años y la tendencia continúa ahora que Macri ya no es jefe de Gobierno. Si bien es cierto que Caputo no es un invento del macrismo –tiene empresas desde hace décadas-, sus ingresos crecieron exponencialmente durante el gobierno de su amigo, del que participó activamente. No parece haber una preocupación particular por disimular esos negocios en el PRO. De yapa, el Gobierno porteño aumentó los topes para las contrataciones directas y las licitaciones privadas, lo que suma discrecionalidad en el manejo de los fondos públicos.

Se sabe: Macri y Caputo son amigos desde la más tierna infancia. Es un hombre de su mayor confianza, al punto de que fue la persona a la que le encargaron entregar el rescate del secuestro de Macri a comienzos de los noventa. Caputo no eligió la vida pública (de hecho, tiene un bajísimo perfil), pero formó parte de la mesa chica de decisiones del PRO desde el comienzo. Cuando el actual presidente ganó su primer cargo ejecutivo como jefe de Gobierno, le pareció lo más natural del mundo nombrar a su amigo como asesor ad honorem. Después de todo, junto con José Torello –actual jefe de asesores de la presidencia- y el secretario de Legal y Técnica, Pablo Clusellas, formaban un grupo que lo asesoraba, lo apoyaba y lo contenía. Sin embargo, esa decisión desató el primer escándalo de la era Macri, dado que Caputo era contratista desde la época de Jorge Telerman y con ese nombramiento terminaba de los dos lados del mostrador. Macri dio marcha atrás, anuló la designación y todo siguió igual: Caputo no perdió ninguna de sus funciones en la mesa chica y los periodistas lo podíamos ver entrando a la jefatura de Gobierno como si fuera su casa.

El año pasado en plena campaña, cuando le preguntaron a Macri por Caputo, dijo que era “un hermano de la vida” y negó que hubiera ganado licitaciones en su gobierno. Contó que le pidió a Caputo que no se presentara a ninguna. ¿Mintió Macri? En rigor, no, porque lo que dijo específicamente fue: “Caputo S.A. no licitó ninguna obra en mi gestión”. Caputo S.A. es la constructora de la familia de Nicky Caputo. La que ganó licitaciones fue SES S.A., una empresa que es controlada por Caputo S.A., que tiene el 50 por ciento de sus acciones. El presidente de Caputo S.A. es el mismo que el de SES S.A.: Teodoro Argerich.

Macri sostuvo también que las obras que tenía su amigo eran del gobierno anterior. Durante la breve gestión de Telerman, SES S.A. ganó licitaciones por 120 millones de pesos. Durante los ocho años de Macri, esa cifra creció exponencialmente: 1400 millones de pesos. Hizo obras de mantenimiento de escuelas, pasos a nivel, limpieza de los corredores del Metrobus, refacciones en el Parque Lezama y el mantenimiento de diversos hospitales porteños. Como Macri incluyó en su declaración jurada que Caputo tiene una deuda con él de 18,5 millones de pesos, algunos opositores –como la dirigente de Nuevo Encuentro Gabriela Cerruti- hicieron presentaciones judiciales dado que consideraron que el presidente podría ser considerado socio de esas empresas y se trataría de negociaciones incompatibles con su función. Por el momento, ninguna de esas causas prosperó.

Como regalo de despedida, el último día como jefe de Gobierno Macri firmó la última adjudicación de una obra a su amigo: fueron 94 millones de pesos para la unión transitoria de empresas (UTE) entre MIG S.A. y SES S.A. El presupuesto oficial de esa licitación era de 77 millones, pero fue incrementado primero a 88 y luego a los 94 millones con los que ganaron. Todo esto, claro está, antes de las redeterminaciones de precios que siempre hay durante las obras. La adjudicación es para hacer refacciones en escuelas de las comunas 4 y 8. La licitación había sido iniciada en marzo del año pasado con un procedimiento de urgencia que les permitió saltearse algunas reglas, como la publicación por 20 días. Compitieron otras dos empresas: Mejores Hospitales y Planobra. Como el mundo es muy pequeño, Planobra es socia de la empresa de Caputo en otra de las licitaciones ganadas, la del Metrobus. Mejores Hospitales, en tanto, fue denunciada por la comunera Julieta Costa Díaz como parte de un grupo de cinco empresas que se quedaba con todas las contrataciones en las comunas.

Macri se fue del Gobierno porteño para asumir la presidencia y una de sus primeras licitaciones la ganó Caputo S.A. por 796 millones de pesos para la obra civil de un reactor nuclear en Río Negro. Desde el macrismo argumentaron que la licitación venía del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y no tuvieron nada que ver. En la Ciudad tampoco se apagó la buena estrella de Caputo: el martes de la semana pasada le preadjudicaron una licitación por 104 millones de pesos para refacciones de escuelas en la comuna 5. El jueves, recibió otra preadjudicación -también por 104 millones de pesos- para otras refacciones en escuelas de la comuna 1. El viernes hubo en el Boletín Oficial una nueva preadjudicación a SES S.A., esta vez por 93 millones de pesos, para hacer obras en otro grupo de escuelas de la comuna 1. Es decir que en una semana la empresa recibió 301 millones de pesos en licitaciones. Antes de estas nuevas licitaciones, Caputo ya concentraba casi un cuarto de todo el presupuesto para refacciones de obras escolares del año pasado.

Es importante hacer una salvedad: Caputo no recibe contrataciones directas, como pasó en el caso de Fernando Niembro, sino que gana licitaciones. Sin embargo, desde que llegó el macrismo a la Ciudad los topes de las licitaciones privadas (con menos requisitos que las públicas) y de las contrataciones directas crecieron hasta superar los de la Nación y de la provincia de Buenos Aires. La semana pasada, también se aumentaron esos topes: en las licitaciones privadas, pasó de tres a cinco millones de pesos y en las contrataciones directas, de dos a tres millones. Esto quiere decir que cualquier obra de menos de tres millones se puede hacer sin licitación. En estas decisiones, no parece haber un especial cuidado por mostrar transparencia en las compras públicas.

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