Música de ahora

Señorita Carolina: “Lo que quiero es agradecer”

Después de una década que la tuvo como referente y testigo del crecimiento de la nueva escena under de Buenos Aires, Señorita Carolina decidió celebrar esos diez años con un show lleno de amigos y colegas que también crecieron a su lado y con los que tocó y compartió innumerables escenarios. “Está bueno parar la pelota y reconocer esas cosas”, dice. El festejo será este sábado, en Club Cultural Matienzo.


Por Sebastián Scigliano

Después de una década que la tuvo como referente y testigo del crecimiento de la nueva escena under de Buenos Aires, Señorita Carolina decidió celebrar esos diez años con un show lleno de amigos y colegas que también crecieron a su lado y con los que tocó y compartió innumerables escenarios. “Está bueno parar la pelota y reconocer esas cosas”, dice. El festejo será este sábado, en Club Cultural Matienzo.

¿Qué celebrás?

Es un poco raro, lo sé, esto de festejar los diez años. Por eso decidimos ponerle una cosa alegre, casi ridícula, absurda, en las fotos de promoción, por ejemplo. Lo que quiero es agradecer. Me parece que está bueno juntar a la gente que laburó y que labura conmigo y agradecerle. Porque son muchos diez años para trabajar con alguien que es solista, más una solista, mujer, y pobre. Una cosa es una solista, femenina como, no sé, Valera Linch, ponele, una cantante melódica. Pero se complica cuando es una mujer que roza, aunque sea apenas, el rock. No tanto ahora, pero cuando arranqué, hace diez años, había más preconceptos y una resistencia un poco mayor.
Ahora, Eruca Sativa lleva el Gran Rex, pero en ese momento era distinta la cosa. Y cuando arranqué con la música, tocando el bajo, hace 20 años, más todavía. Y más si la mujer era una front woman. Bajistas mujeres había bastantes en esa época, la de White Zombis, la de Smashing Pumpkins, tenía onda ser bajista. Pero front woman era más raro. Un día vi de casualidad, en un festival, a No doubt. Había ido a ver a Bowie, en realidad, y cuando salió Gwen Stefani me partió la cabeza. ¿Cómo que eso se podía hacer? Y no era música que yo escuchara, pero igual. Era una mezcla de Madona con la bajista de Hole, qué se yo. Y hacía rock y se la re bancaba, y corría por todo el escenario y era re sexy. Esas influencias me quedaron y en el momento de salir a hacer canciones me animé por eso. Lo que festejo, en definitiva, es que estoy bien acompañada, que muchos se han quedado dando vueltas y es como un tomar conciencia de que hice un montón de cosas, saqué cuatro discos, hice un montón de amigos, toqué con todo el mundo, anduve por todos lados.  A veces, en la lucha, entrás en el lamento de que no pasa nada con lo que hacés y, cuando parás, te das cuenta de que pasan todas estas cosas. 

También es cierto que hay una escena, llamémosle under, en la que las formas de reconocimiento son distintas.

Sí, ese es el chip viejo, todo es muy distinto ahora. Cómo se escuchan los discos, cómo se consume la música, cómo se mueve la gente. Hay un montón de cosas que son visibles de un modo muy distinto a cuando yo empecé. Salir en la tapa de la Rolling Stone hace 10 años era una cosa y es bien otra.
Ahora sale Santiago del Moro, la Rolling Stone también se puso grande.

Sí, los chicos más chicos tienen una percepción mucho más clara que yo de eso. Durante mucho tiempo fue la lucha interna de saber que muchos medios ya no son lo que eran pero querer que te den bola igual. Y saber además que hay una movida enrome que no pasa por ahí y que está re buena también. Ese conflicto, aun sabiendo que no es lo importante eso, está. En la cultura en la que yo crecí, que es la del rock, eso pesaba. Y también está bueno que en esa otra escena te empiecen a reconocer, que entres a algunos bares y la gente te salude.  A veces eso no lo apreciás. Hay que parar la pelota y ver esas cosas también. Por eso a la hora de festejar lo que quería era reconocer eso y agradecerlo.

¿Qué cambiaste musicalmente en estos diez años?

Me relajé un poco más, se me fue aflojando el interés por el qué dirán. Me parece que tiene que ver con que yo tengo las cosas más claras, con que sé qué quiero yo. Por ejemplo, en la relación con mi productor, Ale Pugliese, que además es mi pareja, todo es más sencillo ahora, porque aprendí a contar mejor lo que quiero de mi música. Eso es un cambio. Cada vez entiendo más la producción y las cosas se hacen más fáciles y ya no me genera tanta presión grabar, lo pienso más o menos parecido con el vivo, que es el lugar en el que me siento más cómoda, porque para mí la canción está en su estado perfecto cuando suena en vivo.

¿Y en la forma de componer?

Para mi mente de batería- bajo – guitarra la entrada de sintetizadores, por ejemplo, fue toda una novedad. Pero le fui dando lugar, también porque escuchaba música que tenía eso y no tenía sentido no permitírmelo en mis canciones. Me fui aflojando con eso y ya desde el momento de componer me voy dando cuenta de que una canción va a necesitar esos recursos. En el último disco a una canción, Ven a mí, que cuando la compuse con la guitarra ya sabía que necesitaba otras cosas, que me sonaba con otros climas. Eso es un cambio.

¿Eso te pasa canción por canción, en cada un sabés para qué lado vas?

Más o menos. Cada canción es una unidad y tengo más claro ahora para dónde va y, en la medida en que voy teniendo un grupito de canciones, ya empiezo a pensar en un disco, ya se empieza a armar el concepto. Siempre eso me pasó de manera muy lineal, compongo canciones hasta que hago una en la que digo “ya está”, hasta acá es el disco. Justo en este momento no me está pasando eso, así que es posible que tarde un poco más en sacar un disco. Nunca me pasó tener que descartar canciones, por ejemplo, siempre fue un proceso mucho más orgánico. Sí es cierto que cuando compongo, la canción es el mundo. Y si estoy haciendo otra cosa y aparece la idea, tengo que agarrarla de alguna manera para que no se vaya, como cuando te despertás y querés seguir soñando lo que estabas soñando. Necesito tomar nota para poder recordar cómo era la sensación de esa canción. Y después lo que me pasa es que empiezo a tirar de una piola y la canción va saliendo y ahí me pongo a trabajar. Sí también hace un par de discos que empecé a reconocer que un grupo de canciones responden a un paisaje, que están hechas sobre ese paisaje, como en el último, que para mí lo hice cantando en un bosque. Y después está la interpretación, que es otra cosa, porque ya sea de tu repertorio o una canción de otro, para mí cuando una canción no está interpretada es como si fuera un papel en blanco, no me dice nada.

Formás parte de una suerte de cofradía de músicos que tiene entre sí una colaboración muy intensa. ¿En qué influye eso en tu música?

Eso interviene aunque no te des cuenta. Porque son músicos que yo voy a ver y con los que comparto cosas. Interpretar una canción de otro deja un rastro, aunque no lo veas.  Me influye musicalmente y en el concepto de un show, por ejemplo, cosas que veo y que me resultan estimulantes. Incluso cosas más de producción, de cómo manejarse con la prensa, por ejemplo. Muchos de esos músicos van a estar en el show y quiero que estén justamente por eso.

¿Cómo te preparás para el festejo y qué se viene después?

Espero pasarla bien, que todo salga bien y que nos dediquemos a tocar y ya. Para después, es posible que me saque el seudónimo, incluso la posibilidad de usar mi apellido materno, que es Garabato, que suena terrible y nunca lo usé. Pero es solo una cuestión de nombre, vamos a seguir tocando las mismas canciones. También voy a darme un tiempo para experimentar, para buscar nuevas formas de componer, a ver qué sale. Yo soy de sacar discos bastante seguido, pero me parece esta vez no va a ser así.
 


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