REPRESIÓN

Hasta el cuello

El jefe de Gobierno fracasó definitivamente en su estrategia de quedarse al margen de los grandes conflictos nacionales. El rol de la Policía de la Ciudad. Las ganas de que Carrió dé el sí.

Werner Pertot
Horacio Rodríguez Larreta está cada vez más enterrado en el barro de los problemas nacionales. Luego de un año de poder esquivar con éxito los misiles que caían sobre el gobierno de Mauricio Macri, debió meterse de lleno en el conflicto docente. Tras un año de evitar el costo político de desalojar piquetes, comenzó a utilizar a la Policía de la Ciudad para reprimir una y otra vez (la última vez, contra maestros con guardapolvos). Además de empezar a recibir parte del desgaste nacional, Larreta ahora tiene que enfrentar en su territorio una amenaza como hace tiempo el PRO no tenía: la candidatura de Martín Lousteau, que estuvo a punto de dejarlo sin el cargo en el ballotage de 2015. El jefe de Gobierno espera que semana santa inspire a Elisa Carrió para que decida ser la candidata que enfrente al ex embajador en Estados Unidos y, así, se constituya en su salvadora.

El primer año de gobierno de Macri, Larreta mostró su cintura de pugilista para esquivar los grandes escándalos nacionales. ¿Panamá Papers? Ni lo rozó. ¿Correo Argentino? A la Ciudad, ni llegó. ¿Tarifas? Los aumentos del ABL y peajes quedaron tapados por el gran conflicto con las subas brutales del gas, luz y agua que dispuso la gestión nacional. ¿Piquetes? Bueno, el jefe de Gobierno intentó también mantenerse apartado, pese a los constantes embates que recibió del diario Clarín y de la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, para que utilizara la Policía Federal que le habían traspasado a la Ciudad para desalojar y reprimir. Larreta tenía serias dudas sobre cómo podía afectar esto el futuro de su carrera política, especialmente si había un muerto.

Se están reinstalando las peores prácticas policiales y el riesgo de que tarde o temprano haya que lamentar más muertes no es menor.



Luego de que Macri lo presionara públicamente y de que se lanzar a la calle la Policía de la Ciudad, las dudas parecen haberse disipado: la nueva policía va consolidando un perfil claramente represivo. Hagamos un rápido repaso: primero arrancó con la represión a los manteros de Once, que luego concluyó con una negociación y la salida voluntaria (pegar y después negociar es una táctica que se repitió con los docentes). A esto le siguió el regreso de una de las peores costumbres de la Federal: las razzias. Esto ocurrió el 8M, al final del paro internacional de mujeres. Allí la Policía de la Ciudad, detuvo con brutalidad, obligó a desnudarse y humilló a un grupo de las manifestantes. Las autoridades civiles que deberían controlar a la policía salieron a respaldar el accionar que, según la Procuraduría contra la Violencia Institucional (PROCUVIN), estuvo cargado de lesbofobia.

A esto le siguió la represión a los habitantes de La Boca que protestaban por el tiroteo en el que participó la Bonaerense y que terminó con la vida de una de las vecinas de ese barrio. Allí salió el propio Larreta a justificar la represión y aseguró que sus policías no habían matado a la mujer porque estaban “sin balas”. De mantenerse ausente en los conflictos a poner la cara para justificar el accionar policial, se puede ver el recorrido del jefe de Gobierno y la victoria de la ministra de Seguridad en obligarlo a entrar en el barro.

Larreta está allí donde no quería estar: en la primera línea de fuego, cuando el Gobierno nacional avanza con proyectos que casi pretenden prohibir el derecho a protestar.



Pero esta semana el barro le llegó al cuello a Larreta. Mandó la Policía de la Ciudad a reprimir a docentes –en su mayoría mujeres, otra vez- que estaban armando una Escuela Itinerante. Pese a que el Gobierno enarbola encuestas con las que afirma que la sociedad los acompaña con el desalojo de piquetes, es probable que la imagen de la policía reprimiendo a los maestros y a la Carpa Blanca (en su versión actual) no le haya hecho mucho bien al jefe de Gobierno y su administración. Quizás por eso los funcionarios recularon en chancletas y permitieron instalar la Escuela en medio de argumentaciones burocráticas y una llamativa versión de los hechos, en la cual los docentes fueron a provocar a la policía. La inversión entre agresores y agredidos sólo ocurrió en el discurso oficial que, no obstante, no deja de ser preocupante. Como viene señalando el CELS, se están reinstalando las peores prácticas policiales y el riesgo de que tarde o temprano haya que lamentar más muertes no es menor, considerando la historia de las fuerzas de seguridad en la Argentina. No está claro si para Larreta esto es un riesgo calculado. Tampoco nadie pudo explicar cuál es la lógica de primero reprimir, recibir el costo político y finalmente permitir que se instale la carpa.

Lo que queda claro es que el jefe de Gobierno ya no podrá volver al lugar por fuera de la escena que tenía antes. Algunos funcionarios convencieron al Presidente de que lo use como escudo ante los embates que vendrán si la policía comente los delitos que le hemos visto cometer en el pasado. Y Larreta está allí donde no quería estar: en la primera línea de fuego, cuando el Gobierno nacional avanza con proyectos que casi pretenden prohibir el derecho a protestar. Esto ocurre justo cuando se acercan las elecciones y, para mal de males, Lousteau anunció que dejaba la embajada y se dispone a disputarle el territorio para arrebatarle la jefatura de Gobierno.

En estas circunstancias, Larreta está más que interesado en que Carrió defina ir a la Ciudad. Cuando se enteró del interés de la líder de la Coalición Cívica por la urbanización de las villas, el jefe de Gobierno la invitó a una recorrida por la villa 31 junto con el secretario de Integración Social y Urbana, Diego Fernández. Todavía Carrió no aceptó sacarse esa foto, pero sí tuvo una extensa reunión con el titular del IVC, Juan Maquieyra, para interiorizarse en las distintas obras.

Suena a la actividad que llevaría adelante alguien que piensa postularse en la Ciudad, aunque con Lilita nunca se sabe.

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