INMIGRACIÓN, TRABAJO Y PERSECUCIÓN POLICIAL

Dakar-Buenos Aires: Senegaleses en la Ciudad

Los inmigrantes denuncian el hostigamiento de la Policía Metropolitana, que va de la persecución en la calle a allanamientos en los hoteles. La muerte de uno de sus dirigentes Massar Ba sigue sin esclarecerse.

Dakar-Buenos Aires: Senegaleses en la Ciudad


Ndathie Sené nació en la región de Thièrs, en Senegal. Cuando promediaba su carrera universitaria, decidió migrar a la Argentina. Fue el único viaje que hizo en su vida. Los primeros seis meses trabajó como vendedor ambulante, como le enseñaron otros senegaleses que lo recibieron en Buenos Aires. Como había estudiado Letras, sabía español y pudo superar una de las principales dificultades que tienen al llegar, dado que hablan francés y wolok (lengua  usada en Senegal y en Gambia). Eso le permitió conseguir un empleo formal, algo a lo que pocos acceden. Hoy es el presidente de la Asociación de Residentes Senegaleses. Su historia es como la de miles de senegaleses que emigran a la Argentina (se calcula que hay unos 3500 en la actualidad) y que mayormente trabajan en la calle. Allí sufren el acoso de la policía que, según indican en la Defensoría general porteña, se incrementó en los últimos años hacia este grupo, incluso con allanamientos en los hoteles, de los que los sacaban desnudos al amanecer. La principal tragedia, no obstante, fue la muerte de uno de sus dirigentes que más denunciaba a la Policía Metropolitana, Massar Ba, en marzo de este año, en circunstancias sospechosas. A la Asociación senegalesa no se le permite ingresar a la causa, en la que no se detuvo a nadie.

Las escenas de hostigamiento de la Policía Metropolitana que se pudieron ver en los últimos meses son sólo la punta del Iceberg de una represión más cotidiana, según señalan desde los organismos estatales que asisten a los senegaleses, así como desde la academia. En su trabajo sobre los vendedores ambulantes senegaleses, la antropóloga María Victoria Pita analiza cómo se los intenta introducir en un sistema de coimas para poder dejarlos trabajar, lo que es resistido por varios de ellos. Eso, claro está, cuando no les roban directamente la mercadería, como denunció el dirigente afrodescendiente Carlos Álvarez Nazareno, de la Agrupación Xangó. “La policía o los inspectores le sacaban las mercadería y no les labraban ningún acta. Después los pibes iban a reclamar y les devolvían nada o el 10 por ciento”, destacó. La situación se agrava a partir de la iniciativa del Gobierno nacional y el porteño de crear un centro de detención para inmigrantes indocumentados, lo que desató las críticas de organismos de derechos humanos. 

 La situación se agrava a partir de la iniciativa del Gobierno nacional y el porteño de crear un centro de detención para inmigrantes indocumentados, lo que desató las críticas de organismos de derechos humanos.

 

El defensor general porteño, Horacio Corti, advirtió que, si bien hay una política generalizada del macrismo hacia los manteros, los senegaleses suelen ser particularmente perseguidos por las fuerzas de seguridad.  “Hay un plus de discriminación: primero, porque es una población negra. Y si bien en nuestra sociedad en lo discursivo no hay discriminación, en los hechos cuando están las instituciones que concretamente actúan respecto a ellos, efectivamente existe”, dijo.

Álvarez Nazareno remarcó que estas situaciones se trasladaron de la calle a los hoteles donde viven los inmigrantes  “Es sumamente indignante, porque iban a sus casas a buscar el contrabando. Entraban y ¿qué veían? Dos portafolios, cien lentes, cien pulseras, que es la mercadería que tenían para vender al otro día. Eso no es contrabando. Entraban a cualquier hora, en situaciones de violencia. Los insultaban. Los sacaban a las cuatro de la mañana desnudos como en la época de la dictadura”, indicó.

A raíz de una serie de allanamientos que llevó a cabo la Metropolitana, la Defensoría general firmó un convenio con la Asociación de Residentes Senegaleses en el que se buscó “evitar episodios de violencia institucional” como los que ocurrieron. En la actualidad, en la Defensoría reciben denuncias y, en muchos casos, se las deriva a la Procuraduría contra la Violencia Institucional (PROCUVIN). En la Defensoría, el coordinador del plan contra la violencia institucional es Christian Gruenberg, quien trabaja de cerca con estos casos. “Hay distintas prácticas policiales que le permiten pasar a la policía de una contravención a un delito: por ejemplo, resistencia a la autoridad. Es una práctica que permite detener a determinados grupos estigmatizados. Una forma de seguir con los edictos policiales es esta”, detalló. “Son africanos, son jóvenes y no hablan bien el idioma. La gran mayoría son musulmanes. Algunos utilizan túnicas similares a las de los países musulmanes. Todo esto los hace vulnerables al racismo institucional”, remarcó. “Estamos siguiendo casos en los que a un mismo senegalés le labraron tres actas en el mismo mes y le secuestraron la mercadería. Esa persona no puede subsistir. Además, tenemos denuncias de que les sacan la mercadería sin labrar ningún acta”, advirtió Gruenberg.

En el mismo sentido que la Defensoría, el legislador José Cruz Campagnoli presentó una Guía de Recursos para afrodescendientes escrita en español, en francés y en wolof que detalla los derechos que tienen ante las fuerzas de seguridad. El trabajo fue en conjunto con la Procuvin y el programa de acceso comunitario a la justicia (Atajo). “El recrudecimiento del maltrato policial aumentó desde fines del año pasado, según nos manifestaron desde las comunidades afro.  La guía es sólo un aporte en un contexto complicado que se resuelve a partir de políticas estructurales”, indicó Campagnoli.

Los senegaleses comenzaron a llegar en pequeños grupos a comienzos de los años noventa, aunque la principal llegada de inmigrantes fue en los últimos años.  La mayoría son varones y muy jóvenes (entre 20 y 40 años). Ya no llegan en barcos como los primeros migrantes. “Tenemos que romper un poco esa fantasía de que llegan como polizontes en los barcos. Eso era capaz más de los ochentas o noventas. Ahora los chicos vienen realmente en avión o llegan a Brasil o a Perú y vienen para Buenos Aires”, advirtió Álvarez Nazareno. La mayoría recurren a una cadena de solidaridad cuando llegan, como le ocurrió a Ndathie Sené, a quien todos conocen como “Moustafá”.  “No conocía a nadie acá, pero un contacto uno siempre trata de tener para una vez que llegues puedas ir a ver a alguien que te aloje aunque sea un día o dos.  Cuando llegué pude ver a la persona. Me ayudó los primeros días para orientarme en la ciudad, empezar a ver cómo manejarme”, destacó. Pese a que tenía estudios universitarios, su primer trabajo fue en la venta ambulante, imitando a sus compatriotas. Esto suele ocurrir en la mayoría de los casos. Abdulai, otro inmigrante africano que proviene de Gambia (al sur de Senegal), detalla que por lo general quienes reciben al recién llegado le prestan mercadería y algo de dinero para que pueda empezar. 

Cuando llega, prácticamente ninguno planea quedarse a vivir toda su vida en la Argentina. La mayoría envían dinero a sus familias en Senegal. Algunos, incluso, vuelven después de unos años. Otros, en cambio, traen a sus familias o forman una aquí y se quedan, pese a las dificultades que deben enfrentar.  “Uno trabaja y quiere crecer –dijo Abdulai, que hoy tiene un local de venta de celulares junto a una peluquería- Porque como al llegar no estás legal no podés abrir una cuenta de banco. El senegalés no sale a la noche. No los encontrás en las calles tomando alcohol. No sale a los boliches”. La religión musulmana forma parte central de la vida de los senegaleses. Abdulai puede contar con los dedos de una mano a los inmigrantes de su país que son católicos: “Son tres. Uno se fue a España. Los otros dos trabajan en un restorán”, indica. La religión les marca un ritmo cotidiano con cinco oraciones diarias, que no siempre pueden cumplir. También les indica lugares de reunión, como la mezquita de Avenida Garay y Jujuy. Para Abdulai, la religión está fuertemente imbricada con la lucha contra el colonialismo francés, que tuvo como uno de sus exponentes al líder religioso Amadou Bamba, que representó un serio problema para Francia hasta su muerte en 1927 (y después, también). 

Aunque son una comunidad que llegó recientemente, comparada con otros grupos migrantes, ya se pueden ver distintas expresiones culturales de Senegal, desde la música a la danza (ya hay dos escuelas de percusión en Buenos Aires) y la celebración de las fechas religiosas de Senegal. Hace algunas semanas celebraron en Boedo una festividad dedicada a las mujeres senegalesas. Entre platos típicos y globos con los colores de la bandera argentina y la senegalesa, hubo percusión y danza. Algo que ayudó a que se sintieran un poco más en casa.
 

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