El salario mínimo en Argentina perdió más de un tercio de su poder de compra durante la gestión de Milei

El poder adquisitivo del Salario Mínimo Vital y Móvil acumula una caída cercana al 38% desde noviembre de 2023, según distintos informes económicos. Mientras los gremios reclaman equiparar el piso salarial al valor de la canasta básica, el Gobierno definió por decreto una serie de aumentos graduales que, según analistas, quedan por debajo de la inflación proyectada.

El Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) de Argentina registró una pérdida de poder adquisitivo de entre el 35% y el 38% desde la asunción de Javier Milei como presidente, según un conjunto de informes elaborados por centros de estudios económicos y dependencias universitarias. El deterioro real del ingreso base de los trabajadores formales profundiza una tendencia que comenzó hace más de una década, pero que se ha acelerado en los últimos dos años con una política de actualización salarial que, en reiteradas ocasiones, quedó a cargo del Poder Ejecutivo por decreto ante la falta de acuerdo en el Consejo del Salario.



Los números de la caída

Un informe del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP) de la UBA y el CONICET detectó que, entre noviembre de 2023 y febrero de 2026, el poder de compra del salario mínimo se derrumbó casi un 38%. En idéntico sentido, otro relevamiento del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) señaló que el haber básico actual es el más bajo desde la salida de la crisis de la Convertibilidad. Si se toman los valores nominales, la variación parece significativa: el SMVM trepó de $146.000 en noviembre de 2023 a $328.400 en noviembre de 2025. Sin embargo, ese incremento nominal del 124,9% quedó muy lejos de una inflación acumulada del 250,7% en el mismo período, lo que explica el fuerte retroceso real.

La caída supera en intensidad a la registrada en gestiones anteriores y, según especialistas, ya ubica al salario real en niveles inferiores a los de la década de 1990. En su momento más alto de las últimas tres décadas, durante 2011, el poder de compra era un 64% superior al actual. Distintas estimaciones coinciden en que, de no haber mediado el deterioro progresivo desde 2011, el piso salarial debería rondar hoy los 800.000 pesos, más del doble del valor vigente.

El Consejo que no acuerda

Desde que Milei asumió la Presidencia, la dinámica de fijación del salario mínimo se transformó en una constante: el Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el Salario Mínimo, Vital y Móvil —integrado por representantes de sindicatos, cámaras empresarias y el Estado— se reúne, las partes exponen posiciones irreconciliables y, tras un cuarto intermedio sin avances, el Gobierno termina definiendo el monto por resolución. Así ocurrió también a fines de 2025, cuando la Secretaría de Trabajo convocó a una sesión plenaria después de que un fallo judicial intimara al Ejecutivo a poner en funcionamiento el organismo.

En aquella reunión, las tres centrales obreras reclamaron aumentos que llevaran el SMVM a valores cercanos a la Canasta Básica Total, que en ese entonces superaba el millón doscientos mil pesos. Las propuestas sindicales oscilaban entre los 553.000 y los 736.000 pesos para abril de 2026. Del otro lado, las cámaras empresariales ofrecieron una mejora paupérrima: apenas un 1,5% para el mes en curso y un esquema gradual que llevaría el haber a 349.000 pesos recién en abril del año siguiente, una suba total de 27.000 pesos en medio año, muy por debajo de cualquier proyección inflacionaria. Sin posibilidad de acercar posiciones, el Gobierno tomó la decisión y, mediante la Resolución 9/2025, fijó los nuevos montos por su cuenta.

La escalada prevista

La resolución oficial dispuso diez aumentos mensuales consecutivos. El piso salarial partió de 328.400 pesos en noviembre de 2025, trepó a 334.800 en diciembre y continuará con subas paulatinas hasta alcanzar los 376.600 pesos en agosto de 2026. Los valores posteriores ya se conocen: 346.800 pesos en febrero, 357.800 en abril, 363.000 en mayo, 367.800 en junio y 372.400 en julio de ese año.

Pese a la secuencia nominal de incrementos, los analistas advierten que la suba total prevista entre agosto de 2025 y agosto de 2026 es de apenas el 16,9%, un guarismo que queda rezagado frente a la inflación esperada para el período. De hecho, durante 2025 el SMVM acumuló una pérdida real estimada en el orden del 8,5%, ya que los ajustes nominales del 19,7% resultaron insuficientes para compensar una inflación anual del 30,8%.

Un piso que no alcanza

A diferencia de países donde el salario mínimo funciona como una herramienta efectiva para fijar un umbral de dignidad salarial, en Argentina el SMVM perdió su carácter "vital y móvil". La distancia con la Canasta Básica Total es abismal. Para una familia tipo, el costo de vida superaba en noviembre de 2025 el millón doscientos mil pesos, lo que significa que el salario base alcanza para cubrir menos del 30% de las necesidades básicas de un hogar estándar. Incluso la Canasta Básica Alimentaria, que marca el límite de la indigencia, se ubicaba por encima del medio millón de pesos, muy por arriba del piso salarial.

La situación adquiere ribetes históricos: el salario mínimo real actual es más bajo que el registrado antes del estallido de la Convertibilidad, hace más de dos décadas. El empleo formal tampoco ofrece señales de recuperación, con una pérdida de 109.000 puestos de trabajo entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, y 289.000 empleos menos en comparación con noviembre de 2023.

El contrapunto oficial

Durante la apertura de sesiones ordinarias de 2026, el presidente Milei afirmó que su gestión "triplicó el salario en dólares". La afirmación, aunque numéricamente posible si se toma el tipo de cambio financiero como referencia, fue calificada como engañosa por verificadores independientes. Especialistas advierten que comparar ingresos en moneda extranjera sin ajustar por inflación local no refleja la pérdida real del poder de compra. Medido en relación con la canasta básica, el poder adquisitivo del salario promedio mejoró solo un 17% desde la asunción de Milei, una mejora muy inferior al salto del 141% que se desprende de la medición exclusiva en dólares.

El futuro inmediato del salario mínimo no presenta expectativas de recuperación acelerada. Con un esquema de ajustes pautados hasta mediados de 2026 y una inflación que, aunque descendente, se mantiene en niveles elevados, los trabajadores de menores ingresos continuarán viendo cómo su poder de compra se erosiona mes a mes. La paradoja es que el instrumento diseñado por la Constitución para garantizar un ingreso mínimo digno se convirtió, en la práctica, en un ancla que el Gobierno utiliza para contener el gasto social y las discusiones paritarias en toda la economía.

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