- Política
- 10.06.2026
Mauricio Macri advierte que el equilibrio fiscal del Gobierno de Milei es “de mala calidad” y urge reformas más profundas
Durante su participación en la convención anual de la Cámara Argentina de la Construcción, el expresidente reconoció los avances en el ordenamiento de las cuentas públicas pero alertó sobre los límites de ese logro y la necesidad de fortalecer las bases para un crecimiento sostenible.
En un auditorio repleto de empresarios, constructores y funcionarios reunidos en La Rural de Buenos Aires, Mauricio Macri participó del panel de cierre de la Convención Anual de Camarco, bajo el lema “Construyendo puentes”. Junto al expresidente colombiano Iván Duque y el titular de la cámara, Gustavo Weiss, el líder del PRO repasó los desafíos estructurales del país y evaluó la gestión económica actual.
Macri celebró que el Gobierno nacional haya alcanzado un equilibrio fiscal en un tiempo récord, algo que describió como una reforma pendiente desde hace décadas y que parecía hasta hace poco imposible de concretar. Sin embargo, inmediatamente marcó sus limitaciones. Señaló que este balance es de “mala calidad” porque impide al Estado reinvertir en el mantenimiento y desarrollo de la infraestructura existente, lo que a su juicio lleva a una descapitalización progresiva del país.
El expresidente insistió en que la Argentina arrastra tres déficits crónicos que explican su estancamiento: debilidad institucional, falta de infraestructura y cierre económico. En materia institucional, enfatizó la importancia de contar con jueces independientes que garanticen el respeto a la Constitución y los derechos de propiedad, como base para generar confianza real. Respecto a la infraestructura, subrayó que sin conectividad física y virtual —trenes, hidrovías, puertos— no es posible el desarrollo, y defendió que los presupuestos públicos deben priorizar la inversión sobre el gasto corriente, ya que este último se pierde mientras la primera construye futuro.
En cuanto a la apertura comercial, Macri criticó la persistencia del cepo cambiario, que según él sigue afectando al mundo empresario, y las retenciones a las exportaciones, medidas que consideró ineficaces y ausentes en la mayoría de los países. Citó el ejemplo de Chile como el único en la región que ha alcanzado estándares de desarrollo gracias a su apuesta por la competencia abierta, y recordó el libro Why Nations Fail de Daron Acemoglu y James Robinson para ilustrar cómo el cierre económico de las últimas décadas destruyó la capacidad argentina de generar riqueza.
Además, expresó preocupación por el manejo futuro de los recursos que generarán proyectos como Vaca Muerta, la minería y el litio. Advirtió que las regalías millonarias que llegarán a las provincias deben destinarse correctamente y no terminar en gastos improductivos, recordando casos históricos donde recursos similares desaparecieron sin dejar mejoras duraderas.
Macri también se refirió a la necesidad de que la estabilidad económica no dependa de figuras personales o “caudillos”, sino de instituciones sólidas que aseguren continuidad más allá de los cambios de gobierno. Propuso avanzar hacia una “reforma de segundo orden”, aprovechando incluso oportunidades como la inteligencia artificial para una reingeniería profunda del Estado y la reducción del gasto rígido, lo que permitiría generar espacio para inversiones que impulsen el crecimiento y reduzcan la pobreza.
Al dirigirse al sector de la construcción, rechazó la asociación automática entre obra pública y corrupción. Recordó que durante su propia gestión, entre 2015 y 2019, se avanzó en rutas y autopistas con tiempos récord, costos competitivos y sin denuncias de irregularidades. Cerró su intervención convocando al sector privado a construir las capacidades que el país necesita, señalando que demoler lo que funcionaba mal es solo el punto de partida, no el destino.
Macri celebró que el Gobierno nacional haya alcanzado un equilibrio fiscal en un tiempo récord, algo que describió como una reforma pendiente desde hace décadas y que parecía hasta hace poco imposible de concretar. Sin embargo, inmediatamente marcó sus limitaciones. Señaló que este balance es de “mala calidad” porque impide al Estado reinvertir en el mantenimiento y desarrollo de la infraestructura existente, lo que a su juicio lleva a una descapitalización progresiva del país.
El expresidente insistió en que la Argentina arrastra tres déficits crónicos que explican su estancamiento: debilidad institucional, falta de infraestructura y cierre económico. En materia institucional, enfatizó la importancia de contar con jueces independientes que garanticen el respeto a la Constitución y los derechos de propiedad, como base para generar confianza real. Respecto a la infraestructura, subrayó que sin conectividad física y virtual —trenes, hidrovías, puertos— no es posible el desarrollo, y defendió que los presupuestos públicos deben priorizar la inversión sobre el gasto corriente, ya que este último se pierde mientras la primera construye futuro.
En cuanto a la apertura comercial, Macri criticó la persistencia del cepo cambiario, que según él sigue afectando al mundo empresario, y las retenciones a las exportaciones, medidas que consideró ineficaces y ausentes en la mayoría de los países. Citó el ejemplo de Chile como el único en la región que ha alcanzado estándares de desarrollo gracias a su apuesta por la competencia abierta, y recordó el libro Why Nations Fail de Daron Acemoglu y James Robinson para ilustrar cómo el cierre económico de las últimas décadas destruyó la capacidad argentina de generar riqueza.
Además, expresó preocupación por el manejo futuro de los recursos que generarán proyectos como Vaca Muerta, la minería y el litio. Advirtió que las regalías millonarias que llegarán a las provincias deben destinarse correctamente y no terminar en gastos improductivos, recordando casos históricos donde recursos similares desaparecieron sin dejar mejoras duraderas.
Macri también se refirió a la necesidad de que la estabilidad económica no dependa de figuras personales o “caudillos”, sino de instituciones sólidas que aseguren continuidad más allá de los cambios de gobierno. Propuso avanzar hacia una “reforma de segundo orden”, aprovechando incluso oportunidades como la inteligencia artificial para una reingeniería profunda del Estado y la reducción del gasto rígido, lo que permitiría generar espacio para inversiones que impulsen el crecimiento y reduzcan la pobreza.
Al dirigirse al sector de la construcción, rechazó la asociación automática entre obra pública y corrupción. Recordó que durante su propia gestión, entre 2015 y 2019, se avanzó en rutas y autopistas con tiempos récord, costos competitivos y sin denuncias de irregularidades. Cerró su intervención convocando al sector privado a construir las capacidades que el país necesita, señalando que demoler lo que funcionaba mal es solo el punto de partida, no el destino.
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