- Sociedad
- 07.06.2026
El récord silencioso de los suicidios en Argentina: una crisis que triplica a los homicidios
En 2025 se registraron 5.209 muertes por suicidio, la cifra más alta desde que se llevan estadísticas, lo que representa un incremento del 22,6% respecto al año anterior y supera ampliamente la cantidad de homicidios dolosos. Especialistas advierten sobre la falta de políticas efectivas de prevención y el impacto de los factores socioeconómicos.
Detrás de la alarma cotidiana por homicidios o accidentes de tránsito, una crisis mucho más silenciosa se profundiza en la Argentina sin que la agenda pública le preste la misma atención. Según el último informe del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), correspondiente a 2025, 5.209 personas se quitaron la vida en el país, una cifra que no solo representa la más alta de toda la serie histórica sino que evidencia un incremento del 22,6% respecto del año anterior. Para dimensionar la magnitud del fenómeno basta una comparación: durante el mismo período se contabilizaron 1.676 homicidios dolosos, apenas un tercio de los suicidios consumados. La tendencia se viene acentuando en la última década: en 2016, los suicidios (2.897) y los homicidios dolosos (2.628) mantenían una relación mucho más equilibrada, pero mientras los homicidios cayeron hasta su nivel más bajo desde que existen registros, los suicidios prácticamente se duplicaron.
El problema, sin embargo, no se distribuye de forma homogénea en el territorio. Entre Ríos encabezó el ranking provincial con una tasa de 20,8 suicidios cada 100.000 habitantes, seguida por San Luis (18,9), Salta (17,4), Santa Cruz (16) y Catamarca (14,2), todas muy por encima de la media nacional de 11,8. En términos absolutos, el salto más pronunciado se observó en la provincia de Buenos Aires, que pasó de 1.267 casos en 2024 a 1.977 en 2025, un incremento del 55,4%. También crecieron fuertemente los casos en la Ciudad de Buenos Aires (38,3%), Misiones (36,9%), Salta (34,6%) y Santa Cruz (33,4%), mientras que jurisdicciones como Formosa, La Rioja, Neuquén, La Pampa y Chubut lograron reducir sus cifras.
Para la psicoanalista Andrea Aghazarian, la brutal radiografía estadística obliga a una lectura que vaya más allá de los números. “El aumento de suicidios en Argentina en estos últimos años es un dato duro, indiscutible que nos demuestra que los proyectos políticos tienen todo que ver con el psiquismo humano”, sostuvo, y vinculó parte del escenario actual con los recortes en salud mental y el impacto de las condiciones materiales de vida. “Cuando las personas quedan fuera del mercado laboral o dentro pero precarizadas, impacta directamente en su presente. Deja el futuro como algo impensado, casi un imposible”, añadió en declaraciones a este medio.
El fenómeno no se limita a las muertes consumadas. Según el Boletín Epidemiológico Nacional, entre abril de 2023 y octubre de 2025 se notificaron 22.249 intentos de suicidio en el país. De ellos, 20.928 (95%) no tuvieron resultado mortal, mientras que 1.218 (5%) sí lo tuvieron. La proporción es de 17,2 intentos no fatales por cada uno con desenlace fatal. Aunque el 61% de los intentos corresponde a mujeres, los varones presentan un riesgo cinco veces mayor de que el intento termine en muerte: la letalidad alcanza el 10,8% en ellos frente al 2,1% en ellas.
Los datos también revelan que el sufrimiento comienza cada vez más temprano. La mayor cantidad de intentos se concentra entre los 15 y los 34 años, con tasas especialmente elevadas en el grupo de 15 a 19 años (124 intentos cada 100.000 habitantes) y en el de 20 a 24 años (114 cada 100.000). De hecho, el suicidio ya se consolidó como la segunda causa de muerte entre adolescentes de 10 a 19 años en Argentina, mientras que en la franja de 15 a 19 años las adolescentes mujeres duplican la tasa de los varones de su misma edad. El Ministerio Público Tutelar advirtió además que desde finales de 2022 aumentaron las internaciones por riesgo suicida en menores, y especialistas señalan que la expresión “suicidio” aparece con naturalidad en niños y adolescentes ante situaciones de enojo, frustración o angustia.
A nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud alertó que el suicidio se encuentra entre las principales causas de muerte entre adolescentes y jóvenes de América, y que responde a factores sociales, económicos y psicológicos que requieren abordajes sostenidos en el tiempo. Sin embargo, Argentina muestra una tendencia opuesta a la de países que lograron desacelerar la curva. “Naciones que históricamente tuvieron cifras altas, como los países nórdicos o Rusia, están logrando desacelerar la curva. En Argentina ocurre todo lo contrario”, advirtió el psiquiatra Emiliano Ávila, presidente de la Asociación de Psiquiatría de Santa Fe. La tasa nacional de 11,8 cada 100.000 habitantes supera el promedio mundial de 9,1.
En medio de la emergencia, algunas experiencias locales ofrecen indicios de que hay caminos posibles. En Charata, una ciudad chaqueña de unos 45.000 habitantes que registró siete suicidios en lo que va del año, vecinos e instituciones impulsaron la Red de Cuidado y Escucha Comunitaria, habilitaron una línea de WhatsApp de acompañamiento y comenzaron capacitaciones para instituciones de la comunidad. “Muchas veces hablamos del tema cuando ya es demasiado tarde. Nosotros quisimos empezar a trabajar antes”, señaló el impulsor de la iniciativa, un funcionario municipal.
A nivel nacional, Alberto Trímboli, referente de la Asociación Argentina de Salud Mental, advirtió que, pese a que el país cuenta con una Ley Nacional de Prevención del Suicidio (Nº 27.130), “no conocemos cuál es el presupuesto utilizado y cuáles son los recursos que está poniendo en práctica la Dirección Nacional de Salud Mental”. Mientras tanto, las estadísticas de los primeros meses de 2026 ya encienden nuevas alarmas: en el primer cuatrimestre se registraron 172 suicidios, un aumento del 56,4% respecto del mismo período del año anterior, y los intentos treparon a 3.848 casos. La crisis avanza y, por ahora, sigue siendo un récord que apenas se menciona.
El problema, sin embargo, no se distribuye de forma homogénea en el territorio. Entre Ríos encabezó el ranking provincial con una tasa de 20,8 suicidios cada 100.000 habitantes, seguida por San Luis (18,9), Salta (17,4), Santa Cruz (16) y Catamarca (14,2), todas muy por encima de la media nacional de 11,8. En términos absolutos, el salto más pronunciado se observó en la provincia de Buenos Aires, que pasó de 1.267 casos en 2024 a 1.977 en 2025, un incremento del 55,4%. También crecieron fuertemente los casos en la Ciudad de Buenos Aires (38,3%), Misiones (36,9%), Salta (34,6%) y Santa Cruz (33,4%), mientras que jurisdicciones como Formosa, La Rioja, Neuquén, La Pampa y Chubut lograron reducir sus cifras.
Para la psicoanalista Andrea Aghazarian, la brutal radiografía estadística obliga a una lectura que vaya más allá de los números. “El aumento de suicidios en Argentina en estos últimos años es un dato duro, indiscutible que nos demuestra que los proyectos políticos tienen todo que ver con el psiquismo humano”, sostuvo, y vinculó parte del escenario actual con los recortes en salud mental y el impacto de las condiciones materiales de vida. “Cuando las personas quedan fuera del mercado laboral o dentro pero precarizadas, impacta directamente en su presente. Deja el futuro como algo impensado, casi un imposible”, añadió en declaraciones a este medio.
El fenómeno no se limita a las muertes consumadas. Según el Boletín Epidemiológico Nacional, entre abril de 2023 y octubre de 2025 se notificaron 22.249 intentos de suicidio en el país. De ellos, 20.928 (95%) no tuvieron resultado mortal, mientras que 1.218 (5%) sí lo tuvieron. La proporción es de 17,2 intentos no fatales por cada uno con desenlace fatal. Aunque el 61% de los intentos corresponde a mujeres, los varones presentan un riesgo cinco veces mayor de que el intento termine en muerte: la letalidad alcanza el 10,8% en ellos frente al 2,1% en ellas.
Los datos también revelan que el sufrimiento comienza cada vez más temprano. La mayor cantidad de intentos se concentra entre los 15 y los 34 años, con tasas especialmente elevadas en el grupo de 15 a 19 años (124 intentos cada 100.000 habitantes) y en el de 20 a 24 años (114 cada 100.000). De hecho, el suicidio ya se consolidó como la segunda causa de muerte entre adolescentes de 10 a 19 años en Argentina, mientras que en la franja de 15 a 19 años las adolescentes mujeres duplican la tasa de los varones de su misma edad. El Ministerio Público Tutelar advirtió además que desde finales de 2022 aumentaron las internaciones por riesgo suicida en menores, y especialistas señalan que la expresión “suicidio” aparece con naturalidad en niños y adolescentes ante situaciones de enojo, frustración o angustia.
A nivel internacional, la Organización Mundial de la Salud alertó que el suicidio se encuentra entre las principales causas de muerte entre adolescentes y jóvenes de América, y que responde a factores sociales, económicos y psicológicos que requieren abordajes sostenidos en el tiempo. Sin embargo, Argentina muestra una tendencia opuesta a la de países que lograron desacelerar la curva. “Naciones que históricamente tuvieron cifras altas, como los países nórdicos o Rusia, están logrando desacelerar la curva. En Argentina ocurre todo lo contrario”, advirtió el psiquiatra Emiliano Ávila, presidente de la Asociación de Psiquiatría de Santa Fe. La tasa nacional de 11,8 cada 100.000 habitantes supera el promedio mundial de 9,1.
En medio de la emergencia, algunas experiencias locales ofrecen indicios de que hay caminos posibles. En Charata, una ciudad chaqueña de unos 45.000 habitantes que registró siete suicidios en lo que va del año, vecinos e instituciones impulsaron la Red de Cuidado y Escucha Comunitaria, habilitaron una línea de WhatsApp de acompañamiento y comenzaron capacitaciones para instituciones de la comunidad. “Muchas veces hablamos del tema cuando ya es demasiado tarde. Nosotros quisimos empezar a trabajar antes”, señaló el impulsor de la iniciativa, un funcionario municipal.
A nivel nacional, Alberto Trímboli, referente de la Asociación Argentina de Salud Mental, advirtió que, pese a que el país cuenta con una Ley Nacional de Prevención del Suicidio (Nº 27.130), “no conocemos cuál es el presupuesto utilizado y cuáles son los recursos que está poniendo en práctica la Dirección Nacional de Salud Mental”. Mientras tanto, las estadísticas de los primeros meses de 2026 ya encienden nuevas alarmas: en el primer cuatrimestre se registraron 172 suicidios, un aumento del 56,4% respecto del mismo período del año anterior, y los intentos treparon a 3.848 casos. La crisis avanza y, por ahora, sigue siendo un récord que apenas se menciona.
- SECCIÓN
- Sociedad


COMENTARIOS