- Sociedad
- 10.05.2026
Lo que nos dejó el abucheo del Movistar Arena
La pregunta central que nadie parece hacerse es qué tenía de educativo llevar obligados a estudiantes secundarios a un encuentro con emprendedores que venden su éxito
Los hechos ya fueron más que comentados, pero vale la pena el repaso para quien haya estado distraído. Hace unas semanas, hubo un evento en el Movistar Arena llamado “Experiencia Endeavor Sub20″ donde expusieron distintos chads del mundo emprendedor, crypto bros y otras faunas del estilo. Los escucharon 12 mil jóvenes de secundarias públicas y privadas de la Ciudad. ¿Fueron porque tenían interés en aprender sobre emprendedurismo y negocios? No, fueron obligados por el programa de extensión y pasantías que lanzó en quinto año de los secundarios el Gobierno porteño y que ya dio para varias polémicas.
”Entramos por DNI, registramos la participación para que cubra las horas del programa”, contaba uno de los jóvenes que, claramente, no tenía ningún interés en estar ahí. El program es el hoy conocido como “Vinculación con el Futuro”. Se trata de un programa educativo (o presuntamente educativo) de la Ciudad que les exige a los estudiantes horas anuales de prácticas profesionales (a veces en empresas que nada tienen que ver con su formación, otras veces quizás con algo más de sentido) y participación obligatoria en eventos privados como Endeavor, que distan de parecer una instancia educativa.
De hecho, los propios estudiantes se empezaron a dar cuenta del despropósito de estar ahí cuando subió un emprendedor que mostró la bandera de Estados Unidos, cantó las loas al gran país del norte y se puso a describir como aprendió inglés metiéndose en chats o videollamadas con desconocidos. ¿Este es el ejemplo a mostrar? ¿Qué en vez de estudiar hay que hacerse en llamadas con desconocidos? Dicho sea de paso, ¿le recomendaríamos esto último a nuestras hijas adolescentes? Y una pregunta que no me voy a cansar de repetir en la columna de hoy: ¿qué carajo tiene esto de educativo?
Ahí ocurrió otra cosa, que fue que los estudiantes sacaron sus celulares y empezaron a googlear los nombres de los expositores (los habían llevado con la promesa de que iba a estar la cantante de trap y actriz María Becerra, pero al resto ni los junaban). “Cuando se fueron sucediendo las charlas, nos empezamos a conectar entre los centros de estudiantes que estábamos ahí por WhatsApp, todos nos preguntábamos qué era esto, dónde estábamos, qué estábamos escuchando. Empezamos a mirar bien las redes de los oradores, y vimos que varios tenían fotos con Milei y ahí encontramos rápidamente que Ariel Sbdar tenía tuits a favor de la estafa de LIBRA. Ahí dijimos no, no puede ser. Entonces resolvimos que no podíamos escuchar así como si nada”, contaron luego.
Y efectivamente, cuando le llegó el turno de Ariel Sbdar, co-Fundador y CEO de Cocos, lo recibieron con abucheos y con el canto de “La Patria no se vende”. Para colmo, él tenía pensado un comienzo de presentación donde pensaba decirles que no había preparado nada pero que no había problema, porque con una IA generativa, podía armar una presentación en tres segundos. Nuevamente, me pregunto: ¿cuál es el mensaje que se le está transmitiendo a los estudiantes acá en relación a la tan remanida cultura del esfuerzo de la que hablan los dirigentes del PRO? Y de nuevo: ¿es esto una instancia educativa?
El orador intentó ponerse al nivel de los adolescentes y buscó que las escuelas privadas lo aplaudieran en una suerte de intento de generar una pelea privadas vs públicas que no le funcionó. Se terminó yendo. Pero esa es la anécdota. La verdadera pregunta es qué hacemos con este programa de extensión en las escuelas, porque si algo quedó claro es que eso fue cualquier cosa menos un curso de educación financiera.
Distinto sería que les dieran, por ejemplo, un curso de como manejar cuentas bancarias, herramientas de seguridad, alerta antes estafas, cómo manejarse con inversiones de las más habituales (plazos fijos, por ejemplo), cuáles son las condiciones reales de los préstamos que ofrecen las billeteras virtuales y cuáles son los riesgos de endeudarse (ahora que el endeudamiento está tan extendido entre las familias). Eso sería, sin duda, un aporte educativo, bien lejos de la cultura de la timba que campeó en el Movistar Arena.
Tengo, no obstante, que hacer una excepción. Cuando llegó finalmente el turno de María Becerra, se ganó un aplauso solo por decir cosas que son humanas: habló de la injusticia que le resulta ver trabajadores que se matan para llegar a fin de mes, y gente que no hace nada “tiene la vida solucionada”. Dijo que un jubilado no tendría que seguir trabajando. Bien por la Nena de Argentina.
Pero creo que sería interesante revisar el programa para quinto año del Gobierno de la Ciudad y acercarlo más a instancias educativas que a lo que se vio el otro día en el Movistar Arena, que –si no era por los abucheos- ni nos enterábamos.
”Entramos por DNI, registramos la participación para que cubra las horas del programa”, contaba uno de los jóvenes que, claramente, no tenía ningún interés en estar ahí. El program es el hoy conocido como “Vinculación con el Futuro”. Se trata de un programa educativo (o presuntamente educativo) de la Ciudad que les exige a los estudiantes horas anuales de prácticas profesionales (a veces en empresas que nada tienen que ver con su formación, otras veces quizás con algo más de sentido) y participación obligatoria en eventos privados como Endeavor, que distan de parecer una instancia educativa.
De hecho, los propios estudiantes se empezaron a dar cuenta del despropósito de estar ahí cuando subió un emprendedor que mostró la bandera de Estados Unidos, cantó las loas al gran país del norte y se puso a describir como aprendió inglés metiéndose en chats o videollamadas con desconocidos. ¿Este es el ejemplo a mostrar? ¿Qué en vez de estudiar hay que hacerse en llamadas con desconocidos? Dicho sea de paso, ¿le recomendaríamos esto último a nuestras hijas adolescentes? Y una pregunta que no me voy a cansar de repetir en la columna de hoy: ¿qué carajo tiene esto de educativo?
Ahí ocurrió otra cosa, que fue que los estudiantes sacaron sus celulares y empezaron a googlear los nombres de los expositores (los habían llevado con la promesa de que iba a estar la cantante de trap y actriz María Becerra, pero al resto ni los junaban). “Cuando se fueron sucediendo las charlas, nos empezamos a conectar entre los centros de estudiantes que estábamos ahí por WhatsApp, todos nos preguntábamos qué era esto, dónde estábamos, qué estábamos escuchando. Empezamos a mirar bien las redes de los oradores, y vimos que varios tenían fotos con Milei y ahí encontramos rápidamente que Ariel Sbdar tenía tuits a favor de la estafa de LIBRA. Ahí dijimos no, no puede ser. Entonces resolvimos que no podíamos escuchar así como si nada”, contaron luego.
Y efectivamente, cuando le llegó el turno de Ariel Sbdar, co-Fundador y CEO de Cocos, lo recibieron con abucheos y con el canto de “La Patria no se vende”. Para colmo, él tenía pensado un comienzo de presentación donde pensaba decirles que no había preparado nada pero que no había problema, porque con una IA generativa, podía armar una presentación en tres segundos. Nuevamente, me pregunto: ¿cuál es el mensaje que se le está transmitiendo a los estudiantes acá en relación a la tan remanida cultura del esfuerzo de la que hablan los dirigentes del PRO? Y de nuevo: ¿es esto una instancia educativa?
El orador intentó ponerse al nivel de los adolescentes y buscó que las escuelas privadas lo aplaudieran en una suerte de intento de generar una pelea privadas vs públicas que no le funcionó. Se terminó yendo. Pero esa es la anécdota. La verdadera pregunta es qué hacemos con este programa de extensión en las escuelas, porque si algo quedó claro es que eso fue cualquier cosa menos un curso de educación financiera.
Distinto sería que les dieran, por ejemplo, un curso de como manejar cuentas bancarias, herramientas de seguridad, alerta antes estafas, cómo manejarse con inversiones de las más habituales (plazos fijos, por ejemplo), cuáles son las condiciones reales de los préstamos que ofrecen las billeteras virtuales y cuáles son los riesgos de endeudarse (ahora que el endeudamiento está tan extendido entre las familias). Eso sería, sin duda, un aporte educativo, bien lejos de la cultura de la timba que campeó en el Movistar Arena.
Tengo, no obstante, que hacer una excepción. Cuando llegó finalmente el turno de María Becerra, se ganó un aplauso solo por decir cosas que son humanas: habló de la injusticia que le resulta ver trabajadores que se matan para llegar a fin de mes, y gente que no hace nada “tiene la vida solucionada”. Dijo que un jubilado no tendría que seguir trabajando. Bien por la Nena de Argentina.
Pero creo que sería interesante revisar el programa para quinto año del Gobierno de la Ciudad y acercarlo más a instancias educativas que a lo que se vio el otro día en el Movistar Arena, que –si no era por los abucheos- ni nos enterábamos.


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